Skay lanza Espejismos, un álbum poderoso con guiños al sonido de los Redondos en los 80

En su octavo disco como solista, el guitarrista y cantante aporta canciones en clave literaria y reflexiones sobre la vida cotidiana en el siglo XXI

Por  HUMPHREY INZILLO

noviembre 2, 2023

Skay Beilinson y su guitarra: la magia está.

Agustín Dusserre

En el preciso momento en que la carrera de Skay Beilinson como solista celebra sus 21 años, un nuevo álbum del guitarrista y cantante llega a las bateas. Acaso el título encierre un guiño ricotero: Espejismos (Ultrapop) nos remite inmediatamente a “Espejismo” aquella balada de Lobo suelto/Cordero atado (1993), cuya letra incluye la extraordinaria frase “lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”. 

“La vida se teje en un telar, los hilos de la trama no se ven”, son las primeras palabras que escuchamos en la voz de Skay. La canción se llama “La trama secreta” y en el entramado de las melodías parecen conjugarse referencias que sintetizan en poco menos de cuatro minutos la vida musical del artista.

Con dinámica literaria, “Carrousel” cuenta la historia de un habitante del conurbano que recorre el mundo y, en un giro circular, vuelve a los suburbios. Deja unas líneas de existencialismo sentimental: “La vida es un instante/ un beso, una quimera/ andamos por el mundo/ buscando quién nos quiera”. 

“Contundente”, ese adjetivo de moda en los titulares que buscan clics, es también un adjetivo pertinente para el sonido de Los Fakires, esa banda sólida y expansiva, integrada por Leandro Sánchez (batería), Claudio Quartero (bajo) y Joaquín Rosson, en la segunda guitarra. Un andamiaje rockero para que Skay despliegue solos épicos y memorables como el de “Palomas y escaleras” o el de “¡Corre, corre, corre!”, con sus características inflexiones orientales, y la urgencia de una huída.

Las referencias geográficas, del desierto de Atacama a Estambul, funcionan como mojones en “Inventario”. Allí, sobre una base energética, como si el sonido de los Redondos circa ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado (1989), Skay expone su espíritu viajero, peregrino, trashumante.


En todo el álbum Skay despliega el sonido único de su guitarra, con más solos memorables como el de “Yo soy la máquina”, una crítica a la manipulación de órden mundial regido por un sistema económico siniestro y la prepotencia de las redes sociales como narcóticos digitales.

 En “Otras puertas, otros mundos”, Skay hace hablar a su guitarra, con el mismo sonido que catapultó (a él y a los Redondos) a las grandes ligas del rock argentino. Sin ambiciones desmedidas, sin aspavientos, y sin solemnidad, Skay mira el mundo desde su Olimpo personal. Y desde allí sigue haciendo discos, esos artefactos que cuando están hechos por artistas como él, son una fuente de felicidad.