Adelantarse a los movimientos sociales puede implicar liderazgo, influencia, vanguardia, pero a veces puede también dejarte un poco solo e incomprendido. Eso es lo que le ocurrió a The Slits, una de las bandas más particulares del rock a fines de los setenta en Inglaterra. Su historia se cuenta en Here to be Heard, documental dirigido por Bill Badgley y estrenado en 2017, pero que se puede ver en la actual edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici), dentro de la sección de documentales de rock Britannia Lado B: We Will Rock You. La última de tres funciones será este sábado 12 de abril a las 22.05 en Cine Arte Cacodelphia (Roque Sáenz Peña 1150).
The Slits se formaron en 1976, plena explosión punk londinense, como otros grupos, tras el shock cultural de presenciar un concierto de los Sex Pistols; pero con la singularidad de contar solo con chicas en su formación, adelantándose un par de décadas a lo que sería la escena riot grrrl y aún más a la incontenible fuerza renovadora del feminismo en el rock y en la música en general. Lo que las convierte hoy en referentes clarísimas, pero por algo que en su hora les costó demasiado caro, incluso dentro de una corriente como la del punk, que supuestamente venía a cuestionar lo establecido y a desafiar al conservadurismo. Para librarse del machismo, al rock le faltaban (faltan) décadas, y The Slits lo padecieron con críticas y hasta con ataques violentos.
Después de algunos cambios iniciales, la banda se estableció con su cuarteto más recordado: la cantante Ari Up, la guitarrista Viv Albertine, la bajista Tessa Pollitt y la baterista Palmolive. Sobre cada una de ellas podría hacerse un documental aparte; especialmente, la inclasificable Ari Up, fallecida muy joven, en 2010, espíritu indómito, artista precoz y visionaria impulsiva. Y quizás por eso, justamente, al director y guionista Bill Badgley la historia se le va un poco de las manos y deja con las ganas de saber mucho más. No cuenta, por ejemplo, que Palmolive es española ni tampoco cómo fue que, siendo una adolescente, llegó a Londres y vivió con Joe Strummer (antes de formar The Clash) en un squat o casa tomada; tampoco menciona que la madre alemana de Ari Up, y apoyo logístico y emocional fundamental para The Slits, era pareja de John Lydon; ni queda claro por qué esta película cuenta con muy ricos testimonios de todas las músicas sobrevivientes, pero jamás vemos a dos juntas en un mismo lugar; un ataque con cuchillo a Ari Up es apenas referido al pasar; luego vemos el testimonio de Paul Cook, baterista de Sex Pistols, pero cuesta entender a cuento de qué, ya que nunca se aclara que precisamente su hija, Hollie Cook, se sumó a The Slits cuando se reformaron en los 2000 (*).
(* En Bafici, Here to be Heard se proyecta con un subtitulado automático en castellano con tantos y tan críticos errores, que funciona sobre todo como una reivindicación de la noble tarea de los traductores formados frente al avance de la IA).
Detalles al margen, la historia de The Slits es alucinante y resiste algunas inconsistencias. Sobre todo gracias al material de archivo fílmico (en parte rescatado de la filmoteca del gran cineasta del punk Don Letts), fotográfico y de prensa (directo de la carpeta personal de Tessa Pollitt, como se puede ver en pantalla). Es notable cómo la banda saltó con entusiasmo al tren del punk, pero con la misma seguridad se bajó muy pronto, con sus integrantes decepcionadas y/o movilizadas por aspiraciones artísticas superadoras y por el ansia de libertad total. También, cómo se adelantaron a la integración del rock and roll con el reggae, la famosa “Punky Reggae Party” de la que habló Bob Marley al mismo tiempo que ocurría. Y luego cómo abrazaron la world music (para horror de muchos punks) y el dub (que, sorpresa, sería la apropiación cultural de moda recién unos 30 años después).
Here to Be Heard es un testimonio imprescindible, igual que Cut, el impresionante LP debut de The Slits, de 1979, producido por Dennis Bovell. “Descubrir a The Slits te cambia la vida. De hecho, escribir su biografía me hizo feminista, aunque ellas no se identificaran como tales. Porque escucharlas te hace sentir empoderada”, explicó Zoe Howe, biógrafa de la banda, antes de una de las proyecciones del documental en el Bafici.


