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Crítica: DogMan

Una extravagante cinta de acción y venganza sobre un hombre y sus perros.

Luc Besson 

/ Caleb Landry Jones, Jojo T. Gibbs, Christopher Denham

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Diamond

El francés Luc Besson se dio a conocer en el ámbito cinematográfico a comienzos de los años ochenta por dos ejercicios estilísticos que fueron El último combate (1983), una cinta post apocalíptica sin diálogos protagonizada por Jean Reno; y Subway (1985), una cinta enmarcada en el género de pandillas protagonizada por Christopher Lambert e Isabelle Adjani, que lo convirtieron en uno de los padres del Cinéma du look, movimiento no oficial llamado así por el crítico Raphael Bassan, para designar a autores que favorecen la forma sobre la sustancia y el estilo visual sobre el contenido narrativo (entre ellos, Jean-Jacques Beineix, Leos Carax y el norteamericano Michael Mann).

Las siguientes películas de Besson fueron las que definitivamente lo consagraron. Azul profundo (1988), La Femme Nikita (1990), León el profesional (1994) y El quinto elemento (1997) se ajustan a la perfección a los preceptos del Cinéma du look e incluyen los intereses recurrentes del director: Jóvenes marginales que encuentran apoyo en grupos clandestinos (o adultos solitarios), amores apasionados destinados a la tragedia, una visión cínica de las instituciones sociales (especialmente la policía) y un uso característico de la música (en donde se combina lo clásico con lo moderno).

Pero luego llegó la decadencia con trabajos decepcionantes que fallaron tanto en encontrar a su público (Angel-A, Las extraordinarias aventuras de Adéle Blanc-Sec, Amor, honor y libertad, Valerian) como en mantener la elegancia y sofisticación de sus anteriores trabajos (Juana de Arco, Arthur y los Minimoys, Una familia peligrosa, Lucy, Anna). Sin embargo, su trabajo como guionista y productor lo mantuvo vigente, reclutando a Louis Leterrier (Danny The Dog), Pierre Morel (Taken) y Olivier Megaton (Colombiana) para conformar un grupo de directores de “acción a la francesa”, siguiendo la línea trazada por La Femme Nikita y León el Profesional. 

Ahora, luego de varios escándalos sexuales y con una carrera en crisis, Besson regresa a sus raíces melodramáticas y estilísticas con DogMan, una historia de venganza contada en flashbacks. Todo comienza con un hombre vestido como Marilyn Monroe en estado de estupor, herido y sangrando, quien es detenido por la policía mientras conducía un camión lleno de perros. 

El hombre se llama Doug (un juego de palabras muy obvio con “dog”) y es interpretado por Caleb Landry Jones, un actor conocido por sus personajes excéntricos y singulares (El proyecto Florida, Tres anuncios por un crimen, Nitram). Evelyn (Jojo T. Gibbs) es una psicóloga forense encargada de entrevistar al supuesto enfermo mental y este le cuenta la historia de su vida hasta el punto en que es encontrado vestido de mujer y con una jauría en su vehículo. 

Cuando era niño, Doug (Lincoln Powell) fue torturado física y psicológicamente por un padre psicópata de ultraderecha (Clemens Schick) y un hermano mayor fanático religioso, tan cruel como su padre (Alexander Settineri). El padre solía entrenar perros para peleas ilegales, y al ver que su hijo protegía a los animales, decide encerrarlo con ellos por años, en una premisa algo similar a la de la estupenda Danny The Dog con Jet Li (aunque aquí basada en el caso real de un niño de 5 años enjaulado por sus padres). Es así como el niño genera una gran empatía por los animales, hasta el punto de que ellos terminan obedeciendo todas sus órdenes verbales, como si se tratara de un superhéroe similar a Animal Man, Vixen o B’Wana Beast de DC, con un control sobrenatural sobre los animales. 

Un acto de rebeldía lleva a que el padre le dispare con una escopeta a su propio hijo, dejándolo parapléjico y este es el detonante que conlleva a la venganza. Acto seguido, Doug utiliza a sus perros para ayudar a los desvalidos del abuso de pandillas,  le roba a los ricos para mantener a sus pobres amigos caninos (“redistribuir la riqueza”, según él, como si se tratara de Robin Hood) y trabaja como una cantante drag, imitando a Edith Piaf, Marlene Dietrich y, por supuesto, a Marilyn Monroe (Doug se crió leyendo revistas femeninas de moda que encontró apiladas en la perrera, probablemente de su madre, quien lo abandonó a merced de su brutal esposo e hijo mayor).

Todo esto pudo haber sido el caldo de cultivo para una extravagante cinta de acción magistral como lo fueron La Femme Nikita o León: El profesional, pero DogMan se queda en el melodrama psicológico y en intentar abarcar muchas premisas, sin llegar nunca a arrancar realmente. Sí, tenemos algunas escenas de acción, pero estas dejan mucho que desear. 

Al igual que Michael Mann lo hizo con Ferrari, Besson intenta hacer un regreso triunfal con esta cinta, pero ninguno de los dos directores llega a entregarle a su público un resultado del todo satisfactorio. Eso no quiere decir que sean unas malas películas, es solo que estábamos acostumbrados a dos miembros del Cinéma du look, quienes en el pasado nos habían dado muchísimo más.  

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