abril 20, 2022

Colombia, entre la perpetuación de la muerte y un verdadero proyecto de nación

Cuatro elementos fundamentales en las próximas elecciones

Por  DIEGO ORTIZ

El Espectador

Colombia entra en la recta final de las próximas elecciones presidenciales y, a tan solo dos meses, el estado actual del país es desolador. Luego de cuatro años de un gobierno que mezquina y vorazmente se esforzó por destruir la puesta en marcha del Proceso de Paz, los colombianos afrontan la disyuntiva del voto más polarizado que nunca, gracias –en buena parte- a un centro político desbaratado que encontró en la división su único combustible para mantenerse a flote, y al poder de los medios de comunicación que, sin vergüenza, ofrecen una parrilla de contenido que en realidad es propaganda política.

Son evidentes las razones por las que la extrema derecha se ensaña en mantener durante décadas un sistema feudal y anacrónico en el que la guerra y el extractivismo -motores de sus ideologías y bases financiera de su sistema económico- se apropiaron de recursos que podrían haberse usado en reformas urgentes para la salud o la educación. En lugar de eso, mantuvieron y perpetuaron la atrocidad en el país, fortaleciendo, de paso, a las fuerzas militares que han servido zalameramente como brazo armado de sus intereses políticos. 

El país, que difícilmente ha mostrado indicadores positivos los últimos cuatro años con un desempleo del 13%, continua a la deriva en varios frentes. La violencia, agudizada en el último gobierno, es lo único que crece en cifras alarmantes; tras más de 200 masacres en los dos últimos años, el narcotráfico, ahora camuflado entre la sociedad, continúa imperante como el mayor negocio ilegal en Colombia. Protegidos y apadrinados por los políticos corruptos, instituciones y autoridades -que también hacen parte de una red delictiva- encontraron en el actual gobierno el ecosistema ideal para seguir sembrando muerte y desolación.

La extrema derecha, que ha tenido más oportunidades para gobernar que cualquier otro bando político en el país, se encargó de mostrar que su sistema político y económico es un fracaso rotundo, interesada única y exclusivamente en enriquecerse, y negándose a entregar el poder democráticamente.

Si bien el anterior gobierno, durante ocho años, se esforzó en la concepción y la materialización de La Paz, está claro también que su impacto en la sociedad fue más mediático y simbólico que una realidad. Toda la maquinaria neoliberal y los cabilderos de los grupos económicos impidieron el surgimiento de una justicia social para la verdadera construcción de una nación, un punto de partida indispensable en una democracia fracturada, quebrantada por el dolor de la guerra durante más de 50 años.

Los mismos medios de comunicación que apoyaron constantemente a Juan Manuel Santos se caracterizan por un ejercicio periodístico selectivo que, históricamente, ha cuidado los intereses de los conglomerados y sin embargo, son los mismos que siempre tienen que agitar sus banderas de independencia.

El neoliberalismo impuesto por los grandes capitales, que tienen a la clase política en su bolsillo, intenta convencer con el argumento de que para generar empleo y desarrollo es necesario conceder dádivas y beneficios tributarios a los grupos económicos. Esto no produce nada distinto a una mayor concentración de la riqueza, más hambre generalizada y, tristemente, más desempleo. La ausencia de un proyecto de país a largo plazo ha dejado a Colombia a la merced de miles de políticos corruptos que, protegidos por el Estado, se han enriquecido creando sus propios clanes; estos no son más que familias enquistadas en el poder para apoderarse de los recursos públicos y manejarlos a su antojo. Confunden el capitalismo con el enriquecimiento a costas del erario y, mientras tanto, continúan alimentando el fantasma del “castrochavismo” para confundir a la gente.

Mientras el crecimiento de la economía en Colombia continúe priorizando las exportaciones de los recursos naturales mediante la extracción de petróleo y carbón, además creando el ambiente ideal para la exportación ilegal de cocaína, y sin la implementación de políticas públicas en torno a la educación, el medio ambiente, las energías renovables o el desarrollo de servicios profesionales a la vanguardia internacional, se seguirán fomentando escenarios que, de alguna u otra manera, generan círculos de violencia que perpetúan la barbarie. 

De cara a las elecciones entrantes hay cuatro elementos que pueden ser determinantes en los próximos dos meses:

1. La responsabilidad de los intelectuales

En la búsqueda de la reparación y un posible cambio de rumbo para Colombia, la responsabilidad de los intelectuales tiene una gran relevancia. Históricamente, muchos de los intelectuales han preferido camuflarse entre las banderas del centro neoliberal y en la tecnocracia con el argumento de la búsqueda de la independencia. 

En un momento vital para el país, la visión de estos líderes del conocimiento, privilegiados con el acceso a la educación, con los argumentos y las herramientas para ilustrar la realidad de una manera objetiva, deberían asumir, en parte, la responsabilidad que tienen los medios de comunicación: informar con veracidad y develar la manipulación de la información. En estas circunstancias las opiniones de aquellos que no estén sesgados por su filiación política son indispensables para el entendimiento crítico de los planes de gobierno y los debates presidenciales. 

En pleno 2022 no hay espacio para teorías anacrónicas en torno al comunismo, y deberían ser los intelectuales quienes se preocupen y exijan el desarrollo de políticas de Estado que garanticen el acceso a la educación, para que la gente tenga las herramientas necesarias para dejar de creer en las fantasías que venden los medios atornillados al poder.

2. El voto feminista

Es imperativo que el próximo presidente o presidenta garanticen una plataforma de gobierno paritaria que atienda las necesidades y problemáticas urgentes que amenazan a las mujeres y a las diversidades sexuales de  género. Desde los ataques al derecho del aborto, hasta el alto margen de feminicidios son problemas que requieren de políticas adecuadas a las necesidades de esta población, lideradas ojalá por mujeres. Por otra parte, cabe resaltar que el liderazgo, la preparación y la elocuencia política son características sobresalientes en las mujeres que hacen parte de la política actual, como el caso de Francia Márquez, quien con gallardía se han parado de frente contra al abuso y vulneración de sus derechos, con liderazgo en sus comunidades y movimientos. Aunque algunas lideresas políticas han querido abanderarse y controlar el destino del voto de los movimientos feministas y de las mujeres alineadas con sus luchas, este es diverso, crítico y autónomo; será uno de los factores determinantes para que los feminismos se conviertan en un eje fundamental para la democracia y una política clave de Estado. 

3. Reconocimiento del racismo y la creación de políticas para combatirlo.

En los candidatos presidenciales es importante analizar a fondo su posición frente al racismo enquistado en la sociedad colombiana. Siendo una costumbre engendrada desde la Colonia, continúa siendo uno de los mayores factores de segregación social en un país donde al menos el 20% de su población es afro y un 4% es indígena; una cuarta parte del país que continúa siendo excluida con políticas sistemáticas que la invisibilizan, una parte muy significativa del índice vergonzoso de asesinatos de lideres. ¿Es un objetivo dentro su posible gobierno la atención inmediata a las necesidades de las comunidades afrodecendientes e indígenas? ¿Cuáles son las políticas y herramientas para combatir el racismo?. 

4. El poder de las nuevas generaciones

En ese discurso trasnochado que promueven quienes hacen parte del poder económico, y que promulga una lucha constante contra “el castrochavismo”, disfrazando su permanencia en el poder con teorías de miedo, abuso policial y estigmatización hacia los jóvenes que han protestado por sus derechos, es evidente la manipulación de la opinión publica mediante el control de los medios.

El sistema neoliberal, que ha concentrado la riqueza como nunca antes y que dejó sin herramientas a los jóvenes para tener una vida digna, dio como resultado el estallido social más grande en la historia de Colombia.

Gracias en parte a la masificación del internet, las nuevas generaciones no creen en los temores infundidos por los que poseen el poder. Sin acceso a educación de calidad y solo con coraje, siendo el sector de la sociedad que ha tenido que vivir la parte más oscura de una realidad corrupta y violenta, han enfocado sus esfuerzos en organizarse dentro de sus comunidades, capacitarse y llenarse de herramientas para salir adelante, aún con todo en contra. 

Para esta generación el asunto no se trata de un tema de izquierdas y derechas, ni de ideologías insulsas; es un tema de vida o muerte, y serán quienes construyan los cimientos de un proyecto de país que garantice los elementos básicos de una sociedad democrática. 

A estas alturas, confiar en los políticos colombianos será una apuesta muy difícil.  Por lo general todos tienen personalidades egocéntricas con intereses personales muy específicos; así que quien priorice las necesidades de un país en ruinas, y no las ambiciones de las élites, logrará, ojalá, llegar al poder elegido por las juventudes, quienes también sentarán los cimientos para un proyecto de nación a largo plazo en un país que jamás les ha dado lo necesario para salir adelante.

Las cartas están jugadas. Sin embargo el panorama es muy incierto; mientras que los antiguos aliados de Ingrid Betancourt prefieren disimular su ineptitud acusándola de su propio fracaso -como si tuviera el poder de derrumbar una estructura que nunca existió- ella continúa en una campaña confusa, sin objetivos claros, pero dispuesta a todo.

Federico Gutiérrez, con la mayoría de los medios de comunicación y los grandes grupos económicos de su lado, continúa una campaña que se basa en el descrédito de sus contrincantes. Sin un programa renovador, y con un discurso afilado contra Gustavo Petro como único combustible, continuará seduciendo en un electorado que poco cuestiona, y que le apoyará, esencialmente, por herencia política e ideologías de derecha. 

Sergio Fajardo, ni aún con el respaldo poco disimulado de muchos líderes de opinión que -camuflados en la independencia- ejercen opinión política y enfilan su lápiz contra el progresismo, ha logrado repuntar en las encuestas.  Está claro que probablemente termine alineándose a la extrema derecha para mantener las cosas como están, el escenario esperado por los empresarios que lo respaldan.

Por último, está Gustavo Petro: aunque ha dado algunos pasos en falso en su campaña por carecer de habilidades comunicativas, con medios de comunicación, líderes de opinión, celebridades y el empresariado en contra, se ha fortalecido muchísimo con la llegada de Francia Márquez. Petro parece ser el único interesado en combatir la barbarie, las mafias, el extractivismo, y la corrupción enquistada por mas de 100 de años en un país sin memoria, que se ahoga con su propia sangre.

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