Crítica: Golda

La cinta sobre Golda Meir, la primera y única primera ministra de Israel, sepulta en prótesis, maquillaje y humo de cigarrillo a la actriz Helen Mirren, impidiéndole respirar.

Guv Nattiv 

/ Helen Mirren, Rami Heuberger, Liev Schreiber, Camille Cottin

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Diamond

Golda Meir fue una destacada política israelí y la primera mujer en convertirse en la primera ministra de Israel. Su liderazgo fue fundamental en un momento crucial de la historia de este país. Nació en Ucrania en 1898 y emigró con su familia a los Estados Unidos en su juventud debido al antisemitismo, donde se involucró en movimientos sionistas. Posteriormente, se mudó a Palestina, que estaba bajo mandato británico en 1921.

Meir desempeñó un papel fundamental en la fundación del Estado de Israel en 1948, y ocupó varios cargos diplomáticos y políticos en las primeras décadas de la existencia del país. Fue elegida miembro de la Knéset (el parlamento israelí) en 1949 como miembro del partido Mapai y, a lo largo de su carrera política, ocupó varios cargos ministeriales, incluyendo los de ministra de Trabajo y Bienestar Social, ministra de Asuntos Exteriores y ministra de Finanzas.

En 1969, Meir se convirtió en la cuarta primera ministra de Israel y la primera mujer en ocupar este cargo en el país. Durante su mandato, enfrentó varios desafíos significativos, incluyendo la Guerra de Yom Kippur en 1973. En 1974, dimitió al cargo debido a la presión política y a la responsabilidad por los errores estratégicos en la preparación de Israel para el conflicto. Cuatro años después fallece, siendo reconocida como una de las figuras políticas más destacadas en la historia de Israel.

La cinta biográfica de Guy Nattiv (autor de la visceral Skin), no intenta abarcar toda la vida de Golda, como sí lo intentó la cinta hecha para televisión de 1982 A Woman Called Golda (con Ingrid Bergman como protagonista), sino que se centra en el conflicto de Yom Kippur y nos muestra a Helen Mirren, casi irreconocible y sepultada bajo un pesado maquillaje compuesto de prótesis (como sucedió con Gary Oldman cuando interpretó a Churchill en Las horas más oscuras) y con una nube de humo de cigarrillo que bien puede poner en alerta a todas las campañas que combaten el uso del tabaco en los medios.

El conflicto, que duró 19 días (6 días menos que la crisis de misiles en Bahía Cochinos, tan magistralmente retratada en la cinta Thirteen Days), consistió básicamente en que las fuerzas árabes, lideradas por Anwar El-Sadat, atacaron a Israel en su momento más sagrado del año. Fue una situación grave que puso a prueba a la dama de hierro de Israel, especialmente al enfrentarse al creciente número de bajas y a la crisis personal que enfrentó su ministro de defensa Moshé Dayan (Rami Heuberger). 

A diferencia de Thirteen Days, que recreó los eventos históricos con un alto nivel de tensión y claustrofobia, la cinta guionizada por Nicholas Martin (Florence Foster Jenkins), reduce la tensión al máximo y la reemplaza por una serie de repetitivas y soporíferas reuniones estratégicas entre Meir y sus principales asesores militares, como David “Dado” Elazar (Lior Ashkenazi) o el futuro primer ministro Ariel Sharón (Ohad Knoller). El director de fotografía Jasper Wolf (Monos), intercala tomas reales con mapas extendidos sobre mesas ubicadas en salas de conferencias, ceniceros llenos de colillas de cigarrillos, y rostros sudorosos e inseguros de hombres, a excepción del rostro firme e impenetrable de la estoica Meir.

Una de las escenas más significativas en la cinta de Nattiv, nos muestra a Meir recibiendo tratamientos médicos en secreto en la morgue de un hospital, debido a su linfoma. Cada vez que camina por el pasillo hacia su cita, hay más y más cuerpos apilados a lo largo de las paredes. 

Asimismo, como si se tratara de una buena escena de Oppenheimer, se logra capturar el espíritu de Meir en sus conversaciones con el secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger (interpretado estupendamente por Liev Schreiber sin necesidad de mucho maquillaje). Mirren y Schreiber tienen una gran química entre ellos y comparten un sentido del humor que falta en una cinta con sobredosis de solemnidad. Una escena en particular, que involucra un tazón de borscht, habla mucho más sobre quiénes son estas personas que la sobrecarga de información suministrada a lo largo de toda la película.

Meir es amable con todos sus subalternos y es especialmente dependiente y cariñosa con Lou Kaddar (Camille Cottin de Una cacería en Venecia), la leal ayudante que lava tiernamente el cabello de Meir en la bañera, sacando mechones como resultado de su tratamiento contra el cáncer. Otra escena colmada de humanidad y revelaciones, que tristemente escasean en la cinta de Nattiv.

Al final vemos un fragmento en blanco y negro de la verdadera Golda Meir en la televisión, sentada junto al líder egipcio Anwar El-Sadat en una conferencia de prensa, irradiando humor y carisma y usando su poder diplomático. Esa es la persona que Helen Mirren podría haber llevado a la vida si el maquillaje y su director lo hubieran permitido.

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