Carlos Méndez sigue robando fuego

Desde la independencia, convencido de su papel como cantautor y trabajador de la música, el panameño lanzó hace unos meses un disco que merece mucha más atención de la que ha recibido.

marzo 9, 2026

Cortesía prensa Carlos Méndez

Los últimos meses han estado muy movidos para el cantautor panameño Carlos Méndez. En el segundo semestre de 2025 se radicó en Francia para trabajar en la visibilización de la cultura panameña en Europa. Además, en noviembre lanzó Parafernalia, su quinto álbum de estudio, que grabó en gran parte en Nueva York junto a un equipo de primerísimo nivel.

“Es entender el oficio de cantautor y su artesanía”, dice Méndez. “Tratar de no irme por las ramas, bajar los textos rápida y directamente a lo que yo quería contar, ya sea una historia o un tema personal”. Desde un principio se propuso hacer canciones sencillas, inspirándose en las viejas escuelas de cantautores. Que las composiciones sean sencillas no implica que dejen de ser profundas; hay una emotividad palpable y contundente en cada tema.

En Parafernalia se siente rondando el espíritu de gente como Tom Petty, Lou Reed, Van Morrison, David Bowie, Neil Young, Bob Dylan o Jeff Buckley; sin embargo, su inspiración está intensamente permeada por las raíces personales del panameño. El Caribe se siente tanto como Nueva York; hay en estas grabaciones una melancolía de atardecer costero y troncos sobre la arena, de playas que se añoran, a pesar de haberse visto invadidas por turistas o soldados.

Los ecos de Tite Curet Alonso, Ismael Rivera o Rubén Blades, también resuenan en sus estrofas.

Para Méndez es motivo de orgullo (muy justificado) que el disco se haya grabado en Nueva York con la producción de Héctor Castillo, un venezolano reconocido por haber participado en álbumes de David Bowie, Philip Glass, Björk, Lou Reed, Gustavo Cerati, Los Fabulosos Cadillacs y El Cuarteto de Nos, entre muchos otros. “Hay una gestión, sobre todo desde el lado económico, ahí es donde todo el mundo aporta, desde el productor hasta el equipo de trabajo”, confiesa. “Lo hacen cuando entienden las canciones y el simbolismo que hay detrás de ellas”.

El cantautor define Parafernalia como su disco más maduro, honesto y sincero; le ha dado la tranquilidad de tener la conciencia necesaria para decir: “Que pase con el disco lo que tenga que pasar. Ahí está la música, y ella se encargará de llevarme adonde me tenga que llevar”. Méndez no es muy preciso a la hora de definir con palabras el espíritu de este álbum, pero tal vez pueda resumirse en una sola palabra: dignidad.

El título del disco fue escogido justamente para proponer una dicotomía, y él lo entiende como un compendio de “canciones que no son parafernálicas”. Méndez interpreta la parafernalia como “grandilocuencia, ostentación, desproporción, y un montón de cosas que hoy en día son propias de la carrera del músico”.

Su oposición a eso se manifiesta al hacer canciones como una forma de artesanía, y prefiere que el público no entienda inicialmente la dualidad, la contraparte que representan las composiciones. “El simbolismo me indicaba a mí que está ese otro lado, un lado al cual no quiero pertenecer”, asegura, y no es necesario entrar en detalles (o ejemplos) que ilustren “ese otro lado”.

El título llegó muy rápido para marcar el camino de un disco que no se parece muy pensado, se escucha muy sentido, muy vivido. No tiene la necesidad de demostrarle nada a nadie. Estas canciones son como pedazos de una vida, como fotografías instantáneas (por más cliché que parezca) tomadas para no olvidar un montón de cosas.


“Soy lo que quiero ser, aunque quiero cambiar… en esta maratón ando robando fuego…”, canta Méndez en uno de los sencillos de Parafernalia.


“Fue grabado en vivo, como se hacían muchos de los discos que me gustan”, señala Carlos. “Como no teníamos tanto presupuesto, Héctor decía, ‘Grabémoslo en vivo, a la vieja escuela, grabemos en tres o cuatro días, y después dos días para hacer overdubs’”. Todo fluyó desde una sensibilidad marcada por las circunstancias, y por la necesidad de desparramar el corazón en unas canciones. “Es un disco que le queda a mi hija”.

“Haz canciones”, le dijo Héctor Castillo. “Estrofa, precoro, coro… después las vestimos”. Castillo, como productor, se encargó de dar forma al disco con una banda impresionante, encabezada por Gerry Leonard, guitarrista y director musical de David Bowie durante muchos años. Además de algunos músicos panameños que le acompañan hace bastante tiempo, Méndez contó con instrumentistas que han trabajado para Paul Simon, Paul McCartney, Marianne Faithfull, St. Vincent o Tom Waits, entre otros. Castillo no estuvo allí para complacer a Méndez, se dedicó a sacar de él (y de cada músico) lo mejor, exigiendo, señalando y cuestionando con un oído quirúrgico en cada canción.

‘Martín’ habla sobre un lugareño de Bocas del Toro en Panamá; Méndez y Castillo lo conocieron, y Martín -siempre sonriente- les contó que ellos eran sus primeros clientes porque había estado incapacitado por la aparición de un tumor cancerígeno. “Ya tienes una canción, empieza a trabajar”, dijo el productor al oír el testimonio de aquel hombre.

‘Robando fuego’ nos lleva a pensar en la historia de Prometeo, pero también en hacer lo que sea necesario para que la vida siga adelante, a pesar del dolor, aunque sea en medio de la oscuridad. Es el ingenio, la persistencia, la resiliencia y la terquedad. ‘Películas francesas’ es el asomo a un folk sofisticado en su coqueteo con el jazz, y parece perfecta para el momento que atraviesa el artista en esta etapa de su vida. ‘Si no me salen las cuentas’ mantiene un poco esa línea sencilla y elegante; es la canción de piano y voz, acompañada por Inara George, que le aporta texturas maravillosas.

Este es un disco que no se hizo para estos tiempos. Parece hecho para una eternidad, para un silencio en soledad. Se escucha una vez, y deja la sensación de requerir una nueva sesión, la idea de “Sé que algún día debo volver a oírlo”, porque -afortunadamente- hay cosas que se escapan, que no entrega a la primera.

‘Toneladas de fe’ es “muy autobiográfica, habla de mi madre y de mi abuela”. Habla sobre aferrarse a la fe, para luego perderla y pasar a tener siempre nuevas dudas, con la esperanza puesta en alguna parte. “Pisa también un poco la crítica social”, señala Méndez. Por su lado, ‘Parafernalia’ es el grito visceral, es el rock. Para el panameño, esta canción, “Ensucia, incomoda, porque yo pienso que si el arte no incomoda, no tiene sentido”.

Méndez trabajando con Gerry Leonard, guitarrista y director musical de David Bowie.
 Cortesía prensa Carlos Méndez

RICARDO DURÁN

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