Turf renace una vez más y te invita a bailar

La banda argentina acaba de editar su nuevo álbum, Renacimiento, con diez canciones y un denominador común: el pulso bailable

Por  JOAQUÍN VISMARA

marzo 11, 2023

FOTO: Martin Bonetto

“Arrogancia, vagancia y Gancia, sin perder nunca la elegancia”. Antes del primer estribillo del tema que abre el nuevo disco de Turf, Joaquín Levinton hace un ejercicio de autodefinición que funciona también como un manual de instrucciones del grupo que lo tiene como vocalista desde hace más de veinticinco años, con intervalo incluido. Nacida como una banda capaz de hablarle al mismo tiempo a la nación alternativa y a la tribu stone, con el pasar de los años Turf comenzó una peregrinación hacia el reconocimiento popular que tildó todos los casilleros posibles en la lista de logros: hits en alta rotación, la adopción de su repertorio en las tribunas de los estadios dentro y fuera de las fronteras, y canciones ya convertidas en parte del inconsciente colectivo.

Como una suerte de profundización de la búsqueda que comenzó en Odisea, en Renacimiento Turf convierte al pulso bailable en el denominador común de sus diez canciones. La invitación a la pista puede llegar por diversas vías, ya sea con el cruce entre música disco y comedia de enredos de “Gatitas y ratones” (a medida del programa casi homónimo de Jorge Porcel), el pop sintético de “Todo x nada” o el pulso marchante de “Decímelo de una”, el punto de equilibrio exacto entre LCD Soundsystem y El Club del Clan. Pero también hay lugar para un soul allá Barry White con “Malas decisiones”, con Levinton jugando su rol de antihéroe emocional.

FOTO: Martin Bonetto

A modo de rúbrica con sello de goma, la presencia de Los Auténticos Decadentes en “Sentimientos encontrados” oficia de certificación definitiva de Turf como parte del cancionero popular, mientras que la revalidación de su vigencia en tiempo presente aparece con las colaboraciones en guitarra de Cocó Orozco, de Usted Señalemelo, y Ca7riel, en “Ese ser” (un rock robótico plagado de samples del Wonder Boy 2) y “Alto trip”, respectivamente. Dentro de un disco efervescente y sintético, el pulso cancionero orgánico hace su entrada triunfal en “Cuál?”, heredera espiritual de “Pasos al costado” aunque su ornamentación sónica parezca sugerir lo contrario, y toma la posta en “Ahí voy!”, donde Leandro Lopatín toca la fibra sensible de la quintaesencia guitarrera de Turf.

Sobre el final, “Voy dejando atrás” traza un puente hacia la psicodelia autocontenida de Siempre libre, como si vivir el presente se tratase también de darle al pasado el reconocimiento que no tuvo en su momento. Aunque su arte de tapa pueda sugerir lo contrario, la idea de renacimiento que Turf maneja en su sexto disco poco tiene que ver con el fenómeno de la antigüedad clásica, sino con un reseteo necesario para no vivir de la nostalgia. ”De pronto no lo vimos llegar, tratamos de tomarlo con calma. Es increíble cómo la vida da revancha”, canta Levinton en el último tramo, con la certeza de alguien a quien las cosas se le fueron de las manos pero de todos modos está conforme con el resultado obtenido.