Han pasado casi veinticinco años desde el último álbum de Pulp. Pero la banda de Sheffield, Inglaterra —que se separó tras lanzar We Love Life en 2001, y se reunió para hacer giras en 2011 y nuevamente en 2023— está de regreso con More. El octavo álbum de estudio del grupo amplía el legado de Pulp, hecho de éxitos indie-disco como “Common People” de 1995 y mini-épicas como el tema principal del melancólico This Is Hardcore, de 1998. Técnicamente es un álbum de una reunión, pero no se pregunta “¿recuerdas la primera vez?”, sino más bien cuestiona qué viene después, con un efecto que a menudo revitaliza.
Estas 11 canciones representan una evolución de Pulp tanto en sonido como en visión —algo que debería ser inevitable después de dos décadas y media, pero que a menudo falta en los lanzamientos tardíos de bandas de renombre. Jarvis Cocker sigue encarnando ese estilo desenfadado y elegante, lleno de ingenio, que inspira envidia y aspiraciones en distintas medidas, aunque ahora su voz suena un poco más curtida, su cansancio del mundo es más suave y está más moldeado por lo que ha vivido que por cualquier infierno que pudiera imaginarse. Canciones como la triunfal “Got To Have Love” poseen una grandeza de combustión lenta pensada para desatar la locura en los festivales —una marca registrada de los temas de Pulp—, aunque sus arreglos, con frecuentes y encantadores toques de cuerdas, suenan más caseros que los adornos orquestales del trabajo de la banda en los años 90.
Cocker se sintió motivado a reunir a la banda en el estudio, en parte, por la muerte de su madre y del bajista de toda la vida de Pulp, Steve Mackey; More es el primer álbum desde Freaks (1987) en el que no aparece su interpretación. Un sentido de mortalidad siempre ha rondado la obra de Pulp, pero momentos como el melancólico cierre del espectáculo glam “Background Noise”, o incluso Cocker jadeando “apurate, que mi sexo se está quedando sin tiempo” en la minimalista y absurda “My Sex”, lo llevan al primer plano.
More añade nuevos puntos altos al ya sólido catálogo de Pulp. “Grown Ups” comienza como un animado recuerdo de los días de Cocker como joven habitué de la escena, cuando recién aprendía a moverse en colectivo; a medida que avanza el tiempo, el ritmo se mantiene, pero la letra se vuelve más inquieta al darse cuenta de que “madurar” está lleno de monotonía y de comidas ingeridas solo porque “es la hora”. “Perdón por preguntar, ¿pero la estamos pasando bien?”, exclama hacia el final de la canción, con una respuesta que se intuye evidente.
La luminosa y extendida balada “Farmers Market” —donde Cocker susurra y finalmente clama “¿No es hora de empezar a vivir?” al darse cuenta de que ha encontrado a un alma afín, afirmando de forma indirecta que entregarse por completo es la mejor forma de desafiar a la guadaña del segador— es una maravilla, y su delicado arreglo logra que el estacionamiento iluminado por la “golden hour” cobre vida ante nuestros ojos.
Durante años, Pulp ha comprendido mejor que muchas otras bandas de rock la inutilidad de intentar recuperar la juventud —al fin y al cabo, Cocker ya suspiraba “Un día tú también serás mayor/ y podrías necesitar a alguien que te ayude a seguir” en la canción “Help the Aged” de This Is Hardcore. En ese momento, Cocker tenía poco más de treinta años y se lo tomaba con humor; en More, sin embargo, él y sus compañeros están cumpliendo aquella promesa, dejando fluir sus impulsos creativos mientras le ofrecen a su generación —y a quienes vengan después— una visión de cómo envejecer también puede ser una oportunidad para recuperar la grandeza.
MAURA JOHNSTON


