De cuando Richard Coleman y Gustavo Cerati formaron Fricción

En 1985 los músicos armaron el grupo junto a Fernando Samalea y Christian Basso, pero con esa formación apenas dieron tres shows. Aquí la historia del germen del grupo que por primera vez desde su separación en 1989 volverá a presentarse en el Quilmes Rock

Por  SEBASTIÁN RAMOS

noviembre 3, 2026

La formación de Fricción que grabó el primer álbum: El Gonzo, Coleman, Mel Gowland, Basso y Samalea

“Fricción nunca fue un proyecto con futuro”. Veinte años atrás, mientras Richard Coleman volvía a poner su guitarra al servicio de una banda de Gustavo Cerati (participó de la protohistoria de Soda Stereo y se bajó antes de arrancar oficialmente como banda y por ese entonces se había sumado a la grabación del disco Ahí vamos y de allí en más se quedaría como guitarrista hasta el último concierto del ex Soda), lo llamé para hablar de Fricción, su primer grupo, que había formado en 1985, casualmente, junto a Cerati. Coleman y Cerati volvían a trabajar juntos después de varias idas y vueltas en su relación y, además, Fernando Samalea, baterista de aquel primer Fricción y también de la banda de Cerati, había encontrado las cintas de los dos primeros conciertos del grupo, en Stud Free Pub, y tenía como proyecto editarlas en un DVD.

A Coleman nunca le gustó demasiado eso de andar revolviendo el pasado, pero en aquella oportunidad accedió gentilmente a recordar cómo fue que se gestó Fricción, la banda “de culto” a la que siempre se negó a reunir. Al menos hasta ahora. “Fricción nunca fue un proyecto con futuro”, me decía entonces, porque para él era como un hobby, “era por el placer de tocar y cantar. No era una banda con proyección, era algo muy privado, todos tenían una banda a la que le estaban poniendo pilas y yo tenía mi actividad, estaba cursando la facultad. Siempre al revés, ja”.

Ayer el Quilmes Rock develó su grilla para el festival de 2027 y entre las grandes y buenas sorpresas estuvo el anuncio de la participación de Fricción con lo que será su primer show desde 1989.

“La primera reunión de Fricción como grupo y la puesta del nombre y todo, fue en octubre de 1984”, recordaba Coleman en aquella charla de 2006. “Yo estudiaba Física, en Exactas, había parado con mi participación en Metrópoli y en Los Encargados y me dediqué a lo otro. En octubre, conversando con Gustavo, con quien se había generado una amistad bastante intensa a partir de que me fui de la primera formación de Soda Stereo, fantaseamos con armar algo para tocar esos temas que tenía. Cuando corto de hablar con él, estoy por llamar a Samalea, levanto el teléfono y aparece: ‘Te estaba llamando’, me dice. Él estaba con Clap y le conté de un proyecto nuevo y lo invité a sumarse. Sama después trajo a Christian Basso”.

Así, los cuatro comenzaron a grabar los primeros demos de Fricción, hasta que Coleman tuvo sarampión y se pasó cuarenta días encerrado. “Tuvimos que parar todo y medio que el proyecto palmó. Cuando me recuperé, vimos salas de ensayos y recién en 1985 nos volvimos a juntar, pero siempre como un proyecto alternativo. Gustavo estaba con Soda, venía de presentar el primer disco. Samalea y Basso seguían con Clap y yo con la facultad.  Era un lugar para probar o experimentar con ritmos y sonidos. Juntarnos a ver qué salía, casi todos los temas eran míos y algunos de Gustavo, que quería probar antes de llevarlos a Soda. Él estaba en una transición, del primero disco a Nada Personal, y había un cambio de sonido. Me acuerdo que tocábamos ‘Ecos’ antes con Fricción que con Soda”.

Después de un par de ensayos, Samalea consiguió unas fechas y con esa formación como cuarteto hicieron los tres primeros (y únicos) shows del grupo: 7 de abril, 6 de mayo y 7 de junio de 1985. “Se armó un poco de revuelo porque se corrió el rumor de que había una banda que no sé qué. En el segundo show vino el A&R y de la discográfica RCA y me ofreció grabar un disco. Le dije que no, que no era la idea, que esta banda no era para grabar porque si hacíamos un disco después no íbamos a poder salir a tocarlo, no podíamos comprometernos a tocar. Le dije: ‘No vamos a grabar nada, esta banda es un evento único’”, contó Coleman sobre aquellos primeros días del grupo.

“En esa época se decía que Fricción era el lado más oscuro de Soda”, me dijo Cerati días después del encuentro con Coleman. “Hacíamos canciones partiendo desde las guitarras, trabajando con delays y pedales estrambóticos. Además, no solo los pedales eran raros, sino también nuestros peinados. Soda se había hecho masivo y generaba mucho trabajo, pero me gustaba mantener esa posibilidad de tocar con Fricción, porque ahí podía delegar más la función como compositor y director de la banda, y me ocupaba más de ser guitarrista. Relajaba mucho más la presión”.

Tras la salida del segundo álbum de Soda, Nada personal, las cosas cambiaron para siempre. Se avecinaban las giras por América latina y la sodamanía estaba a la vuelta de la esquina. Cerati dejó la banda y Coleman armó otro tipo de estructura musical para Fricción, con el Gonzo Palacios en saxo y Celsa Mel Gowland en voz y coros.

Samalea, también recordó aquella primera formación con Cerati como guitarrista que dejó apenas tres conciertos en el Stud Free Pub. “Tengo algunas imágenes multicolores y otras más en estilo sepia. Nuestros ensayos en la sala de la calle Mendoza, en Belgrano, o en la de Malvinas Argentinas, en Caballito, durante 1984 (¡a las 10 de la mañana!),  los preparativos de escenografias armadas con una red de pescadores y cartones en el archiochentoso Stud Free Pub de la Avenida del Libertador (con la formación inicial en cuarteto), los encuentros en el departamento de los padres de Richard, en Núñez, y sobre la calle Ramallo, planeando el asunto y escuchando demos grabados con una batería eléctrica Dr Rythm,  el Falcon gris de Gustavo que cargábamos a más no poder de instrumentos, las ropas de moda, maquillajes o sustancias orgánicas que usábamos para mantener los peinados en plan hongo, los amigos y novias de entonces, etc. Luego de esos tres conciertos primitivos sobrevino el intento de darle vida al grupo de forma más prioritaria, digamos, tras lograr al fin un contrato discográfico, mientras Gustavo ya estaba consagrándose con Soda Stereo y nosotros deambulábamos en un frenético ir y venir entre Fricción (con Gonzo y Celsa ya incorporados) y las giras de Charly”.

“Después de esos tres shows paramos, Gustavo ya estaba con Nada personal y empecé a laburar con Andrés Calamaro, en Vida cruel y Charly apareció a fines del 85 y nos ofreció salir a tocar con él. Ahí decidí que me iba a dedicar a a la música, dado el peso de la oferta también… El sistema me llevó y no tenía un contrapeso mayor”, contó Coleman. “Nos fuimos a tocar los tres con Charly (Samalea, Christian y yo) y ahí nos hicieron otra oferta para grabar, querían hacer como un trío y con Gustavo como invitado, algo que me pareció un manejo, que era real, me daba cuenta de que la especulación venía por ese lado. De una compañía inclusive me habían ofrecido firmar como solista: ‘¿Para qué?’. Ni en pedo. Pero bueno, poco después apareció una oferta para grabar el disco de manera independiente y ahí sí aceptamos. Gustavo terminó como invitado en un par de temas y produjo una de las canciones. Queríamos que produjera todo el disco, pero justo salieron las primeras giras y no pudo”.

Cuatro años, dos discos (Consumación o consumo y Para terminar) y dos formaciones diferentes marcaron la historia de Fricción, que este año tuvo su biografía, Arquitectura moderna, de Diego Giordano. El Quilmes Rock 2027 logró lo impensado y Fricción tendrá un “last dance” en el festival, con una formación más parecida a la de sus últimos días, con Daniel Castro en bajo, Roly Ureta en guitarra y la voz de la primera alineación Celsa Mel Gowland. Una pequeña burbuja en el tiempo para esta banda que nunca creyó en el futuro.