Chzter es una artista mexicana que empezó a hacer música en 2021 y que, desde entonces, ha ido probando distintos sonidos hasta encontrar un estilo propio. Primero se acercó al rap y al freestyle en Guadalajara, pero pronto empezó a moverse hacia el neoperreo, el reggaetón, el trap y otros géneros que le permitieron expresarse mejor.
El proyecto reúne su amor por la escritura, el humor, la moda, internet y el orgullo lésbico. Sus canciones hablan de identidad con un lenguaje directo y explícito. Con su álbum debut, sesbianlex, Chzter mezcla funk, reggaetón y dembow, y pone al centro una visión orgullosamente lésbica. Sus canciones le hablan directamente a mujeres que aman a otras mujeres, desde el deseo, el humor y un discurso que se siente genuino.
Chzter habló con ROLLING STONE en Español unos días después del lanzamiento de sesbianlex sobre el disco, sus inicios, su amor por la escritura, la música explícita, la relación de Ximena y Chzter y más. Lee la plática a continuación.
Felicidades por tu álbum debut. Siento que hoy existe cierta presión alrededor de lanzar un primer disco, ¿no? Como que tiene que tener un concepto muy marcado y funcionar casi como una carta de presentación. ¿Tú lo sentiste así?
Sí. La verdad es que no lo sentía así… hasta como tres días antes de que saliera. Ahí sí ya caí en depresión; hubo una noche en la que no dormí nada de tanto sobrepensar las cosas. Pero luego lo solté. Dije: “Ya voy a hacer mil álbumes más. La puedo cagar ahorita, es el primero”.
¿Y cómo has sentido la recepción del álbum desde que salió?
Pues muy bien, la neta. Creo que a mis fans, que es lo que más me importa, les gustó un chingo. Siento que sí les di algo que querían escuchar, incluso cosas que ya me habían pedido.
No sé, por ejemplo, hice un ‘kamazu II’ porque sabía que esa rola había conectado súper bien con ellos y les gustaba mucho. Las colaboraciones también; por ejemplo, la de RIXXIA era algo que muchos ya esperaban. Pero hubo otras, como Turbo Baby o Hello Lola, que creo que sí fueron una sorpresa.
La neta, estoy muy contenta con el álbum. Me gusta mucho el producto que entregamos y ahora solo espero que llegue a más lugares.

Qué chido. Me gustaría volver al principio para darle un poco de contexto a quienes quizá todavía no conocen tu proyecto. ¿Cómo empiezas a hacer música y cómo sientes que has evolucionado desde entonces?
Bueno, empecé a hacer música en 2021 y abrí mi Spotify ya en marzo de 2022. Todo ese primer año estuve experimentando mucho. Empecé, güey, lamentablemente, en el rap. Iba a los lugares de freestyle y todo ese pedo, que ahora me da un chingo de cringe.
Yo vivía en Guadalajara y allá, la neta, se escucha muchísimo rap en la calle. Era de que Jera MX por todos lados. Todos mis compas escuchaban eso, tenía amigos freestylers y poco a poco me empezó a interesar. Además, siempre me gustó mucho escribir; tenía compas poetas y conectaba con ese mundo. Entonces empecé haciendo boom bap y por ahí le fui dando forma a mis primeras canciones.
Pero siento que luego luego agarré el pedo. Empecé a descubrir más música y pensé: “Güey, ¿el rap qué? O sea, neta, ¿quién está escuchando puto boom bap de alguien nuevo e interesante?”. Entonces me empezó a llamar mucho la atención el neoperreo. Me gustaba ese trip, como un reggaetón más oscuro y con otra estética.
Mi tercera canción ya fue neoperreo. Saqué una rola que se llama ‘mátame marciana’ y le fue muy chido: hizo como 50 mil streams en dos días. Hasta la fecha me impresiona porque siento que siguen siendo números bastante altos. A partir de ahí me emocioné y empecé a hacer mucha más música.
Después empecé a experimentar con plug, reggaetón, trap y otros géneros. Siento que mi evolución fue muy rápida. Literal, saqué dos rolas de boom bap e inmediatamente di el salto a otras cosas. Y creo que eso siempre ha sido parte de mi esencia. Nunca me quedo en un solo lugar. Güey, soy Libra.
Entonces me aburro muy fácil o siempre me empiezan a interesar otras cosas. Pero sí, creo que estos años han sido, sobre todo, un proceso para encontrar mi sonido, mi voz y entender realmente qué es lo que me gusta hacer.
Y qué bueno que te diste cuenta de eso, porque justo siento que el rap mexicano llegó a un punto en el que se estancó muchísimo.
Llegó un punto en el que ya todo me sonaba igual. Era de que: “Güey, necesito escuchar algo que me haga sentir cosas diferentes”, ¿sabes?
Y también me interesa mucho esa parte de la escritura. Escuché que desde antes escribías para ti misma y que te interesaba mucho la poesía. ¿Cómo nació esa faceta y cómo terminó conectando con la música?
Pues es que tenía unos compas en Guadalajara que eran poetas. Todo el tiempo estaban escribiendo, me regalaban libros de poesía y todo ese pedo. Y yo siempre he sido muy buena escribiendo. Desde la escuela reprobaba casi todo, pero en letras siempre sacaba diez. Como que siempre se me dio muy bien rimar y jugar con las palabras en general.
Entonces, cuando empecé a rodearme de esa gente, me empezó a interesar muchísimo toda esta parte de la expresión. De hecho, estaba estudiando Comunicación Social porque también me llamaba mucho la atención el periodismo y todo ese mundo.
Siento que conocer a estas personas me cambió mucho la perspectiva, porque empecé a ver las letras más como una expresión artística que como algo periodístico. Fue cambiar completamente la manera en la que entendía la escritura.
Y justo en ese momento llegó la música a mi vida. Fue como: “Wow, esto existe. Puedo juntar esto que me gusta con esto que me gusta un chingo más”, ¿sabes? Desde el principio sentí que se me dio muy fácil, la neta.
También siento que mis letras han evolucionado bastante. Ahorita estoy en mi época brain rot, pero incluso ese movimiento me parece muy interesante. Creo que es mucho más profundo de lo que parece. Empecé escribiendo cosas mucho más románticas y ahora estoy en esta etapa, pero sigo pensando que tiene mucho valor. Hay cosas que parecen muy sencillas, pero al mismo tiempo son muy difíciles de hacer. Y eso también me parece interesante.

Sí, lo admiro mucho. Y justo en el disco hay una línea muy clara en torno al orgullo lésbico, al deseo y a la forma en la que hablas de las mujeres. ¿Cómo fue construir ese universo y decidir que esa identidad estuviera tan presente en el álbum?
Pues creo que, desde que empecé a hacer música, siempre le he escrito a las mujeres. Pero nunca había sido tan explícita con el orgullo lésbico. Aún así, a lo largo de mi carrera, la gente ya me ubicaba por eso, ¿no? Como: “Ah, es una morra que le canta a las mujeres”.
Y llegó un punto en el que dije: “Güey, tengo que decirlo”. Porque al mismo tiempo siempre estaba esa idea de: “Güey, no tienes que decir tan fuerte que eres lesbiana”. Yo, por ejemplo, viví mucha lesbofobia por parte de mi familia y de amigos cuando salí del clóset.
Y neta siento que ese siempre es el discurso más conservador: “Está bien que seas lesbiana, pero ¿por qué tienes que decirlo? ¿Por qué tienes que decirlo tan fuerte? ¿Por qué tienen que marchar?”. Ya sabes.
Entonces creo que, más que nada, lo hice por eso. Dije: “Güey, voy a sacar mi primer álbum y me vale verga si tengo que decir que soy lesbiana en cada canción”.
Creo que también era una forma de encontrar a mi propia manada de lobas, ¿sabes? Es mi álbum debut y quiero ir exactamente hacia dónde quiero ir. Quiero que me escuchen mujeres a las que les gusten las mujeres. Y creo que por eso dije: “Güey, ya. A la verga el cringe”.
Y cien por ciento has encontrado esa manada, ¿no? Como que alrededor de tu música se ha formado una comunidad muy bonita. Además, el reggaetón y la música urbana siempre han estado muy ligados al deseo, pero durante muchos años ese deseo fue casi exclusivamente heterosexual. Ahora cada vez hay más artistas que hablan abiertamente del deseo entre mujeres. ¿Cómo ves esa evolución y qué crees que significa que existan cada vez más referentes lésbicos dentro de la escena?
Pues creo que tiene sus cosas chidas y sus cosas no tan chidas. Por ejemplo, siento que también hubo una tendencia de morras heterosexuales hablando en sus canciones de que se besan o se dan a otras morras. O de utilizar ese discurso para satisfacer a los hombres, aunque estén hablando de relaciones entre mujeres, ¿sabes? De que: “Ay, sí, me gusta este güey y me voy a besar a su amiga enfrente de él”, ya sabes.
Ese statement también se me hace un poco nocivo. Tampoco lo veo todo en blanco y negro, porque cada quien vive su sexualidad como quiere. Existen morras bisexuales y todo eso. Pero sí creo que hubo una tendencia muy fuerte. Desde que Rosalía hizo esa canción con Tokischa, luego Anitta con no sé quién, después Zoe y así… como que hubo muchas mujeres heterosexuales hablando de cogerse morras.
Y pues sí está padre, pero también, justo como te decía, muchas veces termina cayendo en ese discurso de satisfacer a los vatos. Entonces creo que también es importante que existan mujeres lesbianas hablando de experiencias lesbianas, pero que realmente lo sean, ¿sabes? Que esa música esté dirigida para morras.
Te escuché decir en otra entrevista que existe una línea muy delgada entre lo explícito y lo que muchas personas consideran “vulgar”. ¿Dónde está esa línea para ti? ¿Hasta qué punto sientes que una canción puede ser explícita sin cruzar ese límite?
Bueno, ahora que lo pienso, incluso el término “vulgar” me suena un poco clasista, ¿no? Porque, no sé, si hay una canción en inglés que habla de sexo y usa palabras explícitas para hablar de sexo, siento que a la gente le da igual. La escuchan y dicen: “Es arte”.
Pero si lo hace Dani Flow, o si lo hago yo, o alguien que habla desde el barrio, usando jergas mexicanas y palabras que usamos nosotros, aunque sean groserías, entonces ya se ve desde un lugar mucho más despectivo. Es de que: “Ay, qué vulgar esa persona, qué asco”, ¿sabes?
Entonces sí, puede que exista ese límite, pero también creo que cruzarlo no necesariamente es algo tan negativo como muchas personas piensan.
Sí, totalmente. Cuando el rock hablaba de sexo de forma explícita, se percibía de una manera muy distinta a cuando empezó a hacerlo el reguetón.
Exacto. En el rock era de que: “Me voy a robar a tu hija, le voy a bajar los calzones y me la voy a llevar”, y no pasaba nada. Pero si en el reguetón dicen: “Le voy a perrear”, ya es vulgar, ¿sabes?

Algo que me gusta mucho de tu proyecto es que mezcla un montón de elementos. No solo hablo de géneros musicales, sino también de estilos, moda, humor, orgullo, cultura de internet… todo convive dentro del mismo universo. ¿Cómo construyes esa identidad? ¿Cómo decides qué cosas sí forman parte de tu proyecto y cuáles no?
Pues creo que todo parte del gusto personal. Siempre intento hacer cosas que a mí me gustaría consumir, ¿sabes? O cosas que a mí me harían reír, que me gustaría ver o escuchar. Entonces siento que me guío mucho por eso.
Pero también tiene que ver con conocer a mi público. Siento que ya entiendo muy bien qué cosas le gustan, cómo reaccionan y qué me dicen. Siempre he tratado de leer mucho esas interacciones y, no sé, también me gusta escuchar a la gente que escucha mi música.
¿Y qué crees que encuentra tu comunidad en tu proyecto? ¿Qué piensas que hace que tantas personas conecten contigo? ¿Qué sientes que tienen en común quienes te escuchan y se sienten representadas por tu música?
Yo creo que, más que nada, conectan mucho con la parte de la sexualidad. Justo como hablábamos, todavía no hay tantos referentes y, por ejemplo, a mí me hubiera gustado que existieran más cuando era adolescente y salí del clóset.
Lo veo incluso en mi propia familia. Al principio fue súper raro, era de: “No lo acepto”, “esto es muy extraño para mí”. Pero en estos últimos años, neta, en cuatro años ha cambiado muchísimo. Han aparecido muchos más referentes LGBT+ y ahora mis papás ya lo ven como algo mucho más normal. Es como: “Ah, ok, pues hay mucha gente así. Tal cantante también es así”, ¿sabes?
Entonces creo que mi público conecta mucho por esa parte, porque puede sentirse identificado y representado. Es como decir: “Güey, existe alguien más como yo. No soy la única persona rara o el único bicho raro”. Y eso me gusta muchísimo. Me gusta pensar que mi proyecto también puede ser un lugar donde encuentren un poco de paz.
He recibido muchos mensajes de personas que me dicen: “Tus canciones me ayudaron a autodescubrirme”, o “me hicieron sentir mejor cuando todos me rechazaron”, cosas así. Y esa parte es muy sentimental, porque siento que llegan a conectar muy fuerte con el proyecto.
También está toda la parte del brain rot, que siento que es algo muy generacional. Todo este movimiento de Roblox, type shit y ese universo ya es parte de una cultura compartida. Hay niños, adolescentes y hasta gente más grande que conecta con eso. Entonces creo que también hay un punto de encuentro ahí, porque compartimos ese mismo imaginario cultural.
Sí, y también el sentido del humor, ¿no? Siento que esa es una parte muy importante de tu proyecto. Hay muchos artistas que conectan con la gente justamente porque son muy cagados, y creo que contigo pasa eso también. ¿Cómo convive el humor con tu proceso creativo?
Pues creo que conviven muy de la mano. Siento que le doy muchísimo valor a las cosas que me dan risa. Si algo me hace reír, quiero que forme parte de mí, ¿sabes? Quiero que esté en mi proyecto, en mis portadas, en mis canciones… como que me gusta apropiarme de ese tipo de cosas.
Sí siento que la comedia ocupa un lugar muy importante dentro de mi proceso creativo. Hay proyectos que conectan mucho desde la tristeza; les pasa algo triste, le dan vueltas, escriben una canción y construyen todo alrededor de esa emoción. Y siento que yo hago lo mismo, pero con la comedia. Como que me apropio de muchas cosas que me parecen graciosas y las convierto en parte de mi universo.
¿Cómo ves hoy la relación entre Ximena y Chzter? Vi una entrevista en la que te presentaste como Chzter y luego dijiste: “Ay, güey, ya nunca digo Ximena”. ¿Sientes que creaste un personaje?
Sí, totalmente. O sea, creo que sí es un personaje, pero también es mi personalidad. Ximena siempre va a ser Ximena, pero siento que Chzter ya se apropió de mí, de que ya me comió por completo. Y la neta, me gusta.
Siento que encontré en ese personaje un lugar donde podía depositar todo lo que me gusta, lo que quiero ser y lo que quiero decir. Incluso lo uso mucho con mi familia. Les digo: “No, mamá, eso lo dice Chzter; yo no lo diría. Yo no hablo así, yo no soy así de cochina en mi vida real”.
Pero la verdad es que sí forma parte de mí. Más que nada, siento que encontré mucha libertad para ser quien soy. Porque como Ximena creo que estaba muy cuadrada. Yo soy de Iguala, Guerrero, y ahí la vida es muy cuadrada. Cuando creces en un lugar así, muchas veces sientes que no puedes hacer ciertas cosas porque todo se juzga.
Entonces, cuando me fui de mi pueblo, nació Chzter. Empecé a hacer mis cosas y encontré justo un recipiente en el que podía vaciarme por completo y ser yo. Sí, es un personaje, pero al mismo tiempo también soy yo.
Sí, o sea, al final Chzter también le permitió a Ximena expresarse y explorar cosas que quizá de otra manera no se habría permitido.
Sí, total.
Nice. Y hablando un poco más de la parte técnica, ¿cómo fuiste construyendo el sonido del disco? ¿Con quiénes trabajaste y qué sonidos tenías claro que querías explorar?
Pues todo empezó porque me empezó a gustar muchísimo el funk. Yo trabajo con un productor que se llama angely2k; antes se llamaba Mike Boy. Literalmente él estuvo desde el inicio de mi carrera. Escuchó mi primera canción, él también es de Guadalajara, donde yo vivía, me buscó y me dijo: “Güey, veo algo interesante en tu proyecto y quiero que hagamos cosas juntos”.
A partir de ahí empezamos a trabajar muchísimo y casi toda mi primera etapa fue con él. Después me tuve que venir a Ciudad de México y nos separamos un poco por temas relacionados con mi anterior disquera. Pero cuando por fin pude salir de ahí y empecé a trabajar en este álbum, dije: “Güey, quiero hacerlo con él”, porque siempre me ha entendido muy bien y hemos tenido muchísima química en el estudio.
Entonces lo busqué y empezamos a tripear ideas. Yo traía esta obsesión con el funk porque de pronto empezó a viralizarse mucho, sobre todo en edits muy cagados que veía en internet. Y dije: “Güey, quiero ese sonido. Me encanta porque suena brain rot, suena postapocalíptico, neta está bien vergas”.
Él nunca había producido funk, así que empezó a experimentar. Al principio no nos salía tan bien, pero conforme pasó el tiempo fuimos encontrando el sonido.
Hicimos ‘3some’, que fue el primer sencillo del álbum. Le fue súper bien y, a partir de ahí, dijimos: “Ya, este es el camino que queremos seguir”. De hecho, originalmente queríamos que todo el disco fuera completamente funk.
Pero también fue complicado porque en México no hay tantos productores haciendo ese sonido. Además, él está en Guadalajara y yo en Ciudad de México, así que muchas cosas las tuvimos que trabajar a distancia. Fue entonces cuando empezamos a meter más reggaetón, porque al final es un terreno que conocemos muy bien. Él produce un reggaetón muy de la vieja escuela y esa influencia vino mucho de su lado.
Yo llegaba diciendo: “Quiero hacer funk, dembow y todo este pedo”, y él respondía: “Sí, pero también hagamos reggaetón antaño, porque es algo que nos sale muy bien”. Entonces creo que el disco terminó teniendo tantos sonidos justamente porque los dos fuimos aportando cosas. Al final, eso es lo que hay en el álbum: funk, reggaetón y dembow.

Qué chido. La verdad quedó muy padre esa combinación; siento que a veces sí se extraña ese reggaetón de antaño. Y hablando de las colaboraciones, hace rato me decías que algunas ya eran muy esperadas por la gente y otras que les tomaron por sorpresa. ¿Cómo se fueron dando y por qué elegiste a esos artistas para formar parte del disco?
Pues con RIXXIA, literal, hacemos música desde que nos conocimos. Siempre hemos tenido muchísima química en todos los sentidos. Ahora somos novias, pero desde antes, cada vez que entrábamos al estudio, las ideas salían solas y conectábamos muy chido.
Entonces sí o sí tenía que estar en mi álbum. Siento que ya también forma parte de mi proyecto. Después de ‘PUCHI’ y de todo lo que pasó con esa canción, creo que se generó algo muy bonito para las dos. Se formó una comunidad, un movimiento, aunque fuera chiquito. Entonces dije: “Tiene que estar”, y por eso hicimos ‘frutitas del club’.
Luego nos juntamos con HELLOLOLA. Hubo un campamento de Solid Records aquí en la Ciudad de México al que trajeron artistas de Argentina. Ella ya tenía canciones con RIXXIA, con Flaca y siempre le había interesado mucho la escena de morras que se estaba formando acá, con RIXXIA, FLVCKKA, MJ y todas ellas. Siempre nos tiraba buena vibra, así que cuando vino dijimos: “Tenemos que hacer algo juntas”. Se dio muy natural y nos encantó el resultado.
La verdad también me gusta mucho colaborar entre mujeres. De hecho, mis colaboraciones más importantes han sido con mujeres y siento que de ahí salió algo muy chido.
Y luego también estuvo el turrobaby en ese mismo campamento. A mí me gusta muchísimo; es un artista que realmente escucho. Entonces también quise hacer una colaboración con él. Nos metimos al estudio y todo salió súper fluido. Tanto su verso como el mío fueron prácticamente freestyle.
Al final decidí incluir esa canción en el álbum porque todo el proceso estuvo muy padre. Además, terminó saliendo un dembow, que es un género en el que yo nunca había escuchado a el turrobaby, así que también estuvo muy interesante verlo explorar algo nuevo.
Para cerrar, ¿hay algo más que te gustaría agregar? ¿Qué viene para Chzter en los próximos meses?
Pues ahorita vienen varias cosas. Vamos a estar presentando el disco en distintas ciudades: hay fechas en San Luis Potosí, también en Miami y en Los Ángeles. Pero la presentación oficial aquí en la Ciudad de México va a ser en el Flow Fest. Estamos preparando un show muy chido para esa fecha, así que nada, invitar a toda la banda a que caiga y viva el disco con nosotros.


