Cómo fue la noche consagratoria de Wos en el estadio de Argentinos Juniors

Con Nicki Nicole, Ricardo Mollo y Ca7riel como invitados, Wos deslumbró en La Paternal. También dio una cátedra de freestyle con Acru, Klan y Zone

Por  HUMPHREY INZILLO

octubre 29, 2022

Wos en el primero de sus dos shows en Argentinos. Una descarga de flow, energía rockera y adrenalina.

Gentileza Juli García

“Wosiiito,Wosiiito…”. El canto celebratorio es así. En diminutivo. Como su apodo. Y hay algo de ternura, y de inocencia en ese canto. Y hay algo de ternura, y de inocencia, en el modo en que Wosito celebra lo que está pasando acá, en el barrio de la Paternal, en la cancha de Argentinos Juniors. El estadio en el que debutó Diego Armando Maradona en octubre de 1976 es el estadio que Wosito está llenando, por primera vez, a fines de este octubre de 2022. Es una noche inolvidable, para Wosito y para todos los que estamos acá. Pero a Wosito, lo que que le queda de Wosito, es el apodo. Porque Wosito está cerrando, prematuramente, un año de crecimiento en espiral, con presentaciones consagratorias en el Cosquín Rock y en el Lollapalooza, pero también el festivales masivos de América latina y en Europa (¿lo vieron colaborando en vivo con Vetusta Morla en el estadio del Atlético de Madrid?), con un cruce  memorable con Gustavo Santaolalla en el Vive Latino, en México, donde el líder de Bajofondo lo llenó de elogios a él y a Elvlay, su productor, y con el Gardel de Oro que suma a su palmarés. Y a eso tenemos que sumarles las nominaciones a los Latin Grammy, que se entregan el mes que viene. Así que a Wosito digamoslé, ahora, Señor Wos

Las pantallas muestran un faro. Entre las luz y la oscuridad, emerge él. El Señor Wos. Apoyado en su banda, poderosa, y sobre una base de corte marcial, empieza a lanzar las rimas de “Buitres” (de Oscuro éxtasis, el disco que lanzó a fines de 2021), y escupe verdades como “ahora los postores buscan la obra maestra, para llevarse el fruto cuando la semilla es nuestra”, o “ya no me engaño, pensé que estaba solo, y ahora tengo gente hasta adentro del baño”. En las pantallas, el público tomado desde el aire por drones que sobrevuelan las miles de cabecitas y la constelación de pantallitas de celulares que registran las pantallas, con inserts de las cámaras de seguridad que están en las metrópolis en la era de la cibervigilancia. 

Que la segunda canción de la extensa lista sea “Luz delito” e incluya un guiño ricotero (a la melodía de “Luzbelito y las sirenas”) se condice con las remeras del Indio Solari y los Redondos que se ven, salpicadas, entre sus fans. También hay remeras de Sumo, de Divididos, de los Rolling Stones y de los Ramones, viendo un artista, multicampeón en batallas de freestyle, que en términos houllebequianos amplió desde hace rato su campo de batalla.

Wos, junto a Natasha Iurcovich y Evlay. Foto gentileza Juli García.

“¡Qué lindo es estar en casa, loco!”, saluda el Señor Wos. Y cuando dice “en casa” se refiere a Buenos Aires, pero también a unas calles que son las que pateó en su infancia y adolescencia. El millaje acumulado en este año es el que hace que este show tenga nivel internacional, y no sólo por el despliegue en las pantallas (vendrán también fuegos artificiales, una lluvia de papel metalizado, estructuras que intervienen el escenario), sino por la presencia escénica, la energía desbordante, su crecimiento interpretativo como frontman. En ese derrotero, que sintoniza con un sonido planetario, Wos no abandona los adoquines que lo vieron crecer, ni los escalones que lo trajeron hasta acá.

Serán 30 canciones más. 30 canciones sostenidas por una estructura sonora monumental. El tándem que conforman la bajista Natasha Iurcovich y el baterista Tomás Sainz es de las bases rítmicas más poderosas del rock argentino. Las teclas de Fran Azorai son clave en el diseño musical del show (y del derrotero de Wos). Y Facundo Yalve, Evlay, es mucho más que un guitarrista. Es productor, arquitecto y mago de una obra que sintentizada en estas dos horas y media de show, es como una visita guiada por géneros, ritmos, estilos, climas y, también, obsesiones e introspecciones de uno de los artistas más lúcidos de su generación. 

A pesar de su estatus de Señor Wos, el cantante no deja de compartir el flash que representa para Wosito que esas ideas que un día aparecieron en una hoja ahora estén siendo cantadas por él y por más de 20 mil voces que lo acompañan. “Que eso se convierta en música y se convierta en parte de todos ustedes”, dice después de cantar “Alma dinamita” y antes de cantar la maratónica “Lleno de zafiros”, esa canción que habla de emborrachar al karma, de exorcizar dolores y de emprender un viaje (hasta se permite un guiño a Miyazaki y al Estudio Ghibli, citando a El viaje de Chihiro). 

Wos y su público, casi una familia extendida, en Argentinos Juniors. Foto gentileza Juli García

Hay una descarga de power-funk en “Puaj”, una bola de espejos imaginarias sigue la línea con “Fresco” y la banda ampliada con una línea de brasses. Y aparece, luego, Nicki Nicole con su ángel para cantar “Cambiando la piel”, en una colaboración que es el emergente de un encuentro generacional. 

El señor Wos se lanza a hacer freestyle, un salto sin red frente a unas 30 mil personas, el señor Wos entrega una versión relajada con una sección de cuerdas de “Mirá mamá”, y el señor Wos invita a su hermano, Manuel Oliva, para cantar al borde del escenario como si estuvieran en el cuarto de su casa “Arrancármelo” y provocan juntos uno de los momentos cúlmine en emoción, porque en es la intimidad de la hermandad multiplicada en voces infinitas en una noche soñada.

Con el mismo afecto y generosidad, el señor Wos recibe en el escenario a sus compañeros de ruta y de mil batallas, Acru, Klan y Zone, y juntos lanzan rimas en plan de celebración colectiva. Hay agradecimiento y admiración mutua. Y hay una conciencia, de parte del señor Wos, de que si él esta en ese escenario, no es sólo por su talento y por su esfuerzo, es por una gesta colectiva, por una cultura que se hizo carne en miles. Y hay en sus invitados, en sus rimas y en sus abrazos, admiración y agradecimiento. 

Y el señor Wos también protagoniza un impactante duelo de beatbox y batería con Tomás Sainz, y se calza la guitarra para punkearla en “40”, y se pone un traje y un peluquín para hacer un paso de comedia, con whisky y cara desencajada, antes de cantar su hit “Canguro”, que provoca al final un canto colectivo (un hit que parecía olvidado), contra el expresidente Mauricio Macri.   

Ricardo Mollo se sumó al show, en una noche que Wos jamás olvidará. Foto gentileza Juli García.

A esta altura de la noche, está claro que será una noche inolvidable para el señor Wos y todos los que estamos ahí. Pero todavía falta. Faltan las imponentes voces del coro góspel AfroSound en “Mugre” y falta que Ricardo Mollo irrumpa en el escenario para sumar su voz y su guitarra en “Culpa”, un ejercicio de regionalismo crítico que puede entenderse como una continuación estética de canciones como “Huelga de amores” (que Divididos publicó en La era de la boludez, hace casi tres décadas). Hay en esa ovación, y en ese abrazo, y en esa sonrisa de Mollo, mucho mas que un cruce generacional. Es un gesto de complicidad, que encierra mucho más que un feat. como alianza estratégica. 

El señor Wos se toma un tiempo para agradecer a todo su equipo. No sólo a los músicos que lo acompañan en el escenario, a los técnicos, a los responsables de la puesta en escena, de las cámaras, del sonido, al equipo de Doguito Récords, su productora, a todas y todos los que trabajan en el estadio. 

La avalancha de hits incluye “Terraza”, “Melón vino” y para los bises, Ca7triel se suma en  “Niño gordo flaco”, y es una explosión. Y el cierre es con “Púrpura”. Y la noche de La Paternal, en una descarga de emoción y adrenalina, se vuelve un color musical como el refugio contra todos los males de una época. El Señor Wos está emocionado y agradecido. Andá a saber si Wosito podrá pegar un ojo esta noche. Contando ovejas, repasará las imágenes de una velada inolvidable y repondrá fuerzas. En la noche del sábado la cita se repite. Y Wosito, y el señor Wos, tienen que estar a la altura.