No fue fácil para Steve Diggle. Desde 1976, con algunos baches, Buzzcocks, una de las bandas más influyentes y apreciadas de la explosión punk británica, se caracterizó por tener al frente dos cantantes-guitarristas-compositores: el propio Diggle y Pete Shelley. En 2008, Shelley murió repentinamente. El grupo que, después de Ramones, más había hecho por la vertiente pop-punk de todo este asunto, ahora sí que parecía llegar al final de su largo recorrido, mucho más largo de lo que jamás imaginaron aquellos adolescentes de la escena de Manchester.
Pero, aunque al principio le pareció imposible, Diggle finalmente optó por continuar con la banda. Y así es como llega este viernes 23 de mayo al Teatrito de Buenos Aires (y quedan muy pocas entradas), para presentar su repertorio de clásicos (adorados por conocedores como Kurt Cobain y Green Day) y también temas de discos recientes, como Sonics in the Soul (2022), grabado en modo power trío, ya sin Shelley y con talento joven: Chris Remmington (bajo) y Danny Farrant (batería).
Antes de viajar, Diggle aprovecha una pausa en la grabación de un nuevo álbum para conversar con Rolling Stone. En la misma charla y con el mismo cerrado acento working class, Diggle (70 años) puede hablar tanto de Ramones como de James Joyce; de Kraut Rock y Jean Paul Sartre y de cómo influyó en su música el sonido de… ¡la aspiradora de su madre! Desde un estudio en algún barrio de Londres, cuenta: “Estamos mezclando. Nos quedan dos canciones y luego vamos a echar un vistazo a todo el álbum. Son catorce temas, con algunas canciones en el estilo clásico de Buzzcocks, y otras para que sea diferente, por ejemplo hay un reggae y una hermosa canción acústica…”
Buzzcocks, a diferencia de otras bandas, cuando se reunieron la primera vez a fines de los 80, se propusieron hacer música nueva. De hecho, la mayoría de sus discos es posterior al período inicial, que duró hasta 1981. Tu último disco es de hace dos años y ya estás grabando otro. ¿De dónde viene eso?
Bueno, la tradición empezó cuando sacamos el primer álbum, Another Music in a Different Kitchen (1978) y luego creo que ese mismo año hicimos Love Bites, así que ya éramos muy prolíficos y muy productivos en esos días. Hay que mantener las cosas en movimiento. Eso es lo que pensé siempre. Algunos se sorprenden de que solo hayan pasado dos años desde el último álbum. “¿Y ya estás haciendo otro?”. Pero creo que es bueno mantener esa emoción y ese interés. Incluso si hiciste un mal álbum, al menos hiciste algo nuevo. Y encima Sonics in the Soul fue muy bien recibido… No quiero hacer solo los hits. Aunque en vivo toquemos muchos de esos éxitos, en la gira del año pasado tocamos cuatro o cinco canciones de Sonics, y a la gente le encantó. Siempre necesitamos un nuevo álbum, para los fans y para mí mismo.
Puede ser un desafío encajar nuevas canciones junto a clásicos como “Ever Fallen in Love?”. ¿Cómo se sigue después de eso? Supongo que tu público ya está un poco entrenado…
Sí, quiero decir, es mucha responsabilidad, cuando pasás de “Ever Fallen in Love” y “Harmony in my Head” y “What Do I Get?”. Todos esos son sencillos clásicos que tocamos en vivo. Pero un sencillo nuevo llamado “Senses out of Control” sigue sonando muy Buzzcocks. Y “Manchester Rain” también y a la gente les gustan. Hay que educar al público. Pero si miras atrás, gente como Bob Dylan siempre hacían un álbum diferente. O los Beatles. Y David Bowie, nunca sabías con qué iba a salir. Entonces, nosotros crecimos con eso en los años 60 y 70, cuando con ciertos artistas te preguntabas cómo sería su próximo álbum, ¿sabés?
En nuestro primer álbum, Another Music in a Different Kitchen, teníamos temas experimentales y también teníamos canciones pegadizas, como “Fast Cars” y “I Don’t Mind”, y cosas como “Autonomy” y “Fiction Romance”, que estaban muy lejos de la canción pop lineal. Es agradable tener esa mezcla, una especie de experimentación y evolución a fuerza de asumir riesgos, a lo largo de los años, y de ir escuchando cosas nuevas. Desde el inicio tanto Pete como yo nos dimos cuenta de que nos gustaban el ruido y las cosas angulares. También escuchábamos Kraut Rock, bandas como Can y Neu! Y [el compositor alemán Karlheinz] Stockhausen. ¡Me acuerdo que me compré una caja con siete discos de Stockhauen! Por eso en Buzzcocks hasta en la canción más pop hay algo que no debería encajar, discordante, incómodo. Sabemos componer canciones pop y sabemos ponerles partes extrañas. Cosas que te dejan pensando: “Uhm, eso no debería estar ahí”. Pero funciona.
Cuando tenía 16 años y vivía en casa con mis padres, una noche salí y me emborraché. A la mañana siguiente me desperté porque mi mamá estaba pasando la aspiradora al otro lado de la puerta de mi habitación. Tenía resaca, quería que parara con ese ruido, y se me ocurrió grabarlo con el equipo de audio que tenía en mi pieza, para mostrarle a mamá el terrible quilombo que estaba haciendo. Cuando lo escuché, era como un ruido blanco, y pensé: “¡Wow, suena increíble!”. Así que venimos de ahí también. Empezás a aprender a tocar y te das cuenta de que hay otros ruidos que pueden ser interesantes.
¿A los 16 ya tenías tu guitarra?
A los 16 empecé con la guitarra y también tenía un scooter. Luego perdí mi licencia, así que me metí de lleno con la guitarra. Era una guitarra española, de unos cinco dólares, que se desafinaba en cuanto tocabas el primer acorde. Así que aprendí a tocar mucho con una sola cuerda cosas como la “Oda a la alegría”. Entonces me di cuenta de que en lugar de parar todo el tiempo para afinar, podía hacer pequeñas melodías y motivos en dos o tres cuerdas. Por culpa de esta guitarra. Y lo que me di cuenta años después fue que muchas de las canciones de Buzzcocks tienen estos motivos de guitarra, unas pocas notas, casi como melodías dentro de la canción, no como un solo ni un riff de blues. Como seis años después de formar Buzzcocks me di cuenta de dónde venía eso. Me gusta contar esa historia porque, frente a la adversidad… Quiero decir, los chico ricos tenían guitarras nuevas. Yo no, y si hubiera tenido una guitarra nueva y afinada, nunca hubiera desarrollado ese estilo. Frente a la adversidad, podés encontrar cosas.
¿Te referís a esos punteos como el de “Eveybody’s Happy Nowadays”?, Como una melodía simple, pero con vida propia…
Creo que eso empezó precisamente con “Everybody’s Happy Nowadays”. Era una canción de Pete, pero le dije: “No me importan los acordes, voy a tocar estas cuatro notas”. Ding, ding, ding, ding, ding, ding, ding. Es curioso porque sin esas cuatro notas que no tienen nada que ver, la canción no funcionaría igual.
Era esa técnica o meter el sonido de la aspiradora en el medio de “Ever Fallen in Love”…
Ja, ja, no, pero hice un álbum solista hace unos años, llamado Inner Space Times (2017). Y le estaba contando esa historia al chico del estudio, y fue y consiguió una aspiradora y… podés escucharla en uno de los temas del disco. Era la aspiradora Henry The Hoover, ya sabés, la que tiene la nariz [se refiere a una aspiradora popular en Inglaterra, diseñada como un pequeño personaje infantil, cuya trompa es la manguera]. Me di cuenta de que la canción estaba en sol y Hoover también… [risas].
En Buzzcocks Pete cantaba unos temas y vos otros. Siempre me pregunté si cada uno traía a la banda sus temas ya terminados o si, a partir de una idea, componían juntos y en ese proceso se definía quién hacía la voz.
En general, Pete o yo teníamos un tema y lo traíamos bastante terminado, aunque la banda siempre de alguna manera lo completaba con algo más. Por ejemplo, cuando recién me sumé a Buzzcocks, la primera vez que nos juntamos, yo tenía la canción “Fast Cars”, pero había dejado la letra en casa. Entonces Pete y Howard [Devoto, miembro fundador de Buzzcocks que después armó la gran banda post-punk Magazine] dijeron: “Bueno, no importa, escribimos algo ahora”. Lo que sí tenía era el estribillo, porque lo recordaba, y la música. Pero fue mucho mejor que ellos escribieran una letra nueva.
Pasó lo mismo con “Promises”. Estábamos grabando el demo y, de nuevo, tenía los acordes y el estribillo, pero el resto no sé dónde lo había dejado, y Howard terminó de hacer las estrofas. Si alguna vez compusimos juntos, fue así… Hay otro caso: un día Pete estaba llegando tarde al ensayo y nos pusimos a tocar una música que yo tenía. Mientras esperábamos, el bajista y el baterista armaron una base buenísima. Y cuando Pete llegó empezó a cantar “Why Can’t I Touch It” [título de otra canción conocida de Buzzcocks]. Esa vez sí fue un trabajo bien de banda. En “Moving Away from the Pulse Beat” yo no podía escuchar qué estaba tocando Pete en la sala de ensayo. Así que empecé a tocar lo que me parecía y John metió una batería bastante brutal. Nos complementábamos.
En un punto, me pasó que empecé a intentar diferenciarme de Pete para darle variedad a los discos. En el primer álbum, yo cantaba en un tono alto parecido al suyo, como tratando de encajar de algún modo. Así hacíamos esas respuestas, como en “Autonomy”: Pete cantaba “It’s a thing that’s worth having”, y yo: “Yes I would”. Hasta ahí sonábamos bastante parecidos, pero después empecé a hacer algo más rockero, a tener mi propia voz. Así teníamos dos cantantes y dos variantes. Aparte algunos de mis temas eran un poco políticos y yo no podía pretender que Pete cantara eso, igual que algunas de sus canciones de amor no me quedaban bien a mí. Está bueno que cada uno cante lo que le va mejor.
Además, algunos de tus temas parecen ser especialmente personales, como “Harmony”…
No sé, puede ser. Es cierto que en los conciertos ese es un momento especial. “Harmony” siempre va a significar más para mi que “Ever Fallen in Love”, una canción que toqué siempre y que en los últimos siete años estoy cantando. Pero “Harmony” es un poco más personal. Y ahí vuelvo a lo que te contaba antes. Veníamos de tener como ocho singles en el ranking, Pete había compuesto “What Do I Get” y yo “Promises”, todas esas canciones pop. Entonces pensé: “Ahora que estamos en la televisión, necesitamos un tema pesado”. Y así salió “Harmony”, porque quería que tuviéramos una canción más rockera, que golpeara fuerte, como un tren de carga.
Igual, también es una canción bastante sentimental, me parece…
Sí, sí. En ese momento yo estaba leyendo el Ulises de James Joyce. Es un libro complicado, pero lo agarré y pensé que era un concepto muy cinematográfico eso de contar un día en la vida de un personaje, [Leopold] Bloom, una forma totalmente distinta de escribir, no lineal. Me pegó muy fuerte y pensé qué tal si vuelvo algo de esa idea en “Harmony”. Así que la escribí como caminando por las calles de Manchester, pero podría ser cualquier lado. Y la “armonía” que suena “en mi cabeza” es el sonido de la gente en la ciudad, lo que escuchás cuando vas por una calle importante de cualquier ciudad, todas esas personas con problemas, contentas, tristes, todos los estados de la condición humana. Esa es la armonía que resuena en tu mente, con los buenos, los malos, los asesinos, lo que quieras… Está todo ahí. Así que [recita los primeros versos de la canción]: “Cuando tengo alguna duda sobre las cosas que hago, escucho el lamento en una fila por la calle principal”. Eso es lo que trataba de decir ahí. Ese sonido es la vida, ahí mismo.

Wow, Ulises y Buzzcocks juntos, increíble, hay que releer esa letra… ¿Hay muchas más influencias literarias en sus canciones?
Cuando era chico, cada vez que compraba un single, compraba también un libro. Me compraba una disco con un hit y me compraba Crimen y castigo. La música es importante, pero en los libros podíamos encontrar una clave, una mirada a la condición humana, de la que después cantábamos, como en las obras existencialistas de Jean-Paul Sarte o Albert Camus, toda esa gente, grandes escritores. Estoy seguro de que cosas de ellos aparecen en mis letras, no porque las cite directamente sino porque las tenía en la cabeza en ese momento. Creo que si éramos buenos letristas, eso viene de leer libros. Muchas bandas empiezan intentando sonar a otros grupos. Las influencias son algo muy bueno, pero necesitás otras cosas, tu propia experiencia, tus lecturas. Tratá de ponerle un poco de intelectualidad, ¿no? Por ejemplo, en “Why She’s a Girl from the Chain Store”, yo había leído el trabajo de [el sociólogo británico Basil] Bernstein sobre las diferencias entre el lenguaje que los chicos de clase trabajadora hablaban en la escuela y en sus casas, y en los problemas que eso trae en el rendimiento académico. Y se me ocurrió que podría poner eso en una canción. Mejor la teoría de Bernstein que cantar “baby, baby”…
Está muy bien hablar de estas cosas porque justamente te quería mencionar que muchas bandas pop punk señalan a Buzzcocks como una influencia y hacen covers de sus canciones, pero en su música no parece estar presente esa complejidad de lo que estás contando…
No veo mucho nuestra influencia, la verdad. Por ejemplo, hubo un disco de covers por distintas bandas, pero no capturaba la peculiaridad de Buzzcocks. Es difícil. Saben los temas, los pueden cantar, pero hay algo que no agarran del todo. Es increíble que bandas como Nirvana, Pearl Jam o REM nos nombren como influencia, y que tantos chicos, sobre todo en Estados Unidos, toquen canciones nuestras. Pero la verdad que cuando uno empieza en esto no está pensando en influenciar a otros músicos. Uno hace discos para enviárselos a la gente. Ni siquiera nos dábamos cuenta de qué tan único era lo que hacíamos. En ese momento decíamos: “Bueno, sonamos así, esto es lo que somos”.
Los Ramones vinieron a vernos la primera vez que tocamos en Nueva York. Nos amaban, y nosotros los amábamos a ellos. Y fueron una influencia para nosotros. Y Joey nos dijo: “Ustedes van en estas otras direcciones. Nosotros somos bien directos y ustedes también, pero se van a lugares más extraños”. Se refería a las cosas de las que estábamos hablando antes, y parece que a ellos les gustaba eso.
Entonces, ¿cómo es, ahora, estar tocando y mirar a la izquierda y no tenerlo a Pete?
Sí, mirá, tocamos juntos 43 años, es mucho tiempo. Y ahora pasaron siete desde que Pete murió. Pero estoy en la banda desde el primer día así que sé cómo funciona, sé de dónde venimos. Cuando empecé a estar al frente de la banda me preguntaba: “¿Dónde está mi hermano Pete?”; era muy raro. Cuando falleció, dejé de tocar la guitarra por unos meses. Teníamos shows programados desde antes que muriera, que no llegó a hacer. Dimos un gran concierto en su homenake, con invitados, que fue muy bueno. Pero justo antes de eso, cuando volví a agarrar la guitarra por primera vez toqué “What Do I Get”, llegué a la primera estrofa y me puse a llorar. Era muy raro tratar de superarlo y a la vez cantar las canciones de Pete. Pensé que no iba a poder hacerlo, que era demasiado fuerte. Yo ya estaba acostrumbrado a sacudirme con la guitarra y a pararme en el frente, pero, bueno, Pete era el del medio. Y ahora tendría que hacerlo por los dos. Pero siempre pienso que está ahí [en el escenario] conmigo, tengo esa sensación, y los recuerdos vienen todo el tiempo. Pero alguien me dijo: “Tenés que hacer lo tuyo”. Y creo que es así, estoy sosteniendo el legado de Pete y el mío. Y creo que él estaría orgulloso de eso. En realidad, antes de morir, él pensaba retirarse. Me dijo: “Seguí vos”. Y yo le dije: “No me dejes todo esto a mí solo, tenemos un montón de cosas que hacer”. Y a la semana se murió. Fue casi como si me estuviera pasando el mando, aunque en el momento no me di cuenta. Estábamos de gira, en un hotel, y vino dos veces a mi habitación. Me habló de los mismo dos veces en una semana. Le dije: “No seas tonto, con todo lo que tenemos para hacer”, y pensé que era eso, nada más, que estaba un poco bajoneado en ese momento, como le pasa a cualquiera. Y a la semana, murió. Me llevó tiempo, pero pude recoger los pedazos y volver a amarme. Nuestro manager me dijo: “Nosotros seguimos acá, en el mundo de los vivos. Tenemos shows pendientes, esto es lo que vos sabés hacer”. Y así fue, casi no tuvimos tiempo ni de pensarlo. Y creo que la gente ya se acostumbró a vernos así. Por supuesto que algunos dijeron: “Oh, no va ser lo mismo”, y claro que no es lo mismo. Pero si podés traerlo de vuelta, soy el primero a favor de que lo hagas… Hay que aceptar la realidad: la gente se muere y no hay nada que podamos hacer. Es doloroso, pero tenés que superarlo y seguir.
Cuando tocamos “Ever Fallen in Love”, sin embargo, la gente sabe que la estoy cantando por Pete.

