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Crítica: Argylle: Agente secreto

¿Una comedia romántica de aventuras o una apuesta arriesgada en términos de estructura narrativa? ¡Hagan sus apuestas!

Matthew Vaughn 

/ Bryce Dallas Howard, Sam Rockwell, Henry Cavill, Samuel L. Jackson, Bryan Cranston, Dua Lipa, John Cena, Catherine O’Hara

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de UIP

El concepto de “sobre interpretación” formulado por el semiólogo Umberto Eco, se refiere a la tendencia de algunos lectores o intérpretes de encontrar significados y simbolismos más allá de lo que el autor originalmente pretendía en una obra. Eco advierte sobre la posibilidad de asignar interpretaciones excesivas o incluso incorrectas a un texto, imagen u obra artística, llevando a cabo una “sobre lectura” que va más allá de la intención del autor. 

En su obra, Eco discute cómo los lectores pueden proyectar sus propias experiencias, conocimientos y perspectivas en la interpretación de una obra, dando lugar a una multiplicidad de significados que pueden no ser coherentes con la intención original del autor. Esto no implica que la interpretación sea necesariamente errónea, pero Eco advierte sobre la importancia de reconocer los límites de la interpretación y ser consciente de la diferencia entre lo que está explícitamente presente en la obra y lo que es añadido por el lector.

Buscando la necesidad de equilibrio al interpretar y bajo el riesgo de llegar a conclusiones excesivas o alejadas de la intención original, se presenta la arriesgada tarea de analizar Argylle, la nueva película de Matthew Vaughn, un autor británico cuya filmografía la encontramos definitivamente enmarcada dentro del cine de entretenimiento, sin que por ello carezca de inteligencia, innovación y amor por la imagen en movimiento.

Su debut como director fue con Layer Cake (2004), una divertida y barroca cinta de crimen y estafa con múltiples capas protagonizada por Daniel Craig, el actor que encarnó a James Bond en las últimas cinco películas y quien asume el papel de XXXX (este no es un error de tipografía, por cierto). Luego, se haría evidente su distanciamiento con el cine de Guy Ritchie (él fue productor de la magnífica Lock, Stock & Two Smoking Barrels) y su estrecha conexión con el mundo del cómic, al asumir la adaptación de Stardust (2007) la obra de corte fantástico escrita por Neil Gaiman; dos sólidas entregas de los X-Men para Marvel (First Class es quizás una de las cintas de superhéroes más elegantes de todos los tiempos); la violenta y contundente Kick-Ass, una estupenda exploración sobre los superhéroes en el mundo real cortesía de Mark Millar; y, por supuesto, la trilogía de Kingsman (también creada por Millar), donde la elegancia del espionaje, la brutalidad de los héroes de acción y los sucesos históricos reales, colisionan maravillosamente.

Con Argylle, su último trabajo, todo parece indicar que Vaughn sucumbió al dinero fácil confeccionando un remedo (muy costoso, por cierto), de The Lost City, la simpática cinta en la que Sandra Bullock interpreta a una escritora de novelas que se ve envuelta en una serie de aventuras exóticas y, al mismo tiempo, en un curioso triángulo amoroso junto a un narciso modelo de portada (Channing Tatum) y un agente de la CIA igual de vanidoso (Brad Pitt). 

Aquí, la escritora de novelas es Elly Conway (una encantadora Bryce Dallas Howard), artífice de las aventuras del Argylle (Henry Cavill), un super espía muy similar a James Bond. Resulta que lo que escribe Elly es, al parecer, muy cercano a lo que sucede en el mundo “real” del espionaje y eso lleva a que se le ponga precio a su cabeza. Llega al rescate Aiden, un espía “real” encarnado por Sam Rockwell, que, aunque no es tan agraciado como Cavill, va a intentar cumplir su misión de protegerla de los villanos.   

Para una persona que va al cine de una manera esporádica, es ajeno al mundo de los cómics y el concepto de los multiversos le es indiferente, Argylle no será más que una cinta romántica de espías entretenida, pero inverosímil, demasiado extensa y algo estúpida. No obstante, para nosotros los geeks, curtidos en cientos de películas, cómics y multiversos (así como en el cine de Vaughn), la cinta se sentirá sospechosa e intrigante.

Una de las cosas más extrañas de Argylle está en la selección del elenco. Henry Cavill en estos momentos, es una de las principales opciones para reemplazar a Craig como el famoso super-espía creado por Ian Fleming. Sam Rockwell se lanzó al estrellato en una estupenda cinta de espías dirigida por George Clooney llamada Confessions Of A Dangerous Minds (con guion de Charlie Kaufman, el mismo de la obra maestra del meta cine Being John Malkovich). En ella, el actor encarnó a Chuck Barris, un presentador de televisión que en la vida real confesó ser un asesino a sueldo empleado por la CIA. 

Samuel L. Jackson, quien aquí actúa como el jefe de Aiden, encarnó a Mitch Hennessey en The Long Kiss Goodnight (1996) de Renny Harlin, en la que un ama de casa interpretada por Geena Davis descubre que tiene amnesia y que en el pasado fue una espía letal. Y Bryan Cranston, quien aquí actúa como el villano, es reconocido por ser el tierno y apacible papá en la serie Malcolm In The Middle y el letal profesor de química convertido en narcotraficante de Breaking Bad. Los personajes del pasado de todos estos actores cobrarán sentido a medida avanza la trama de Argylle, y más cuando nos enteramos de que esta cinta está basada en una primera novela que, curiosamente, todavía no se ha publicado y cuya autora es una misteriosa escritora llamada Ellie Conway (escrita con con “ie” en lugar de “y”), que muchos creen es en realidad Taylor Swift.

Estamos hablando de una cinta que como The Princess Bride (1987) de Rob Reiner y Nocturnal Animals (2016) de Tom Ford, trabaja en dos planos. Uno es el de la “realidad” de las novelas escritas por Elly, protagonizadas por Cavill, John Cena como su ayudante y la cantante Dua Lipa como la mujer fatal. El otro plano es el de la “realidad” por fuera de las novelas, en la que la escritora y su gato Alfie (encarnado por Chip, la mascota real de Claudia Shiffer, la exmodelo y esposa de Vaughn) terminan inmersos en el mundo del espionaje, con Dallas Howard, Rockwell, Cranston y Catherine O’Hara (la madre de Kevin en Home Alone) como protagonistas. Pero las situaciones son tan inverosímiles, los diálogos tan insulsos y el romance tan cursi, que el espectador que ha establecido un contrato de lectura previo con Vaughn sospechará que ese segundo plano constituye una “realidad” demasiado tonta como para ser verdad. 

¿Estamos ante una nueva forma asumir a los multiversos, en la que esta película forma parte de una tercera “realidad”, un tercer plano junto a la novela y la peligrosa vida de la novelista? Semejante hipótesis bien podría ser producto de la “sobre interpretación”, pero la secuencia final de la cinta y su intrigante escena post créditos nos hacen pensar en el tremendo riesgo asumido por Vaughn y el guionista Jason Fuchs, tan solo comparable a lo que M. Night Shyamalan hizo con Unbreakable (2000), una de las mejores películas de superhéroes de todos los tiempos, y años más tarde con la obra de terror hitchcockiano Split (2016). Los cinéfilos de avanzada entenderán, sin necesidad de recurrir a los molestos spoilers, que esta bien puede ser la “realidad” propuesta por Vaughn.

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