“El espíritu que encarna actualmente el trabajo de Ghetto Kumbé es un espíritu muy del desierto, muy guerrero”, dice Edgardo Garcés, ‘Guajiro’, líder de esta poderosa agrupación colombiana que explora puntos de encuentro entre sonidos autóctonos de las costas colombianas con la electrónica y otras sonoridades globales. “Es un homenaje a lo que hace el cardón el la Guajira, la resistencia, la resiliencia”. Todo eso tiene que ver con los ancestros Wayuu y su mitología; el cardón es un gran cactus que suele encontrarse en las zonas más áridas de nuestras tierras. Allí resiste a pesar de toda la dureza que ofrecen las circunstancias.
Las letras de Cardones, el más reciente álbum de Ghetto Kumbé (hoy integrado por Edgardo Garces y Andrés Mercado), reflejan esa actitud combativa, sosteniéndose hábilmente en la fuerza de los beats, las percusiones y los cueros. ‘Wayakana’ (con la participación del guitarrista Henry Pimienta Pushiana) abre las puertas del disco con vientos ancestrales procesados que invitan al trance y van dando paso a ‘Ma’ insat’, una canción desafiante que parece escrita y cantada por pueblos originarios que responden a la invasión. Sería buenísimo hacer que Arcángel la escuchara unas 400 veces consecutivas.
“Dices que eres tú el que trajo la luz, pero aquí ya brillaba el sol” canta la voz de Guajiro, que conocemos de tiempo atrás con Sidestepper y La 33. “¿Y ahora qué? Crees que sabes to´, siendo que fui yo el que pisó primero aquí”, añade en ‘Ma’ insat’.
La búsqueda sonora apuntaba al mismo espíritu del desierto, con instrumentos y artistas del territorio; “Mi sueño era poder trabajar con músicos guajiros y Wayuus, para mí fue el momento perfecto de reunir ese talento del territorio y plasmarlo en canciones”, dice Guajiro. “Todo el disco es un viaje desde la historia de la creación, el intento de la colonización, y todo el proceso de violencia en el territorio, de resistencia, de lucha por mantener su cultura, sus raíces y su lengua… intactos; esa es la demostración de lo resistente que ha sido la comunidad”.
Para Guajiro, la canción ‘Cardón’, que cuenta con la voz de Lido Pimienta y la guitarra de Henry Pimienta Pushiana, es uno de los puntos más altos, la consolidación de algo que había buscado durante años, reflejando el legado de los grandes compositores que le han inspirado desde las historias vallenatas. Acá Lido Pimienta suena como una brisa que acaricia bajo el sol inclemente; “Es más fuerte la corriente, es más fuerte el amor mío, anda libre por el monte, corre libre como el río, libre está el corazón mío”, dice la letra.
‘¿Y lo mío, qué?’ es un reclamo que puede parecer tan universal como personal, como una diatriba contra las alimañas que acechan entre las hierbas de la industria musical; “Tanto que me jodí, to´ lo que me costó, pa´ ti sí, pa´ mí no, ¿y pa´ mí qué?”, reprochan antes de disparar que, “Todo lo tuyo es veneno, puro animal arrastrao´, te llenas de buena vida con lo que hemos trabajao´”. En ‘DQYV’ ya nos habían advertido -con razón- que “El que es nunca deja de ser”.
Cuando llegan a ‘Belén’ se sumergen en el Pacífico en tiempo de 6/8, y a ritmo de quitiplá, en compañía de la gran Nidia Góngora, que permite el encuentro de la marimba con el trabajo de Akilin, un músico experto en las músicas afrovenezolanas. La canción es un sentido homenaje a Belén Palacios, conocida como ‘La Reina del Quitiplá’, y es un eco profundo de la diáspora africana.
Cardones se siente, sobre todo, como un disco equilibrado, un magnífico balance entre la tradición más arraigada y los sonidos que hoy el planeta necesita, entre la tierra, el sudor, y las máquinas con sus pulsos sintetizados. Es crudo y sofisticado por partes iguales; es la confirmación de que las “nuevas músicas colombianas”, que estallaron hace ya más de 20 años, pueden seguir evolucionando sin necesidad de buscar amparo en el mainstream.
Durante el verano que está próximo a vivirse en Europa, la agrupación colombiana estará presentándose en Luxemburgo, Alemania, Grecia, República Checa, Francia, Italia y Suiza. Allá tocarán las nuevas canciones de este disco, al que solo podemos reprocharle su corta duración (alrededor de 27 minutos), con la ventaja de dejarnos con ganas de más Ghetto Kumbé.

