Tindersticks: los discos esenciales de una banda sobre arenas movedizas

La banda de Nottingham, Gran Bretaña, hará su demorado debut en Argentina este sábado 12 de abril en el Teatro Ópera de Buenos Aires

abril 10, 2025

Getty Images

“Llegué a Londres con mi amor por los Triffids, Tom Waits y Sonic Youth intacto, pero ahora escuchaba a Townes van Zandt, Morricone, Alex Chilton, Lee Hazlewood, Gainsbourg, Miles Davis, Slint, Pavement, Funkadelic… ¡El mundo se estaba abriendo!”. Stuart Staples, cantante de Tindersticks [la banda que hará su debut en Argentina este sábado 12 de abril en el Teatro Ópera] trabajaba allá por 1992 en la disquería Rough Trade de Covent Garden, Londres. Había dejado Nottingham con sus compinches musicales luego del intento decepcionante de Asphalt Ribbons, una banda con los condimentos larvados de lo que pronto sería Tindersticks.

“Todavía teníamos la mentalidad de encontrar ese manager, agente, discográfica, alguien que hiciera que todo funcionara, que nos quitara la responsabilidad de nuestro fracaso”. Lo que Tindersticks encontraría, al fin, es una discografía sólida y extensa. Estos títulos son apenas una muestra.

Tindersticks (1993)

El debut ubica a la banda en un espacio extraño dentro del panorama de la nueva música inglesa. A la primera escucha queda claro que no era otro grupo de brit pop, post-punk, indie o shoegaze sino algo distinto: sin tiempo ni espacio definido. Sepia, con una lírica popular y melancólica y un sonido cuidado con aspiraciones orquestales sin caer en los manierismos del pop sobreproducido. El álbum tiene nada menos que 22 canciones, una declaración de principios a contramano de lo que se supone es un disco debut: música hecha por jóvenes con un propósito más allá del entretenimiento. El disco les posibilitó salir de gira con Nick Cave & The Bad Seeds, la referencia más próxima a su sonido.

Nénette et Boni (1996)

Los franceses son de apreciar cosas de los ingleses que ni los propios ingleses entienden. Es lo que vio la directora de cine Claire Denis en Tindersticks y los comprometió para hacer el soundtrack de su película Nénette et Boni. Un álbum que inaugura la relación de la banda con las imágenes que perdura hasta hoy. Tindersticks siempre tuvo un componente cinematográfico que le añadía aún más mística. Y este disco tiene vida propia y muestra un refinamiento casi silvestre del uso de los instrumentos poco usual para la música de películas. “Lo hicimos de la forma más arcaica que se podía. Pero lo hicimos nosotros”, confesó Staples.

Curtains (1997)

“Nunca me propuse hacer música con ningún rastro de cinismo o ironía, no le veo sentido a eso”, dice Staples. Es que después del segundo disco, que tiene la maravillosa “Tiny Tears” (usada en una de las escenas más conmovedoras de Los Soprano) llega el tercer disco, una prueba de fuego para cualquier banda. En este disco todo se resuelve en “Let’s Pretend” y una ambiciosa sesión orquestal a cargo de Dickon Hinchliffe que es totalmente infrecuente para una banda de rock. Un álbum que trasciende la época: suave, emocional, conflictivo y con un espíritu de eternidad. Tindersticks logra sonar como millones de corazones rompiéndose al mismo tiempo. Incluidos los de la banda.

Can Our Love… (2001)

El nuevo siglo encuentra a la banda un poco disoluta. Quizá demasiado acomplejada con su pasado y sin un futuro claro. El dilema queda expuesto en Simple Pleasure (1999), donde las canciones navegan entre la reiteración o el riesgo de adentrarse en las aguas complejas del soul. Nada fácil para un grupo que naturalmente no venía de ese género. Can Our Love… sale airoso, aunque plantea un cuadro demasiado ambicioso. Un disco que apenas contiene las diferentes almas del grupo y expone las fracturas que vendrían.

The Something Rain (2012)

Otra vez Tindersticks aparece con un disco que indaga en sus diferentes identidades. Ya había intentado variaciones sobre el viejo sonido, revolvió en los baúles del jazz y el soul y acotó las orquestaciones. Así pasaron Waiting for the Moon (2003), The Hungry Saw (2008), Falling Down a Mountain (2010) y muchas bandas sonoras para películas. Pero, en 2012, el grupo ya no era el mismo y la búsqueda, si bien continuaba, aparecía más difusa entre tema y tema. Este disco inicia una etapa más experimental en cuanto a la inclusión de sonidos, baterías electrónicas y la construcción de canciones sin estructuras clásicas. “Medicine” y “Frozen” abren un punto de fuga que empieza a aparecer más claro en The Waiting Room (2016), donde se destaca “We Are Dreamers” con Jehnny Beth del grupo Savages.

No Treasure but Hope (2019)

Ya desde el título, el disco propone y define. Y significa una especie de renacimiento musical: de los Tindersticks originales quedan Stuart Staples, David Boulter y Neil Fraser. El álbum logra amalgamar todo lo que habían intentado con suerte dispar en los álbumes anteriores. Canciones y experimentación sutil; melodías crepusculares y letras con una cartografía amplia. Lo más importante: otra vez los miembros originales están a cargo del timón del barco y, al parecer, saben hacia dónde ir. Menos recursos de estudio y más banda. El mejor disco desde Curtains.

Soft Tissue (2024)

El bajo directo y continuo con el que arranca “Always Stranger”, el quinto tema del disco, lo dice todo. Tindersticks nació en la Inglaterra post-punk, se diferenció del brit pop de los noventa, coqueteó con el indie, las orquestas de crooners y entró en el siglo XXI con intenciones soul, jazz y una gran incertidumbre estilística. Al fin y al cabo, forjó una identidad en la cual pueden convivir todos los elementos sin traicionarse. El disco que sacaron el año pasado es quizá el que mejor amalgama las experiencias pasadas. Otra vez aparece ese soul extraño, pero sin contaminarlo todo. Hay espacio para las cuerdas, el canto góspel, el rock y las penumbras en dosis justas.

FRANCO VARISE

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