“El Agujerito era un ritual”: un documental cuenta la historia de la mítica disquería porteña

Por más de 50 años, aquel rincón de una galería céntrica fue zona de encuentro, intercambio y resistencia contracultural

Por  OSCAR JALIL

enero 11, 2025

Duermevela

“¿Qué hay de malo en quedarte en casa con tu colección de discos? No tiene nada que ver con coleccionar estampillas o posavasos de marcas de cerveza. En una colección de discos hay todo un mundo más simpático, más violento, más apacible, más lleno de color, más sórdido, más peligroso, más adorable que el mundo en el que vivo; en él hay historia, geografía, poesía y otras mil cosas que debería haber estudiado en la escuela o en la facultad, incluyendo música”, dice Rob Fleming, el dueño de una disquería londinense y protagonista de Alta fidelidad (1995), la novela del escritor inglés Nick Hornby. La frase, casi un manifiesto para melómanos sin fronteras, se puede aplicar al inconsciente colectivo que rodea y da vida a El Agujerito, el documental que cuenta la historia de la disquería porteña inaugurada en septiembre de 1969 y que por más de 50 años permaneció como una zona de encuentro, intercambio y resistencia contracultural.

A pasos del Instituto Di Tella. En un espacio mínimo, 20 metros cuadrados, pero con vista a Barbudos, la pequeña glorieta con una barra circular y cuatro mesas donde Jorge Luis Borges y Patricio Peralta Ramos tomaban café, el local número 10 de la Galería del Este se levantaba como el centro del mundo. Ahí, todo era novedad gracias a los hermanos Gabriel y Rolando Epstein, dueños fundadores de El Agujerito, la tienda de discos que importaba vinilos de rock y de jazz recién editados en tierras lejanas.

“Recién llegado del campo, vagabundeo por el centro en una tarde noche de verano de la que recuerdo los colores y la tibieza. Galería del Este, unos pibes de pelo largo, apoyados en la entrada de Florida, hacen que entre como un autómata y me dirija hasta un pequeño local que me sorprende por el nombre: El Agujerito. Y me imagino el centro en el negro de un long play girando y desparramando magia. Época fundacional de mi vida porteña. Despertar glorioso”, dice León Gieco y es tan real como escucharlo cantar un clásico del rock nacional.

La imagen siguiente muestra a Alfredo Rosso en los estudios de FM Rock & Pop entrevistando a los hermanos Epstein. Hablan de otro país, otro planeta. Recuerdos que tienen más de medio siglo y aún suenan cercanos y con la importancia de una experiencia que los marcó. “Para mi generación, El Agujerito era un ritual porque los que amábamos el rock y estilos afines no teníamos forma de hacernos de discos importados”, dice Rosso.

En 68 minutos, el film se centra en una larga serie de entrevistas dosificadas con imágenes de época. Las distintas voces exponen la importancia de un espacio de seducción y aprendizaje de una cultura joven que intentaba cambiar el estado de las cosas.

El coro formado por Renata Schussheim, Rodrigo Fresán, Marta Minujín Andrés Calamaro, Claudio Gabis, Juanse, Nito Mestre, Oscar “Oso” Smoje, Rubén de León, Cecilia Absatz, Andy Cherniavsky, Ana Markarian, Pedro Roth y Narda Lepes, entre otros, revela que los años dorados de la disquería son también los tiempos signados por la censura y represión de las últimas dictaduras militares, de qué modo el espacio resistió el embate y hasta sufrió el exilio para una parte del staff que solía mostrarse en la publicidad de una página que aparecía en revistas como Pelo y Expreso Imaginario.

Es imposible entender la historia de El Agujerito sin el cuidadoso tratamiento de contextualización que proponen los realizadores Ana Hayzus y Leandro Eljall. Tal vez los fanáticos del vinilo extrañen más historias escondidas de aquella disquería. Pero lo que no falta es el registro de aquella mirada vanguardista de los hermanos Epstein en un espacio único que dialogaba con las librerías y las salas de arte de la Galería del Este.

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