​​Alabama Shakes abre nuevos caminos con I Must Be Dreaming

En el primer álbum del grupo en más de una década, los Shakes suenan como viejos amigos explorando nuevos sonidos

Por  JONATHAN BERNSTEIN

Bobbi Rich

***½

Han pasado quince años desde que Alabama Shakes lanzó su EP de debut, el cual catapultó a esta banda sureña de pueblo pequeño a unos años de estrellato inesperado. La música inicial del grupo era de estética lo-fi y aire vintage, con el toque justo de estilo twee para convertir a estos rockeros de garaje —de espíritu combativo y desenfadado— en un emblema de la cultura hipster asociada a Urban Outfitters a mediados de la década de los 2000. Brittany Howard, vocalista y carismática líder de la banda, ha pasado gran parte de la última década desmintiendo esa imagen. Con el audaz segundo álbum del grupo, Sound + Color (2015), y sus posteriores trabajos en solitario, Howard se ha consolidado no tanto como una artista dedicada a revivir el pasado —etiqueta que se le colgó a su banda—, sino más bien como una figura a la altura de Prince: impredecible, en constante búsqueda creativa y ajena a las convenciones de género musical.

Ahora, Howard ha regresado a la banda que impulsó su carrera. ¿Qué mejor manera de ejemplificar su continua metamorfosis artística que aplicar esa filosofía a la agrupación que la mayoría de la gente todavía asocia con ‘Hold On’? I Must Be Dreaming, el tercer álbum de Alabama Shakes —y el primero en más de una década—, supone un reencuentro sorprendente y bienvenido que revela facetas totalmente nuevas de este grupo emergente, sin abandonar nunca aquello que hizo tan apasionantes sus primeros discos. Se trata, entre otras cosas, de un álbum maduro, tanto en lo musical como en lo narrativo: hay canciones sobre una nostalgia teñida de pesar y una esperanza conquistada con esfuerzo, temas sobre la desintegración del país y otros sobre, bueno, regar jardines. Algunas canciones (‘Garden’) suenan como si hubieran sido compuestas antes de la Segunda Guerra Mundial; otras (‘Tea Time’) se perciben como proyecciones astrales surgidas del paisaje afrofuturista que Howard ha venido explorando en su carrera en solitario.

Reunidos como trío, Howard, el bajista Zack Cockrell y el guitarrista Heath Fogg suenan revitalizados. ‘Another Life’ es una pieza épica de chamber-soul que destaca por una interpretación vocal de Howard acrobática y emotiva, un bajo sutil de Cockrell acompañado de congas y glockenspiel, y un solo penetrante —basado mayormente en una sola nota— a cargo de Howard. El tema suena, a la vez, diferente a todo lo que la banda había hecho antes y como algo a lo que cabría esperar que hubieran llegado con el tiempo si hubieran seguido publicando discos inmediatamente después de Sound + Color.

Tras haberse consolidado tan firmemente como solista en los últimos años, resulta casi sorprendente percibir la naturalidad con la que Howard explora nuevos sonidos, arropada por la confianza que le brindan sus colaboradores de siempre. Algunas canciones se apoyan por completo en la calidez constante de la instrumentación de sus compañeros: está el piano eléctrico de Ben Tanner —teclista que acompaña a la banda desde hace mucho tiempo—, que marca el tono de ‘Waist Deep’, uno de los temas más destacados del álbum (Is all this hard stuff behind me?, canta Howard). También está la forma en que el juego de bajos de Cockrell y Fogg en ‘American Dream’ —con sus líneas que avanzan sigilosamente— narra la historia de alienación y agitación política con mayor elocuencia que la propia letra de Howard, basada en asociaciones de ideas (el bajo melódico de Cockrell, con una mezcla que lo sitúa en primer plano, funciona casi como un instrumento solista en este disco). Y luego está la pieza central, ‘I Feel Hope Coming’, que transita por diversos géneros y sonoridades —desde el soul al estilo de Curtis Mayfield y los estándares de mediados de siglo hasta la psicodelia de los años 60— sin que el oyente perciba ni un solo sobresalto en el recorrido.

Que Howard no haya sonado tan cómoda —y tan auténticamente ella misma— en años no solo resulta conmovedor; también demuestra que esta banda sigue siendo una de las formas más eficaces de transmitir la mezcla de rock, soul, funk y pop que ella lleva en la cabeza. En ‘Tied To You’, el tema que cierra el álbum —una de las varias canciones sobre el remordimiento amoroso y los “qué hubiera pasado si…”—, Howard reflexiona sobre el pasado y contempla un vínculo duradero. There’s no going back/Whatever that was, canta, aparentemente refiriéndose a una pareja importante. Sin embargo, por momentos da la sensación de que también podría estar dedicando esta oda a su banda: I’m tied to your horse”.

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