La previa de BTS: Esto no es una misa, es el picnic k-pop más grande del mundo

Crónica de la invasión de las Armys en La Plata, el fenómeno del año: BTS por primera vez en Argentina.

Por  FACUNDO ARROYO

octubre 22, 2026

Foto: Antonio Becerra

A un chico con cresta le cae una gota azul por la mejilla. La lluvia repentina, y pasajera, le lava la tinta recién hecha. Tiene catorce años y hoy se fue antes de la escuela para que la tía se la aplique. Dice que se la compró hace un mes, que pensó su look hace tres y que sacó la entrada para BTS “hace mil”. No la tiene fácil porque el público de la banda surcoreana, las Armys principalmente, son mujeres. Pero ahí va, bancando la tintura entre todas las chicas y tratando de empezar a conocer gente de otros lugares. Las Armys tienen una metodología fácil para romper el hielo, regalan “freebies” (pequeños objetos hechos por ellas mismas) y se olvidan de favear o “matchear” como lo hace todo el mundo. Una forma añeja de “tratar” de socializar. Ellas van, directas y firmen, a seguir forjando su comunidad. La más grande del mundo, ayer con base en la ciudad de La Plata.

Foto: Antonio Becerra

Es la primera vez de BTS en Argentina y el murmullo de sus tres shows en La Plata empezó hace meses. La Municipalidad tuvo que desplazar algunos campamentos que se armaban en la entrada del Estadio Diego Armando Maradona (DAM) ni bien salieron a la venta las entradas. Estamos hablando de meses antes de que finalmente llegue este miércoles lluvioso y frío de octubre. Uno podía transitar la ciudad y siempre ver un grupo de carpas cerca del DAM. La insistencia iba a ser una política de acción. La Plata no está preparada para recibir a 180 mil personas, y sus familias, en una misma semana. Por eso los campamentos, y por eso el temor para la planificación. Desde temprano a la mañana, se vieron filas de colectivos en la Autopista Buenos Aires-La Plata y un operativo recargado para que el colapso sea solo el grito de las Armys a la hora de la verdad.

Foto: Antonio Becerra

Y entonces el miércoles, desde la nueve de la mañana, la rambla de calle 32 empezó a modificar su forma y sus colores. Empezaron a llegar y a tocar el pasto ellas, las Armys. Había una chica disfrazada de vaca ofreciendo glitter gratis. Era de Capital y fue comprando sus productos desde principio de año. “No quería pintar a diez Armys y que al mediodía se me acabe el glitter”, contó a Rolling Stone. Tres amigas están vestidas de rojo, onda caperucitas. Hay muchas con vinchas peludas, tienen orejas de animales o directamente algo que brilla. Pasan por la esquina de calle 32 y 19 varias con especies de kimonos, acercándose a una vida oriental. La verdad es que no hay un look definido para ellas, hay apropiaciones de cualquier tipo de moda. Quizás la clave sea verlas a todas juntas, en su diversidad, y unidas por los mismos símbolos que aparecen montados en todos esos looks recargados. Los pilotos de colores estaban a cinco mil pesos al mediodía, pero después de las 18 se cobraron quince mil. Había de todos los colores.

Foto: Antonio Becerra

Cuando empezó a moverse la fila de la popular, que llegó en su momento máximo a ocho cuadras de extensión, las chicas empezaron a cantar “abuela, lalalalala, abuelaaa”, mientras pasaba una señora con rasgos orientales por el costado. Tenía puesto una camiseta argentina, y arriba una remera blanca con la estampa del grupo, y arriba un piloto de lluvia. La abuela BTS, además, se cubría con un paraguas gigante que tenía estampados a los bichitos de la comunidad BTS y del que sobresalía una bandera de Argentina y otra de Corea del Sur. La acompañaba su nieta, que estaba vestida como una samurai con tonos negros, vincha de guerrera incluida. Antes de entrar al estadio, aclaró: “Mi abuela es de allá, de Corea del Sur, y los escucha desde siempre”.

Las madres y los padres de las Armys saben que serán jornadas largas. Algunos de ellos tienen entradas para los tres días. Cargan, entonces, con todo. Heladeritas con refrigerios, mantas y paraguas, reposeras chicas y grandes. Llegan de todo el país y también de Latinoamérica. La rambla gruesa que se extiende sobre la Avenida 32 es un campamento infinito y mucho más colorido que una misa ricotera. Esto es un picnic K-pop. Carlos, de Rosario, tiene una campera a estrenar de Central. Son las dos de la tarde y ya está cansado. Tirado en el pasto, porque ya ni la reposera le sirve, le dice a Rolling Stone sobre su hija Army: “Si ella me aguanta con Di María yo lo tengo que hacer con sus surcoreanitos favoritos”.  

Dieron puerta a las 16:30 y la organización entre las Armys bastó para que nada colapsara. La seguridad del evento estaba asombrada, sólo hacía chistes al pasar. Durante todo el miércoles, trascendían por las redes sociales las banderas que cada una había hecho. Montajes con IA de la banda con simbología folklórica argentina. Como un Paint del siglo XXI haciendo base en los hermosos años veinte. Diseños con los colores de la bandera del país y adentro el barrio (La Matanza, Flores, Gerli, Lomas de Zamora) con alguna foto de la banda, agregados de escudos de fútbol y algunos chistes del deporte nacional. Muy buena la de Messi dándole un besito en la nuca a Jimin (uno de los integrantes de la banda). Su propia copa del mundo. Ya adentro del estadio se activó la furia del alarido. Daba la sensación de que iban a hundir la ciudad. Es un ruido de tormenta de fin del mundo que le agrega algo de comic de drama y aventura si tenemos en cuenta los “lightstick” que todas activan cuando están juntas. Son un millar de guerreras alabando lo divino.

Foto: Antonio Becerra

Definitivamente las Armys representan un nuevo actor social en la vida cultural del país y del mundo. Da la sensación de que es una generación que llegó con todo absorbido y que, de eso, hacen algo interesante. Saben consumir las redes, filtrar el despiste y el agobio. Son capaces, y tienen ganas, de generar comunidad, porque la unión hace la fuerza. No están en pose, trabajan sus looks por la pasión de una identidad. Generaron un lenguaje y una forma de habitar este mundo con todos sus peligros, con todos los controles tecnológicos con los cuales la sociedad se rompe. Las Armys son alegres y fuertes, dedicadas y pasionales. Y cuando tienen un objetivo, lo cumplen. No importa el tiempo que eso les lleve, nunca pierden la paciencia. Quizás sea una generación con un impacto profundo en nuestra vida social. Entienden todo. 

Algo de eso sienten los integrantes de la banda más grande del k-pop. Y encima vinieron a chequearlo por primera vez a la pasional Argentina. “Fuera de joda, son el mejor público”, expresó Taehyung durante el primero de los tres shows de BTS en La Plata. De fondo se escucha la furia del alarido.

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