Carrie: Medio siglo de furia adolescente

La primera novela de Stephen King convirtió el miedo a crecer, la crueldad escolar y la violencia doméstica en una tragedia que la cultura nunca ha dejado de reescribir

octubre 21, 2026

Cortesía de Prime Video

Cuando Carrie llegó a las librerías en 1974, Stephen King tenía 26 años, trabajaba como profesor y en una lavandería, y no reinaba sobre el terror. Su primera novela inauguró una carrera y alteró las coordenadas del género. El horror abandonaba castillos y criaturas remotas para instalarse en las duchas de una escuela, la mesa familiar y el cuerpo de una adolescente que menstrúa sin saber qué le ocurre. La telequinesis era sobrenatural; el verdadero espanto nacía de la humillación, el fanatismo y la incapacidad adulta para protegerla.

King contó la historia mediante informes, recortes, testimonios y estudios posteriores al desastre. Esa estructura documental anunciaba que la masacre no podía atribuirse únicamente a una joven enfurecida. Chamberlain entera participaba en la fabricación de la tragedia. Carrie White quedó suspendida entre víctima, heroína y monstruo, ambigüedad que abrió camino a numerosos relatos sobre adolescencia, poderes femeninos y furia reprimida. Su huella llevó el terror a los pasillos escolares y mostró cómo una comunidad convierte la diferencia en espectáculo.

La película de Brian De Palma, estrenada en 1976, multiplicó ese alcance. Sissy Spacek bañada en sangre de cerdo durante el baile se convirtió en una imagen imborrable, reproducida y parodiada en películas, series, videoclips y cómics. La cinta consolidó a King en el imaginario audiovisual, consiguió nominaciones al Óscar para Spacek y Piper Laurie e ingresó al National Film Registry. Después llegaron una secuela, nuevas versiones y un musical de Broadway que pasó del fracaso al culto. Cada retorno confirma que Carrie funciona como relato y lenguaje. Bastan un vestido claro, una corona y un balde suspendido para anunciar el apocalipsis.

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Mike Flanagan vuelve a la novela en una serie de ocho episodios de Prime Video, con Summer H. Howell como Carrie y Samantha Sloyan como Margaret White. Tras adaptar a King en El juego de Gerald y Doctor Sueño, considera que los temas esenciales permanecen, aunque la crueldad haya adquirido nuevas herramientas. 

Cortesía de Prime Video

¿Qué aspectos de Carrie te parecen especialmente relevantes para el público de hoy?

MIKE FLANAGAN: Creo que el acoso escolar ha cambiado bastante desde que Stephen King escribió esta historia, hace medio siglo. Los temas fundamentales que él abordó siguen siendo igual de relevantes: la bondad frente a la crueldad, el acoso y la tragedia. Sin embargo, la violencia escolar ha escalado de una manera que, me parece, King no habría podido imaginar entonces.

Yo también sufrí acoso en el colegio. Creo que todos podemos identificarnos con alguna experiencia así, aunque las mías eran privadas. Ahora mis hijos van al colegio y, cuando les ocurren cosas de este tipo, pueden quedar expuestas para siempre y ante todo el mundo, por las redes sociales, Facebook, Instagram y la relación que esta generación ha construido con la tecnología.

También creo que la violencia escolar, especialmente en Estados Unidos, ha llegado a un nivel que Stephen King no habría podido prever hace cincuenta años. Eso fue lo primero que cambió para mí: imaginar a Carrie White pasando por un detector de metales para entrar al colegio y pensar en la rapidez con que aparecerían los teléfonos en el vestuario. Sentí que teníamos la oportunidad de hablar de la experiencia actual del acoso y la violencia de una manera que estos personajes permiten y que King no podía haber imaginado entonces.

Cortesía de Prime Video

Como psicólogo me interesa la soledad de Carrie. ¿Qué aspectos de esa soledad resuenan con más fuerza hoy?

MIKE FLANAGAN: Creo que nuestra Carrie experimenta una soledad distinta. Todos tenemos que lidiar con el aislamiento que puede surgir cuando pasamos tanto tiempo conectados a internet y sustituimos la interacción humana por una relación virtual. Se habla mucho de una epidemia de soledad que afecta especialmente a los jóvenes. Pero nuestra Carrie es diferente.

La Carrie de Stephen King y la de Brian De Palma están aisladas, aterrorizadas y traumatizadas desde el comienzo. Nosotros quisimos crear una Carrie White abierta, curiosa, entusiasta y sincera, que desea relacionarse con el mundo. Queríamos que eso fuera precisamente lo que la distinguiera.

Carrie es una solitaria en la película de De Palma porque está aislada. En nuestra serie es distinta porque tiene ganas de abrirse a un mundo donde los jóvenes viven pendientes de sus teléfonos. Es como Ana de las Tejas Verdes o Laura Ingalls en el mundo actual.

Creo que su soledad es distinta. Cuanto más integrada está en la sociedad, más sola se siente. En el colegio, rodeada de personas de su edad, se siente más sola que en su casa, con su madre y su padre.

Cortesía de Prime Video

A menudo se recuerda a Carrie como una historia de terror. ¿Tú la ves primero como una tragedia?

MIKE FLANAGAN: Sí, la veo como una tragedia. Fue interesante que Amazon estuviera de acuerdo con esa perspectiva. Dijimos que no estábamos haciendo realmente una serie de terror, sino una tragedia sobre la sociedad, los adolescentes y el paso a la adultez. Es una temporada de televisión que avanza hacia un suceso trágico e intenta comprender cómo y por qué se permitió que ocurriera.

Al principio, nadie —ni siquiera los personajes que provocan las peores situaciones— pretende que todo termine así. Eso también me pareció muy pertinente.

Cortesía de Prime Video

A menudo se ve a la madre de Carrie como una villana. ¿Qué la hace más compleja en tu serie?

MIKE FLANAGAN: En las versiones anteriores siempre se la presenta como una fanática que parece empeñada en atormentar a su hija. Nosotros quisimos tomar un camino completamente distinto, tanto con Carrie como con Margaret. Queríamos verla como una mujer que ama profundamente a su hija y quiere protegerla del mundo, aunque se equivoca en la manera de hacerlo. Está haciendo lo mejor que puede.

También me parecía importante que, cuando Margaret expusiera sus puntos de vista, yo pudiera estar de acuerdo con ella al menos algunas veces. ¿Cómo protegemos a nuestros hijos? ¿La respuesta es encerrarlos? ¿Controlar cuánto del mundo dejamos que llegue hasta ellos? Son preguntas que me hago como padre. Quería poder estar de acuerdo y en desacuerdo con Margaret White al mismo tiempo.

Para mí era esencial que ella amara a Carrie y que Carrie la amara a ella. Eso nos abrió un camino completamente distinto para explorar a estos personajes.

¿Hay un subtexto político en tu serie?

MIKE FLANAGAN: Sin duda. Cuando hablamos de la normalización del acoso y la crueldad, también hablamos del aislamiento que puede producir la interacción en las redes sociales. En esta versión, el fanatismo de Margaret no es tanto religioso como ideológico. Desconfía intensamente de las instituciones y de la sociedad.

Uno tiene la impresión de que su radicalización no vino de la Biblia, sino de los chats, los foros y Reddit. Es una radicalización que nace en internet. Creo que resulta muy reconocible y que influye con claridad no solo en la política de Estados Unidos, sino que ha transformado el planeta entero.

Ese tribalismo, ese nacionalismo, esa desconfianza hacia el otro y ese impulso a deshumanizar a quienes son diferentes: sentimos que estábamos hablando de algo muy importante y pertinente para todos, vivamos donde vivamos. Stephen King no podía imaginar ese mundo hace cincuenta años, pero sus personajes pueden moverse por él de una manera fascinante.

Cortesía de Prime Video

Para terminar, ¿qué verdad que resulte difícil de aceptar esperas que el público se lleve de esta adaptación?

MIKE FLANAGAN: La verdad más difícil que tuve que enfrentar mientras escribíamos la serie es lo fácil que nos resulta caer en momentos de crueldad con los demás. Creo que ninguno se levanta por la mañana con la intención de ser cruel sin motivo. Se trata de una sucesión de pequeñas decisiones, de guardar silencio ante la crueldad ajena, de no intervenir.

La diferencia entre Chris Hargensen y Carrie White no es tan grande. Todos tenemos la capacidad de ser bondadosos, violentos o crueles. Es más probable que nos inclinemos hacia una u otra cosa según dónde pongamos nuestra energía y cómo decidamos relacionarnos con los demás.

Creo que esa es la verdad difícil de aceptar: cualquiera de nosotros podría ser Carrie en el suelo, pero también podría ser la persona que sostiene el teléfono.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

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