El bolero, la rumba, la cumbia, la bossa nova y el tango son algunos de los ritmos que aborda Enrique Bunbury en el flamante Cuentas pendientes, un álbum con una impronta definitivamente latinoamericana. No es la primera vez que el cantante zaragozano, exlíder de Héroes del Silencio, incursiona en estos géneros. En Licenciado Cantinas, su álbum de 2011, ya había transitado por la obra de autores clásicos, como el mexicano Agustín Lara (“El mar, el cielo y tú”), el nuyorican Willie Colón y el boricua Héctor Lavoe (“El día de mi suerte”), la mexicano-estadouniense Lhasa de Sela (“Pa’ llegar a tu lado”) y el argentino Atahualpa Yupanqui y su compañera Nenette, que firmaba como “Pablo del Cerro” (“El cielo está dentro de mí”), entre otros.
Pero, ahora, el approach es diferente. “Quería hacer un disco en profundidad, un álbum más ortodoxo, en el que contara con músicos que no provinieran del rock, sino que tuvieran el conocimiento de los ritmos y los palos de cada uno de los los géneros latinoamericanos: de la raíz. De eso se trata Cuentas pendientes. A diferencia de otras veces en las que he querido hacer discos en los que había algo de latino, pero siempre mucha mezcla de otras cosas, por eso los llamaba géneros bastardos, porque estaban contaminados por otras influencias que yo tenía. Este, en cambio, es un disco muy enfocado”, define el artista, que ni por asomo aparenta los 57 años que indica su pasaporte.
Cuentas pendientes, producido por Ramón Gacías y el propio Enrique Bunbury, fue grabado en una casa estudio en El Desierto de los Leones, en México. Bunbury estuvo acompañado por el guitarrista Sebastián Aracena (colaborador de Mon Laferte), el tecladista Jorge Rebenaque, el bajista Luri Molina, el baterista Ramón Gacías y el percusionista Johnny Molina.
El origen de muchas de las canciones se confunde con la composición de Greta Garbo, su álbum de 2023. “Noté que había varias que tenían este carácter, digamos, de raíz, del folclore hispano y latinoamericano. No cuadraban dentro de lo que pretendíamos hacer con Greta Garbo, entonces esas canciones quedaron un poco apartadas y volví a ellas después de terminar el disco de Greta Garbo. Decidí continuar en esa dirección pensando en hacer un disco de composiciones propias dentro de esa estética. Yo ya había hecho un disco como Licenciado Cantinas, que era de versiones de canciones latinoamericanas y había tenido unos acercamientos tímidos, digamos que con algunas pinceladas que aparecían en discos de la época con el Huracán Ambulante”.
El Huracán Ambulante fue el primer grupo que lo acompañó en su aventura como solista, desde 1997, cuando publicó Radical sonora hasta 2005, cuando grabaron Freak Show, y esos mismos músicos son los que forman parte de la gira que el artista español comienza en México y que pasará por el estadio de Ferrocarril Oeste, en el barrio porteño de Caballito, el 27 de septiembre. Ellos son Rafa Domínguez en guitarra, Del Morán en bajo, Copi Corellano en teclados, Ramón Gacías en batería, Ana Belén Estaje en violín, Luis Miguel Romero en percusión, Javier Íñigo en la trompeta y Javier García-Vega en trombón y guitarra española.

Cuando Bunbury cae en la cuenta de que en la cancha de Ferro acontecieron recitales históricos como los de Charly García (en los 80, en los 90 y en los 2000 también) y de que también fue la sede del debut de The Cure en Argentina, siente el impacto. “La historia de los venues pesa a nivel emocional, obviamente. Te sientes formando parte de una historia que ha ocurrido en lugares míticos. Con la gira del año pasado estuvimos en el Madison Square Garden de Nueva York o en el Forum de Los Ángeles, lugares en los que han tocado todos los artistas que nos han emocionado. Y de alguna manera, al pisar ese escenario sientes una energía que te invade de una forma especial. En el caso de Ferro, va a ser realmente muy bonito el pisar ese escenario y poder cerrar allí la gira. Pero además volver a Buenos Aires siempre es motivo de celebración. Así que será como un triunvirato de celebraciones que, definitivamente, va a ser muy emocional”, asegura.
Una de las diez nuevas canciones que integran el flamante trabajo de Bunbury es “Como una sombra”, que tiene aires de tango, y que luego, no sin la habitual carga épica del artista, evoluciona hacia un ritmo abolerado, con tintes caribeños. “En un principio, lo planteé más cercano a la copla. Pero, de repente, ahí encontramos cierta cercanía en el ritmo, ¿no? En el 2×4. Así que yo creo que sí se entremezclan un poco la copla y el tango en esa canción”, expone.
“Yo ya me había acercado al género interpretando principalmente versiones de tangos que me apasionaban, ¿no? De Enrique Santos Discépolo, ‘Confesión”, por ejemplo. Canté también ‘La última curda’ [Aníbal Troilo y Cátulo Castillo] y ‘Cosas olvidadas’ [Antonio Rodio y José María Contursi], que me encantaba. La verdad es que me apasiona cantar tangos. Pero por otro lado, en algún momento, y digo esto con todos los respetos, pienso en Julio Iglesias y en otros que lo hicieron y digo ‘no quiero sonar tan español haciendo tango”, confiesa.
Dijiste alguna vez que Enrique Santos Discépolo es tu compositor de tangos favorito. ¿Tuviste a alguien que te haya hecho de guía en su obra?
Me definiría como un “estudiante libre”, digamos, que va deambulando por los discos y por las grabaciones con escaso conocimiento, pero con mucha intuición. Cada vez que he ido a distintos países, no solo en Latinoamérica, porque también lo he hecho en Europa, ya desde la época de Héroes, siempre me he interesado por la música que se hacía en cada lugar que me tocaba visitar. Entonces, me hacía con discos e iba a las tiendas. A veces hablaba con el dependiente de la disquería, o con alguien que te acompaña por parte del promotor… O el runner. O simplemente se trata de escuchar lo que está oyendo el conductor de la van. Se trata de estar siempre con el oído abierto. Y también me ha gustado mucho buscar en el dial de la radio en cada lugar al que iba dónde pinchaban música popular, ¿no? Me refiero a músicas de raíz, porque la verdad que escuchar la radio de fórmula con los hits del momento no me acaba de interesar demasiado. Tiene que ser alguien que te esté mostrando música interesante, sea actual o sea antigua.
¿Algún recuerdo en particular?
Pues recuerdo en Perú estar escuchando una radio que transmitía las 24 horas músicas de Chabuca Granda. Eso era gloria pura, ¿no? Y en Argentina he hablado con mucha gente sobre tango. Y me recuerdo también hablar con Andrés, ¿no? Andrés Calamaro sabe muchísimo de tangos. Y claro, es una persona que te puede guiar y puede hablar de a montones. Yo no sé, realmente, quién me llevó a que mi cantante de tangos favorito sea Roberto Goyeneche, pero él es con el que más he profundizado, con el que más conecto. Incluso me he comprado vinilos y los he disfrutado muchísimo.
Los ritmos bastardos
La curiosidad, intrínseca a la personalidad de Bunbury, se ha manifestado de muchas maneras. Una de ellas, en su ambición de estirar, o borrar, los márgenes entre los distintos géneros. No sería errado decir que ha sido uno de los pioneros del mestizaje, desde los inicios de su carrera como solista. De alguna manera, puede entenderse a El Madrileño, la obra maestra que C Tangana publicó en 2021, como una obra que forma parte del legado de Bunbury. “Yo creo que El Madrileño es el disco más importante que ha salido de España en bastante tiempo. Creo que es un disco intergeneracional, porque ha llegado a distintas generaciones, pero también ha conectado el pasado y el presente. Que nos ha hecho recordar a muchos que formamos parte de un legado que vamos tomando como en una carrera de relevos y que hay nuevas generaciones que van incorporando nuevos elementos a una tradición”, argumenta el zaragozano.
Y recuerda una vieja conversación: “Alguien me dijo en un momento que no se podía ser fan de Bob Dylan y de David Bowie al mismo tiempo. Y yo no entendía esa frase, más bien me parecía una tontería porque, precisamente, son dos de mis autores favoritos. Sin embargo, entendía lo que quería decir en cuanto a que Bob Dylan es un músico que siempre ha mirado hacia atrás a la hora de buscar sus de dónde viene su música y la música que quiere realizar. David Bowie, en cambio, siempre ha mirado hacia adelante, o bien hacia el presente o bien hacia un futuro inmediato para intentar combinar su creación con los elementos de vanguardia. Pero a mí me interesan las dos cosas y creo que eso es lo fascinante de El Madrileño, que nos muestra que esas dos cosas, la mirada hacia adelante y la mirada hacia atrás, pueden conjugarse en un solo álbum”.

A la hora de mirar hacia atrás, Bunbury deja en claro el rol que ocupó Moris, pionero del rock vernáculo, en la escena rockera de la Península Ibérica a fines de los años 70, cuando llegó escapando de la dictadura cívico-militar que gobernaba la Argentina. “Nunca tuve oportunidad de conocerlo”, se lamenta. “Pero creo que hubo un momento durante la transición española en el que hubo una llegada de argentinos a Madrid que renovaron y refrescaron la visión que teníamos del rock and roll. España en ese momento estaba en otra. Los 70 habían sido una época muy progresiva y esta visión del rock and roll de una forma tan fresca y tan ligada a una new wave que se estaba haciendo ya en Nueva York y en Inglaterra, todavía no se estaba haciendo en España. Y, de hecho, muchos de los artistas que salieron luego con lo que se llamó la movida madrileña, digamos, no recuperaron esa aportación. Entonces, es una isla interesante la que aportaron artistas como Tequila y Moris, principalmente, al rock español. O al rock en español, porque afortunadamente eso es un viaje de ida y vuelta”.
Bunbury ostenta una ambición que transciende la composición y la interpretación de las canciones. Como hemos visto, es un melómano consumado, pero también ha escrito poesía y la literatura es otra de sus áreas de interés. Esa afición es compartida con otro de sus referentes, Santiago Auserón, líder de Radio Futura. “Partamos de lo siguiente: si yo existo es porque ha existido antes Santiago Auserón. Para mí es el primer referente que me emocionó escuchar cantando en nuestro idioma. Encontré en él una conexión dialéctica y una conexión lírica, y una forma de cantar que para mí ha sido la semilla de donde yo he surgido. Entonces, yo siempre le estaré muy agradecido a Santiago, a Radio Futura, todo lo que ha hecho como Juan Perro y luego él evidentemente. Aunque en ambos casos tenemos una visión de la música muy antropológica, nos ha interesado cómo la música, socialmente e históricamente, se ha ido empapando de distintas culturas. Creo que es por eso que a ambos nos han gustado las ciudades portuarias en las que se ha, digamos, contaminado la sociedad y se ha contaminado también la música. Nueva Orleans, La Habana, Buenos Aires, Barcelona, puertos de llegada y de salida, y de comunicación y de comunión, que han hecho que se crearan nuevos géneros musicales precisamente por ese contacto con otras culturas. Santiago Auserón, en sus escritos, digamos, ha sido mucho más sesudo de lo que yo soy, ¿no? Lo que yo he escrito literariamente ha tenido una inclinación más hacia lo poético y menos hacia el estudio”.
En muchos textos biográficos te pintan como un adolescente muy rebelde. Al mismo tiempo, y muy tempranamente, fuiste muy lector. ¿Qué eran los libros para vos en ese momento?
Siempre tuve inclinación natural hacia las artes y hacia la abstracción. En la escuela lo que me interesaba era principalmente la literatura y la filosofía. Esos eran mis intereses y todo lo demás me aburría soberanamente. Y es cierto que, no sé si delincuente juvenil, pero sí que fui un personaje contrariado y enfadado con la autoridad. Eso, de alguna forma, me hizo cuestionar siempre lo establecido e intentar buscar otras vías de expresión y de pensamiento. El cuestionar la autoridad, cuestionar lo aprendido o lo que intentan inculcar como narrativa oficial, todo eso ha formado mi carácter. Y, obviamente, la literatura, aunque llegó un momento en el que chocaba con los profesores, porque de repente algunas lecturas me aburrían y prefería investigar otros autores que me interesaban más. Pero la verdad es que con el tiempo he agradecido mucho leer cosas que yo no sé si todavía se leen en la escuela. Por poner un ejemplo, literatura medieval.
Hablando del pasado, se cumplen 20 años de la última gira que hiciste con el Huracán Ambulante y este regreso es un modo de celebrarlo. Pero también se cumplieron 18 años del DVD que lanzaste con Nacho Vegas en el Teatro Liceu de Barcelona. ¿Cómo te llevás con el paso del tiempo?
Es una pregunta filosófica importante, ¿no? Yo estoy por un lado un poco nostálgico y por otro lado siempre me han gustado los distintos momentos vitales que te sugiere la vida. El hecho de cumplir años a mí me emociona, porque entras en distintas etapas que suponen aprendizajes y retos. “Para nada soy de los que echan de menos la juventud. Digamos, ese periodo hasta los 30 o 35 años. Considero que la que estoy viviendo es una etapa estupenda y magnífica, a nivel físico e intelectual. Y me apetece todo lo que viene por delante, ¿no? No le tengo miedo ni a la vejez que llegará, espero, ni a la muerte. Son momentos por los que tienes que pasar. Con respecto a mirar hacia atrás es curioso que, de repente, discos como, por ejemplo, el que hicimos con Nacho Vegas y ese concierto del Liceo, que parecían mucho más cercanos, de repente ¡wow!, se distancian. Pero claro, han pasado muchas cosas entre medio. He grabado muchos discos, he hecho muchas giras, he pasado por distintas situaciones que me han parecido enriquecedoras y emocionantes. Obviamente, no todo en la vida es fabuloso. Te encuentras con tropiezos, obstáculos y circunstancias que te duelen. Pero todo forma parte de esta magnífica oportunidad que tenemos, que es la vida en sí misma. Entonces, bueno, me lo tomo con filosofía.
Hace unas semanas fue la despedida de Joaquín Sabina acá en Buenos Aires. ¿Cómo te llevás con la idea de saber que no vas a verlo más arriba de un escenario?
Yo estoy viviendo ahora en Los Ángeles y no fue hace mucho que se presentó aquí. Y por razones de agenda no pude ir a verlo. Obviamente me fastidió el perderme esta posibilidad. Lo he visto en varias ocasiones, pero me imagino que estará siendo muy emocional. Y quedan las canciones, ¿no? Está la frase esta magnífica sobre Carlos Gardel, que cada día canta mejor. Hay veces que podemos pensar que nos perdemos la posibilidad de escucharlos en vivo, pero queda la grandiosidad de los discos, que nos pueden acompañar siempre,
Esta pregunta, en verdad, venía a cuento de que hace un par de años por un problema de salud vos pensaste que era el final de tu carrera arriba de los escenarios. ¿Cómo atravesaste emocionalmente ese momento?
Durante prácticamente un año yo me hice a la idea de que eso era una realidad, que nunca más me iba a subir al escenario. Entonces me reconcilié con eso. Pensé que era algo que perdía, pero también algo que ganaba. Ganaba tiempo, por ejemplo, porque las giras te quitan mucho tiempo de vida viajando. Yo he hecho giras de más de dos años y eso te impide hacer muchas otras cosas que quieres hacer en la vida. Entonces, pensé, bueno, va a ser una posibilidad fantástica para realizar otras actividades artísticas y, también, por fuera de lo artístico. De hecho, después de eso, mi visión de las giras ha cambiado radicalmente. Este año hacemos solamente 15 conciertos. Me planteo el subirme a un escenario como una parte no mayor de mi vida. Sigue teniendo importancia, y me sigue gustando, pero no sé si voy a volver a hacer una gira de un año, de 60 o 100 conciertos. Yo creo que no.


