“Siempre quise ser chica de videoclip, y como muchas cosas que imaginé a mis 25 años, me llegó casi a mis 50”, dice Lorena Vega. El videoclip al que se refiere es el de “Necesito vacaciones”, flamante lanzamiento de Viva Elástico, dirigido por Ezequiel Acuña y dirección de fotografía y cámara de Joaquín Neira. “Actuamos con Ale Schuster [cantante de Viva Elástico] con quién nos hicimos amigos por admiración y cope mutuo durante muchos años sin saberlo”, explica la actríz. “Y cuando nos cruzamos y nos contamos que nos seguíamos en cada una de nuestras creaciones sentimos la confianza de unos hermanos. Enseguida surgieron ideas de hacer cosas juntos, y junto a Ezequiel, el director, se armó el videoclip de este tema donde se narra una historia de búsqueda y despedida. Está filmado en Buenos Aires. Fue alucinante hacerlo. Para mí es uno de los mejores temas del disco, así que es un honor”.
El estreno del clip es sólo un mojón en el marco de una etapa especial en la carrera y en la vida de la actríz que en los últimos meses, gracias al descomunal éxito de la psicóloga, su personaje en Envidiosa, la serie protagonizada por Griselda Siciliani, que desde la pantalla de Netflix la proyectó a la dimensión masiva. Es, de alguna manera, el corolario de un trabajo sostenido a lo largo de casi tres décadas, y que tiene varios hitos en simultáneo. Entre ellos, su participación en Mazel Tov, el reciente y elogiado film dirigido y protagonizado por Adrián Suar; el éxito de la obra de teatro Las Cautivas en España, el sostenido suceso de Imprenteros, el biodrama que escribió y protagoniza junto a sus hermanos, y la flamante colaboración con Fito Páez, en su flamante y ambicioso álbum, Novela.
Este viernes presentará una función especial de Imprenteros en la Ciudad Cultural Konex. “Es una función especial porque el 7 de Mayo es el día del Trabajador Gráfico, y el cumpleaños de Evita. Entonces, para celebrarlo, armamos esta semana de festejos donde las funciones tienen además un fin solidario, ya que pedimos que el día de la proyección de la película y el día de la función de la obra, el público done un alimento no perecedero porque los vamos a llevar a comedores populares de CABA junto a Casa Sofía, que es una agrupación que trabaja hace muchos años en barrios populares con su Proyecto Puentes. Nuestro sentido de hacer funciones tiene mucho que ver con hacer lazos en comunidad”, explica.
Imprenteros, el biodrama que escribió y estrenó en 2018 junto a sus hermanos, es una obra que marca un punto de giro en su carrera, una saga que incluye un libro y un film. “En mí tiene un impacto inmenso porque al escribir y actuar en primera persona autobiográfica es como si hubiese ‘aparecido’, como si hubiese dejado de estar ‘detrás de la cortina’. Y ese arrojo a ser yo misma en escena y compartir mi historia me hizo atravesar muchas resistencias en relación a mi propia valoración. La pregunta que me atormentaba era: ‘¿A quién le va a importar el relato de una chica desconocida sobre la pérdida del taller de su papá?’ Animarme me ayudó a vencer miedos, prejuicios, y encontrarme de nuevo con mi propio coraje. Además, me reveló otras versiones de mi propia historia y eso modifica internamente muchos sentimientos enquistados que eran dolorosos y ya no. Me ayudó a asumir mi relación con la escritura, quiero decir a darme cuenta que hacía muchos años yo era dramaturga y no me hacía cargo. Incluso guionista. Mi relación con la escritura en general fue asumida de otro modo. Así que además de ser una obra que habla de ‘perdidas’, es una obra que nos ha traído ganancias y no de las económicas, sino de las otras que son las más importantes”.
Ella asegura que no imaginaba todo lo que iba a pasar: “Lo podría jurar por mi hijo y por lo que digas”, dice. “Yo estaba enfocada en hacer una pieza escénica sincera, que contara algo pequeño y que no me de vergüenza ni a mí, ni a mis hermanos y a mi vieja que estaban en escena, ni al equipo que estaba poniendo tiempo y guita por ese trabajo. Con eso ya estaba conforme. Ahora, entrando en el octavo año de la obra, con un libro editado, y una película hecha, causa gracia pensar que sólo íbamos a hacer cuatro funciones los martes en el Centro Cultural Rojas y después cada uno seguiría con sus otros proyectos como si nada, y eso hubiese quedado ahí”.
La actríz y dramaturga tiene algunas hipótesis con respecto al suceso de esa obra. “Con lo que fuimos charlando con el público, y con especialistas de investigación (porque la obra está estudiada, citada, analizada en libros y conferencias) creo que aquello mismo que me generaba dudas era la pieza clave de su existencia. Lo que era necesario relatar era esa historia tan común porque no es mi historia, es la de todas. Gran parte de nuestra sociedad es la clase trabajadora (ahora quebrada y no tan “gran parte” por el nivel de desempleo) pero en la obra se habla de esos años motorizados en nuestro país por los emprendimientos familiares, las pymes y el esfuerzo de llevar adelante un proyecto que pasa de generación en generación. El amor por los oficios artesanales. Los vínculos familiares atravesados por el dinero, y las hijas mujeres en un mundo de hombres. Esos y otros temas son de todos, de todas, identifican, y creo que generó desde la obra una foto de época de esas que cuando las mirás en un álbum sonreís lagrimeando”, asegura.
Al mismo tiempo, obras como Las Cautivas y La Vida Extraordinaria también fueron exitosas en varias direcciones: el público, la crítica y la proyección internacional de Lorena. “Son proyectos muy centrales para mí porque es donde despliego todo mi entrenamiento y mi lenguaje actoral de toda la vida. Como si fuese la cancha ideal donde me gusta jugar”, argumenta. “Desde la primera obra que hicimos juntos que fue Todo tendría sentido si no existiera la muerte, ubicada ficcionalmente en los años 80 y con música de Whitesnake, sentí que nos encontramos artísticamente con Mariano Tenconi Blanco. En él descubrí la poética de un escritor/director con la cual tengo sintonía en la semántica y en lo formal del estilo escénico. Creo que encuentra la manera de armar piezas que unen el pasado con el presente de un modo lúdico e inesperado. Es arriesgado y divertido. Es profundo con los temas, entre otros están por ejemplo, las relaciones de poder revisitando distintas épocas de la historia argentina, con el foco siempre puesto en la literatura, y en eso hace un trabajo preciosista y meticuloso utilizando citas, inspiraciones y referencias que después a la hora de actuar son como pentagramas escénicos exquisitos para ejecutar con el cuerpo. Ambas obras que nombrás llevan varios años en cartel y no nos cansan. Además, los equipos siempre son alucinantes: actuó con amigas, como Vale Lois, Laura Paredes, Andrea Nussembaum, Maruja Bustamante, Juana Rozas. Todos los amigos en cada área son geniales, y somos como bandas que tocan juntos hace muchos años”.
Fue a raíz de Las Cautivas que conoció personalmente a Fito Páez, que pronto la invitó a participar de su disco. “¡Jamás imaginé que participaría en un disco de Fito!”, dice Lorena. “Lo considero un gran regalo de esta vida para mí. Sí es cierto que podríamos habernos conocido antes por amigos en común. Cuando finalmente nos encontramos decíamos los dos ‘¡Cómo no nos cruzamos antes!’. Pero soy de las que creen que las cosas suceden cuando tienen que suceder. Yo estoy muy feliz con el momento en que se dió todo y cómo fue. Grabar en un estudio con él es de las experiencias más inolvidables de mi vida, porque sentía que trabajábamos a la par como amigos creativos, y todo era cómodo, divertido y fluido, sin olvidarme que mi director era nuestro gran poeta del rock nacional. Ensayé durante meses los cinco textos del disco aprendidos de memoria, que si los juntaras serían como un monólogo de media hora. Entrené con mi amiga cantante Victoria Tolosa que me ayudó con lo musical porque si bien no canto, todas mis líneas tienen total coordinación con los instrumentos de los fragmentos musicales sobre los que narro. Después de la jornada de grabación, me iban llegando mensajes de Fito desde los distintos lugares del mundo donde él estuviese, contándome con un entusiasmo enorme cómo avanzaba la postproducción. A veces de la alegría yo gritaba por teléfono y eso lo hacía reír”, confiesa. “En marzo cuando fue el lanzamiento del disco viajé a España para estar presente, acompañarlo a él, compartirlo con mis amigas allá y supongo que caer un poco en la cuenta de lo que había hecho. La emoción fue mayúscula. Y repasando todo, ahora aparece también la emoción de los primeros momentos cuando todavía Novela no se conocía y yo caminaba por la calle escuchando el disco en los auriculares para estudiar los textos y tratando de tomar conciencia de lo que se venía, compartir la voz con él en un disco de rock para siempre”.
Y en paralelo a todo eso, apareció Envidiosa, y su trabajo allí, encarnando a la psicóloga de la protagonista, se transformó no sólo en los papeles más elogiados, sino también en un personaje popular, que forma parte del inconsciente colectivo, y que hasta tuvo publicidad propia en un imponente cartel sobre la Avenida del Libertador. “No sé bien qué es ‘ser parte del mainstream’, no sabría qué decirte al respecto”, explica Vega. “Sí sobre el efecto de ser parte de una serie que tuvo tanta repercusión, generó debate, y fue vista por públicos muy diferentes (porque fue muy transversal, eso es lo copado), porque me trajo muchos elogios de gente desconocida y de gente admirada de mi profesión como, por ejemplo, Graciela Borges que me escribió especialmente sin que nos conociéramos diciendo cosas hermosas. También hubo efecto de mucho agradecimiento del público, comentando que les dió felicidad porque se rieron mucho…o que decidieron empezar terapia; o los profesionales de la salud que me dicen que agradecen que la composición del personaje no sea paródica”. Pero esas no fueron las únicas repercusiones: “También hubo mucho interés de parte de la prensa de conocerme más, y revisar sobre mis trabajos anteriores. Me llamaron de muchas radios y distintos medios. Trato de hacer todo, aunque a veces todo no se puede, pero me encanta el interés que despertó. Y me gusta que se acerque gente a ver las obras de teatro en las que estoy a partir de querer seguir mi trabajo. Me resultó un círculo muy nutritivo y multiplicador”.
Ese efecto multiplicador incluye el reciente estreno de Mazel Tov, la nueva película de Adrián Suar. “La experiencia fue buenísima porque la peli me gustó ya desde el guion de Pablo Solarz, y todo lo que vino después fue muy divertido. Tenía todo a favor para disfrutarlo, empezado por un equipo buenísimo donde conocía a la mayoría”, explica. Pero hubo algo más: “Adrián me dijo que a mí me tocaba el humor en la peli, y eso me encantaba. Y además, lo conocí al mismo tiempo como actor y director, en un 2 x1 que nos hizo armar vínculo muy rápido. Era la primera vez que trabajaba con él y de alguna manera siento que tildé un ítem que tenía pendiente por pedido de mi viejo, que tal como está impreso en el libro de Imprenteros, cada vez que lo visitaba me preguntaba ‘¿Para cuándo Suar?’, en alusión a verme trabajar con uno de los mega productores de la ficción argentina”.
También participó en El Fin del Amor, con escenas bastante jugadas con Lali Espósito. “Ya había participado en la temporada 1 interpretando a Mora, la dueña de la disco, que tiene un romance con Laura [personaje de Julieta Zapiola] una de las mejores amigas de Tamara [el personaje de Lali]. Y el lío en la temporada 2, es que el romance es entre Mora y Tamara.La experiencia fue hermosa, porque ya nos conocíamos todo el equipo que en cada área es alucinante, y en particular me gusta ser parte de una serie con un relato poco habitual, de contracultura en la pantalla y comandado por mujeres. Con respecto a las escenas hot estábamos muy cómodas. Nos guió la coreógrafa, actriz y bailarina Mayra Bonard, que tiene mucha experiencia, nos conocemos hace mucho y es un gran referente de la escena por su trabajo entre otras cosas con el grupo El Descueve. Armamos una coreografía y era gracioso porque las indicaciones eran ‘ahora bajás la lengua por el pezón: una lamida, dos, y subís’, como si estuviese enumerando un paso de danza clásica. Cuando llegó el momento de grabar [bajo la dirección de Daniel Barone, ‘otro de los puntos centrales para estar cómodas’) nos miramos con Lali antes de empezar la toma y me dijo: ‘vamos con todo, Negra’, y yo le dije ‘vamos con todo, La’ y fue como entrar en el agua con un clavado”.
En medio de su agitada agenda, Lorena Vega se hace un rato para responder el Cuestionario RS.
1. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a una disquería? ¿Qué disco te llevaste? ¿En qué formato?
La última vez fue en marzo de 2025. Fui a una disquería que se llama Bajoelvolcán, en el barrio Lavapiés, de Madrid. Me llevé The Hope Six Demolition Project, de PJ Harvey, en vinilo de 180 gramos para mi amigo Iván Gierasinchuk, Director de Fotografía.
2. ¿Te acordás de los sueños habitualmente? ¿Tenés algún sueño recurrente?
Sí me acuerdo. Tengo uno donde todo se alterna en blanco y negro. Un piso de baldosas, o tablero de ajedrez. Un zapato de taco alto. Un globo. Una silla. Sube y baja el volumen de un sonido como de inflador.
3. ¿Sos buena cocinera? ¿Cuál es tu especialidad?
Sí. Mi especialidad es pastas con salsa de brócoli según mi hijo.
4. ¿Tenés mascotas?
Tengo un gato. Se llama Sonny, por Sonny Corleone. Es impulsivo y hablador como el personaje de James Caan en El Padrino.
5. ¿Cómo armarías el line-up de tu festival ideal?
The Comunards, Miley Cyrus, The Kills, Beck, Arctics Monkeys, David Bowie, Fito Páez, Viva Elástico, El Mató a un Policía Motorizado, Julieta Laso, Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, Depeche Mode, Underworld, The Rolling Stones, Cher; Tina Turner; Charly Garcia; The Beatles; Las Pelotas y Pulpo Dragón.
6. ¿Cuál es el instrumento más raro que tenés en tu casa?
Instrumento musical, una kalimba; de otro tipo de artefactos, un adaptador de lentes de una cámara fotográfica.
7. ¿Cuál era tu dibujito animado favorito cuando eras chica? ¿Y ahora?
De chica La Pantera Rosa. Ahora, Los Jóvenes Titanes.
8. ¿Tuviste alguna experiencia sobrenatural?
Si. Durante el embarazo soñé con mi hijo, hablé con él, y vi su cara tal cual como es ahora.
9. ¿Cuál es el último libro que leíste?
Favio vigente, un recorrido por sus pasiones, de Flor Halfon.
10. ¿A qué celebridad te gustaría tener entre tu público?
David Lynch, Laura Dern, Pablo Montiel, y los hermanos Gallagher reconciliados.
11. ¿Cuál es el objeto más viejo que atesorás?
Unos zapatos rojos de cuero de mi cumpleaños de 1 año que no entiendo cómo los usé. Son muy pesados.
12. ¿Qué actriz podría protagonizar la serie sobre tu vida?
Julieta Brito que ya hizo de mí en Imprenteros, la obra de teatro, y en El bosque de los perros, película de Gonzalo Zapico; Lena Headey (según Gonzalo Zapico); Viña Machado (según yo). Y para la madurez Mónica Bellucci o Salma Hayek.
13. ¿Cuál es tu deporte favorito?
Para jugar, el vóley. Para mirar el tenis de Federer.
14. ¿Cuándo fue la última vez que pediste un autógrafo?
Nunca pedí, pero unas amigas le pidieron a Cate Blanchett y yo también lo hubiese hecho.
15. ¿Cuál fue tu primer recital?
En 1990, la banda de unos amigos de Quilmes que se llamaba 6 en punto Blues Band.
16. ¿En qué creés?
En la energía colectiva.


