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Crítica: Días perfectos (Perfect Days)

El director de El cielo sobre Berlín convierte el acto mundano de lavar un baño en un momento sagrado.

Wim Wenders 

/ Koji Yakusho, Tokio Emoto

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de MUBI

Conocido como el buscador silencioso de verdades, el director alemán Wim Wenders siempre ha intentado revelar estados y momentos de la existencia. En su última obra argumental, que toma como título la famosa pieza musical de Lou Reed (un gran amigo y colaborador), Wenders, a sus 78 años, vuelve a preocuparse específicamente por la soledad y, a su vez, le rinde tributo a su mentor, el gran Yasujiro Ozu (Tokyo-Ga fue un maravilloso documental que el director realizó en honor al director).

El actor japonés Koji Yakusho (Shall We Dansu?) encarna a Hirayama (mismo nombre del protagonista de Una tarde de otoño, la última cinta filmada por Ozu), un hombre de edad madura quien limpia baños públicos en el distrito de Shibuya en Tokio. Hirayama es un hombre de pocas palabras y de actitud amable y humilde, que vive en un modesto apartamento y que se levanta todas las mañanas para conducir su camioneta y dirigirse a la ciudad, reproduciendo casetes en el equipo de su automóvil. Dentro de las cintas que pertenecen a su preciada colección encontramos a The Animals, Patti Smith, The Kinks, Van Morrison y, por supuesto, Lou Reed. Los seguidores del trabajo de Wenders sabemos muy bien que la mayoría de estos artistas han hecho parte de la banda sonora de una filmografía conformada por clásicos como El cielo sobre Berlín, El amigo americano o Tan lejos y tan cerca.  

Además de asear los baños públicos de una manera consagrada, meticulosa y esmerada, Hirayama disfruta del amanecer, de regar sus plantas, de contemplar los árboles, de una buena comida y bebida, de un buen baño y de tomar fotos con su cámara del siglo pasado. En otras palabras, este es un hombre que aprecia ese continuo presente que compone nuestras vidas. Para él, ahora es ahora.

Hirayama también es un hombre que disfruta y, al mismo tiempo llora, su soledad. No pertenece al mundo agitado de hoy con su internet, sus dispositivos digitales y la música reproducida en Spotify. Pero así parezca contradictorio (y no lo es), Hirayama está lejos de ser un viejo cascarrabias que se queja y lamenta. 

Este es un hombre al que le gusta departir con Takashi (Tokio Emoto), su compañero de turno mucho más joven y torpe que él; con la novia de este, con quien comparte su gusto por Patti Smith; y con una sobrina adolescente que se fugó de la casa para vivir unos días con su tío. Hay una gran belleza en esos momentos en los que Hirayama acoge a estos tres jóvenes que lo respetan y quieren (Hirayama le presta dinero a Takashi para que pueda invitar a su novia a salir, la novia le roba un beso en la mejilla mientras escuchan a Patti Smith en su furgoneta, y su sobrina le pide prestado un libro de cuentos de Patricia Highsmith, la autora de Un amigo americano, mientras vive unos días con él). Sí, estamos hablando de un hombre del siglo pasado, pero que vive su vida presente con plenitud y conectado con las nuevas generaciones.

Desde el prejuicio, muchos asumirán que un aseador de baños debe ser una persona triste, frustrada y amargada y más si se trata de una persona mayor. Pero Hirayama no es así. Hay una escena inicial muy conmovedora, en la que él se encuentra a un niño perdido clamando por su mamá. Cuando la madre lo encuentra tomado de la mano del aseador de baños, lo primero que hace es limpiar sus manos con pañitos húmedos. La mirada de dolor de Hirayama basta para que entendamos lo humillante de la situación.

El fotógrafo Franz Lustig (con quien Wenders trabajó en Llamando a las puertas del cielo) nos ayuda a ver el mundo con los ojos de Hirayama: La belleza de los parques, de los sofisticados baños públicos, del restaurante atendido por una amable mujer y del cuarto donde lee, duerme y sueña unos bellos sueños en blanco y negro y textura granulada (cortesía de Donata, la fotógrafa y esposa del director).    

¿Es Perfect Days una de esas películas donde no sucede nada? Sí. Pero su atención en lo mundano nos conmoverá profundamente. ¿Estamos hablando de una cinta que habla sobre la aceptación de una condición de vida que no es la mejor? Sí. Pero nuestro protagonista no es un hombre amargado y resentido, sino alguien que trata de hacer su trabajo de la mejor manera, disfrutando cada momento con la serenidad de un monje budista, así su trabajo consista en limpiar mierda. 

Los amantes acérrimos del cine de Wenders, que tendrán hoy más o menos la misma edad de Hirayama, recordarán la polémica suscitada por su cinta En el transcurso del tiempo, debido a una escena en la que su protagonista defeca en una playa y todo el acto es filmado para que el público sea testigo de ese momento. Aquí no vamos a ver heces o personas defecando, pero Perfect Days llega a ser una cinta mucho más íntima y naturalista que el trabajo de Wenders del 76. De toda la filmografía del director, esta película es, junto a El cielo sobre Berlín y París Texas, uno de sus trabajos más poéticos.  

En la hermosa y también poética cinta animada de Richard Linklater llamada Waking Life (2001), el director de cine Caveh Zahedi conversa con el poeta David Jewell acerca de la naturaleza del cine, tomando como referencia al crítico y ensayista André Bazin. 

Zehedi le dice a Jewell que para Bazin el cine se trata de una presentación de la realidad, un intento de mostrarnos cómo la realidad está realmente reproducida, como si se tratara de Dios registrando y observando la vida. Hollywood tomó el cine y trató de convertirlo en un medio para contar historias, pero para Bazin, eso sería algo ridículo, porque no lo es. 

El cine no debería basarse en el guion, sino en la persona. Zehedi cita a Truffaut, un discípulo de Bazin, así como Jim Jarmusch fue discípulo de Wenders, quien siempre dijo que las mejores películas no parten de los mejores guiones, ya que las mejores películas son las que no están atadas a un guion de manera servil. Y eso es lo que tiene el cine: permite plasmar en el tiempo unos momentos que pueden llegar a ser sagrados. 

En Perfect Days, Wenders logra capturar los momentos de la vida de su protagonista y los convierte precisamente en eso. Al final, estaremos viendo la vida de Hirayama a través de los ojos de Dios y de él mismo, y no podremos evitar llorar junto con él mientras escuchamos Feeling Good de Nina Simone.