Unos meses después de estrenarse en la maternidad, la cantautora chilena Francisca Valenzuela comenzó a planificar un nuevo álbum. A través de Zoom, y mientras lidiaba con el agotamiento y la depresión posparto, habló con un colaborador de confianza sobre la idea de crear un disco festivo y exuberante que canalizara la vitalidad física y desbordante del icono italiano Raffaella Carrá. ‘Fran, ¿estás segura de que quieres hacer esto?’, respondió el productor.
La artista, de 39 años, cambió el rumbo y decidió centrarse, en cambio, en la crisis emocional que atravesaba. Una de las imposiciones más crueles de la vida es que se espera que las madres nuevas luzcan una sonrisa beatífica de felicidad perpetua, mientras las hormonas hacen estragos en su cuerpo y su mente. ‘Maldigo el día en que nací / Maldigo el día en que di a luz / Maldigo mi propia juventud / Mi eterna ineptitud’, escupe Valenzuela en ‘Maldita’, el tema que da título al álbum. La verdadera sorpresa aquí no es la crudeza de la letra, sino lo maravillosas que suenan su voz y su piano ahora que se permite la catarsis de dejarse llevar.
Cualquiera que conozca las anteriores joyas de art-pop de Valenzuela, Vida Tan Bonita (2022) y Adentro (2024), le dirá que es una perfeccionista obsesiva (en una ocasión, tras equivocarse en una línea de teclado durante un concierto, insistió en tocar la canción entera desde el principio para que saliera bien). La deliciosa paradoja de Maldita reside en que, mientras la letra y los pasajes recitados describen la fractura en espiral de una mujer que se autodefine como ‘bruja histérica’, la música en sí resplandece con una precisión y una gracia majestuosas.
En ‘Malacara’, el trasfondo orquestal actúa como el coro de una tragedia griega, haciendo eco de sus dudas mediante disonancias y giros melódicos inquietantes. El arreglo del sencillo principal, ‘Buganvilia’, resulta tan saturado como la propia narradora, quien siente cómo se le escapa la mente mientras la buganvilia florece en el exterior. En la envolvente ‘No te aburras de mí’, ella ruega que su pareja no se canse de la vida que comparten.
Al final de Maldita, ella ha superado la tormenta y abrazado una nueva vida. ‘Nací Necesitándote’ es esa clase de oda conmovedora a su hija pequeña que solo podría haber surgido tras haber afrontado el dolor que llevaba dentro. En ‘Komorebi’ —un término japonés que reconoce la belleza efímera de la naturaleza—, su plenitud se percibe como algo ganado a pulso. Lejos de estar maldita, Valenzuela es una de las artistas más generosas de su generación, además de ser un tesoro latinoamericano.

