Celia Cruz se entregó por completo a cada interpretación que realizó

La Reina de la Salsa comprendía de manera instintiva la verdad emocional detrás de cada una de sus canciones, sin importar el género

abril 17, 2026

Gie Knaeps/Getty Images

La inclusión de Celia Cruz, la indiscutible Reina de la Salsa, en la generación 2026 del Rock & Roll Hall of Fame, puede haber sorprendido a algunos. La legendaria cantante cubana, fallecida en 2003 a los 77 años, será reconocida con el Early Influence Award, convirtiéndose en la primera artista del recinto cuya obra es predominantemente en español.

Su influencia se percibe ampliamente, especialmente en estrellas latinas más jóvenes como la colombiana Karol G y la puertorriqueña Ivy Queen. En 2019, la cantante beninesa Angélique Kidjo lanzó Celia, un proyecto ganador del Grammy que reimaginó sus éxitos en clave de afrobeat.

Dentro del mainstream estadounidense, Celia Cruz es recordada sobre todo por una serie de arquetipos que reflejan la idea de la cultura latina como una bacanal interminable: sus coloridas pelucas, la muletilla (“¡Azúcar!”) que repetía una y otra vez durante sus presentaciones en vivo, y el ritmo contagioso, de “todo el mundo a bailar”, de éxitos de su etapa tardía como “La Vida Es un Carnaval”.

Si se va más allá de los clichés, su discografía revela una historia distinta: desde sus primeras grabaciones con la agrupación cubana La Sonora Matancera hasta los electrizantes álbumes que realizó para el sello Fania Records, fue una perfeccionista disciplinada. Dueña de una voz de potencia excepcional y gran fineza técnica, Celia Cruz poseía una comprensión instintiva de las verdades emocionales que subyacen en géneros latinos tan venerables como el bolero, la guaracha, la bossa nova y, de manera muy especial, las expresiones afro auténticas del espectro tropical.

Aunque a menudo confiaba en sus productores de primer nivel para la elección del repertorio, Cruz tenía la rara capacidad de entregarse por completo a cada canción que grababa, como una actriz de formación clásica. Conocida por su carácter directo fuera del escenario, también podía sonar trágica y desolada; resulta difícil permanecer impasible ante el bolero de 1966 “Me Acuerdo de Ti”, un lamento ardiente sobre La Habana que se vio obligada a dejar atrás.

Fue en esa ciudad donde Celia Cruz estudió para convertirse en maestra, pero tras ganar concursos radiales para aficionados y debutar como intérprete en vivo, se unió a La Sonora Matancera en 1950 y más tarde contrajo matrimonio con su segundo trompetista, Pedro Knight.

ERNESTO LECHNER

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