Julia Mestre, una carioca al frente de la nueva camada de talentos brasileños

Una nueva generación de artistas que revoluciona la escena y se mezcla con los próceres de la MPB, ahora se expande hacia Argentina

Por  LUCIANA MIRANDA SEQUEIRA

agosto 24, 2026

GABRIEL GALVANI (GENTILEZA)

La púa cae sobre el vinilo y eso que suena viejo no es viejo: es un truco. Es una generación entera de chicos y chicas con los pies y el ADN metidos hasta el fondo en Brasil, que agarra su folklore, lo abraza primero, siempre primero, y recién después lo hace chocar con los ritmos del resto del mundo. Rescatan discos (son devotos del octogenario guitarrista y tecladista carioca Arthur Verocai), maneras de grabar, la calidez de lo analógico, la cinta corriendo, para llegar a un sonido que se reconoce en el cuerpo antes de entenderse con la cabeza. Conocido, sí. Pero con otra vuelta de rosca. Y esa vuelta de rosca es todo.

Si bien existieron diferentes momentos en los que había indicios de que algo se estaba gestando, la explosión se dio encerrados. En 2020, en plena pandemia, cuatro amigos del colegio decidieron pasar la cuarentena juntos en un departamento de Río de Janeiro y de esa convivencia nació Bala Desejo, una banda de fuerzas compuesta por: Dora Morelenbaum, Julia Mestre, Lucas Nunes y Zé Ibarra. La juntada tuvo lo único que la peste podía regalar: exposición digital y ojos de sobra buscando algo a lo que agarrarse. Terminó en Sim Sim Sim, disco ganador del Latin Grammy 2022 en la categoría Mejor Álbum de Pop Contemporáneo en Lengua Portuguesa. Por si hiciera falta la confirmación del suceso, “Passarinha”, una de sus canciones más escuchadas, sonó en la novela Travessia de Rede Globo. Todo lo que en el país vecino se llama un fenómeno.

Pero en la letra chica es donde está el verdadero relato. Ese disco lo editó Coala Records, sello brasilero dedicado a la vanguardia de la música brasileña contemporánea. Sí: ese Coala, el que vino del Festival. Y después, cuando los integrantes se largaron como solistas, apareció Mr. Bongo, un sello independiente británico con base en Brighton que se dedica a las músicas del mundo. Con eso pusieron un pie del otro lado del charco, para estirar la influencia y exportar las canciones. De un departamento en Copacabana a las bateas del Reino Unido: el mapa lo dibujaron ellos.

Hoy el grupo ya no existe. Pero dejaron algo escrito con fuego: en la música popular brasileña, el futuro llegó hace rato. Y llegó, además, por un cruce generacional que no cayó del cielo, nació gracias al Coala Festival.

La máquina de encuentros

El Coala se creó en 2014 en São Paulo, fundado y curado por Gabriel Andrade, con una idea tan simple como necesaria: darle un gran escenario a la música brasileña en un momento en que los festivales de la ciudad apostaban sobre todo a artistas internacionales. Con los años se transformó en referencia por sus “encuentros”, esas colaboraciones inéditas que no pasan en ningún otro lado, y por una idea que es casi una ética: el pase de bastón entre las grandes figuras de la MPB y la nueva generación.

La lista de quienes pisaron ese escenario es imponente: Gilberto Gil, Gal Costa, Milton Nascimento, Ney Matogrosso, Caetano Veloso, Jorge Ben Jor, Liniker, entre otros. Y la de quienes se subieron juntos es donde aparece la magia: Marcos Valle, Céu y Joyce Moreno; Fernanda Abreu y Marina Lima; Fafá de Belém y Johnny Hooker; Jards Macalé y Ana Frango Elétrico. El Coala no arma grillas: arma parentescos.

En la edición 2022 pasó algo mínimo y enorme a la vez. Gilberto Gil subió al escenario en familia, su hijo Bem Gil en guitarra y bajo, su nieta Flor Gil en teclados y voz y, al lado de ellos, también en guitarra y bajo, un tal Guilherme Lirio. Y ahí se desprende el otro punto, el que sostiene toda esta historia: la nueva generación se mezcla.

Un árbol genealógico

El hilo es un policial como The Wire, la serie de David Simon, en la que una persona buscada te deriva a un tablero de pruebas lleno de implicados. Empecemos por Guilherme Lirio, guitarrista y bajista que aparece en todas partes. Tocó en la banda de Gilberto Gil, sí, pero además coprodujo, con la propia Frango,  el single en el que ella reversiona a Marcos Valle, “Não Tem Nada Não”, con el mismísimo Valle cantando. Y mete la guitarra en Pique, el disco debut de Dora Morelenbaum, y en AFIM, el segundo de Zé Ibarra.

Frango, una de esas artistas superlativas que aparecen esporádicamente, produjo Pique entero, donde aparece el track “Essa Confusão”, canción que Dora firma a cuatro manos con Zé Ibarra. Y esa misma canción también está en AFIM: Ibarra la regrabó, con arreglo de cuerdas del cellista Jaques Morelenbaum, padre de Dora, y para producir el disco eligió a su excompañero de banda, Lucas Nunes, que lo coprodujo. Nadie se suelta la mano.

Estos cruces también se asemejan a una telaraña. Un movimiento de artistas que graba en cinta, que pone el foco en la producción, en el cuidado de los instrumentos, en la vuelta a lo analógico como quien vuelve a la casa materna.

Y de esa telaraña salen, ahora mismo, dos hilos que llegan a Buenos Aires. La otra pata de Bala Desejo, Julia Mestre, presenta Maravilhosamente Bem el 29 de agosto en Deseo Club, Av. Chorroarín 1040, CABA, junto a Chechi de Marcos (entradas acá). Y Marcos Valle, ese señor cuyos discos hacen explotar todos los sets de los DJ que pinchan en vinilo, se presenta junto a Frango en el mismo espacio el 16 de septiembre (entradas acá). Un anticipo de lo que va a ser esta primavera porteña.

Padrinos mágicos

Además tienen padrinos mágicos, y de los grandes. Zé Ibarra acompañó a Milton Nascimento en su gira de despedida, guitarra y voz al lado del maestro, un pasaporte a la visibilidad internacional, y comparte escenario con Ney Matogrosso, que le regaló algo más difícil de comprar: transversalidad etaria, el don de sonarles a los pibes y a los abuelos al mismo tiempo.

Y está Dora, que además de tener un debut cinco estrellas como Pique, carga con un apellido que es una partitura. Es hija de Jaques Morelenbaum, arreglador que trabajó con Tom Jobim, Caetano Veloso y Gal Costa, y que hasta se dio el lujo de un cameo en Hable con ella de Pedro Almodóvar. Su mamá, Paula Morelenbaum, fue integrante de la “Nova Banda” de Jobim. El álbum de Paula Telecoteco, de 2008, debe su nombre a una palabra del ambiente brasileño de los años 50 para “swing”; nació de su propia investigación sobre las canciones de las décadas del 40 y del 50, y en lo musical es, otra vez, siempre otra vez, una integración de sonidos acústicos y electrónicos.

Ahí está la clave del encuadre: esa mezcla de investigación y presente es exactamente la misma que usan también artistas como Tim Bernardes, Rubel, Sessa, Marcelo Cabral, Bruno Berle. Es una manera de escuchar el pasado sin nostalgia y de grabar el futuro sin miedo.

Bala Desejo se disolvió, sí. Pero el tendal quedó a la vista: solistas repartidos entre São Paulo, Río, Brighton y, en unas semanas, Buenos Aires. La cinta sigue corriendo. El folklore, primero. El mundo, después. Y el futuro, ya está dicho, llegó hace rato.

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