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Imagine Dragons en Buenos Aires: combustible espiritual para las masas

El grupo liderado por Dan Reynolds ofreció su cuarto show en Argentina, cargado de mensajes motivacionales y pop-rock efectivo y apto para todo público

Por  FEDERICO MARTÍNEZ PENNA

marzo 10, 2023

Foto: Miru Trigo

Cuesta distinguir qué vino primero, si la épica o Imagine Dragons. Tomemos “My life”, el tema de apertura de su show, anoche en el Campo Argentino de Polo de Palermo, como muestra del relato de la banda: un hombre destrozado al que le cuesta encontrar la razón de su existencia y pelea contra la adversidad. Mientras narra su problema con un tímido piano de fondo y algunas cuerdas, se da un momento de catarsis máxima que sugeriría que el hombre tiene las herramientas para sobreponerse a esa crisis. Un bombo con reverb se abre paso a los codazos, unas líneas de sintetizadores vuelan in crescendo debajo de guitarras en modo The Edge.

Apenas minutos más tarde, para el radial “Believer”, Dan Reynolds se libera de su campera negra y estalla en arengas constantes. Mientras recorre la pasarela, las explosiones de humo marcan su bronceada figura de adonis recién salido del box de crossfit. Cuando esa imagen se detiene y las luces se apagan, las pantallas proyectan videos luminosos en 4K, de almas conectadas en un mismo planeta, y mensajes pastorales que bien podrían calzar en la programación televisiva post-medianoche. Y así va a ser durante las dos horas de show.

(Foto: Gonzalo López)

Desde los inicios, la banda apostó al estímulo y la grandilocuencia. En su carrito de compras hay cosas de U2, The Killers, Muse, con un poco de EDM. Así es “Thunder”, por ejemplo, el relato unipersonal de Reynolds, ya sumido en su cruza de Hulk y motivador serial a la Tony Robbins. Debajo, una audiencia familiar sonríe y corea a los gritos. Esta es una congregación de la resiliencia, del soltar, de espiritualidad light y posteos del “si yo pude, vos también podés” en Linkedin. Parecería algo sectario, pero es más bien todo lo contrario; todos tienen lugar en este show (la banda de hecho es conocida por su filantropía y colabora con diferentes organizaciones, desde Amnesty hasta The Trevor Project).

Pero el problema es justo ese. Todo se mezcla en una gruesísima piel que podría costar atravesar si no estás del todo convencido. Si lográs hacerlo, o te da lo mismo, hay una cuota de gratificación. Y no es que no haya aptitudes porque, claro, las hay: Reynolds es un gran cantante y showman, que se toma a sí mismo y a su relato muy en serio. En “Follow You”, teatraliza y le canta a los ojos a cada uno de los que tiene enfrente, mientras una lluvia de trompetas ofrece la melodía perfecta para que un coro de miles de argentinos, que llenan el Campo de Polo, exclame: “Yo te voy a seguir hacia donde vos me lleves”.

(Foto: Miru Trigo)

La banda suena ajustada, perfecta, casi mecánica. “Natural”, un soul blanco irresistible es una muestra fiel de que Wayne Sermon (guitarra y teclados), Ben McKee (bajo) y el sesionista Andrew Tolman en batería saben cómo seguir el pulso. Pueden ser en partes iguales rockeros, electro-bluseros, funkies o desfachatadamente pop. Hasta la potente balada “Next to Me”, a volumen más bajo, funciona en todos sus vértices. Inclusive se animan a bordear el country-folk con “I Bet my Life” en el segmento acústico al pie del escenario.

Ya pasado el intimismo, y algún que otro video épico, el electro-R&B-rapeado de “Whatever it Takes”, que bien podría ser parte de algún reel de deportes extremos y bebidas energéticas, vuelve a subir la apuesta. Después de todo, la letra dice: “Amo esta adrenalina en mis venas”.

Luego de una travesía entre la gente del campo, Reynolds pone a prueba sus cuerdas con el confesional “Bad Liar”. Y sigue después con la diatriba ATP: “Para cualquiera de ustedes que estuvieron solos o deprimidos, si tenés alguien con quien hablar, hablá. Si tenés un amigo, padre o terapeuta. Eso no te hace frágil. Tu vida siempre vale la pena. Te necesitamos, seguí vivo, seguí en terapia. ¿Están conmigo?. Sigamos cantando, bailando, amando”.

(Foto: Miru Trigo)

Casi en las esquirlas de la noche, “son el mejor público del mundo” mediante y camiseta argentina en mano (Reynolds entonó brevemente “Muchachos…” para placer de todos), Imagine Dragons ponía el desenlace en su guion de lucha. Es difícil no sentirse invencible y capaz de todo al escuchar la grandiosidad del coro de “On Top of the World”, y hasta cargarse de esperanza, como si el mundo no fuera un lugar tan malo a pesar del apocalipsis de “Radioactive”.

Algunas piñatas dispersas y la lluvia de papeles dorados aumentan esa noción. “Sentí el viento en tu pelo, no podemos estar más arriba”, decía Imagine Dragons con el cierre de “Walking the Wire”. Podés estar ahora sentado en un cubículo en tu oficina, en un trabajo que quizás no te guste, en una situación financiera que tal vez no sea la mejor o atormentado por una relación que no te llena. Pero ayer, al menos por dos horas, el mundo se sintió como un lugar diferente.

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