Crítica de “Better Man”: Robbie Williams, en el planeta de los simios-popstars

La biopic de Michael Gracey sobre Robbie Williams toma una decisión arriesgada. ¿Funcionará tan bien como la agitada carrera de la megaestrella británica?

Por  DAVID FEAR

febrero 26, 2025

Better Man, la biopic de Robbie Williams

Robbie Williams no necesita presentación. Pero, para los desprevenidos, digamos que nació en 1974, en Stoke-on-Trent, Inglaterra, y que empezó su carrera artística como el chico malo en Take That, la respuesta británica de finales de los 80 a New Kids on the Block. Y digamos también que vivió a la altura de su reputación: disfrutaba de la buena vida, aunque no de la manera más prudente, lo que eventualmente le costó ser expulsado de esa boy-band. Sin embargo, su posterior carrera en solitario fue estratosférica. Sin entrar demasiado en detalles, digamos que Life Through a Lens de 1997 y I’ve Been Expecting You de 1998 dejaron muy claro que se las podía arreglar muy bien solo. Sus tres shows en Knebworth, de 2003, son reconocidos como “el mayor evento musical en la historia británica”. El sencillo “Angels” fue votado en 2005 como la mejor canción británica de los últimos 25 años. Su música tiene porciones de Britpop de los 90, dosis de dance pop del siglo XXI y al menos tres partes de Rat Pack de principios de los 60.

Por otra parte, Williams es una superestrella con más altibajos que una flota de ascensores, lo que le da una historia de vida perfecta para una docuserie en varias partes (Véase Robbie Williams, disponible en Netflix). Y sus éxitos y fracasos y renacimientos modo Ave Fénix hacen que, en esta era post-Bohemian Rhapsody en la que vivimos, se merezca una biopic. Better Man es esa película.

Robbie Williams haciendo monerías, una vez más

Dirigido por Michael Gracey (The Greatest Showman), y con un poster oficial que emula una tapa de Rolling Stone, el film se titula así en parte por la canción homónima de Williams de 2000. Y cumple con todos los requisitos: desde el trauma infantil hasta la fama temprana, la prensa sensacionalista y hasta el colapso total, los discos rotos, las ventanas rotas, los sencillos exitosos y la sanación. Sin duda, el espectador sale de la sala con una buena idea de quién es este hombre y por qué su música ha llegado tan lejos.

Una cosa más: ¿ya mencionamos que, en la película, Williams es interpretado de principio a fin como un chimpancé? Si decimos que en Better Man Robbie Williams se hace el mono, no estamos hablando metafóricamente. “Quiero mostrar cómo me veo realmente”, avisa el cantante en una voz en off al principio, y durante las siguientes dos horas y más, veremos a los actores (Carter J. Murphy como Robbie joven, Jonno Davis como Robbie adulto) pavonearse y angustiarse en los escenarios mientras son representados como un simio renderizado digitalmente.

Contexto: Williams sufrió por mucho tiempo de una baja autoestima paralizante, que compensaba con una fachada ruidosa y egocéntrica; no por nada su recopilación de 1999 se tituló El ego ha aterrizado. Sin embargo, él se consideraba nada más que un mono entrenado, por lo que así es como su biopic oficial lo presenta: como un mono. Lo cual, de alguna manera, encaja con la forma en que la película trata su historia de éxito, como si el sujeto se estuviera arrastrando de una estación del Via Crucis a la siguiente. Imaginá cómo sería Toro Salvaje si Jake LaMotta fuera interpretado por un toro animado fotorealísticamente, y estarías apenas a mitad de camino de lo que vemos en Better Man.

En serio, esta biopic presenta un concepto de la fama, que no es una recompensa al talento y la creatividad sino una condición patológica. La clave es “pathos”: un momento de karaoke con papá Williams (Steve Pemberton) se convierte en una pesadilla freudiana cuando el chico accidentalmente golpea la antena de la tele. Pronto, el padre se esfuma. Más tarde, la rutina traviesa de Williams le otorga un lugar en Take That, donde su figura paternal sustituta, Nigel Martin Smith (Damon Herriman), lo humillará y socavará de manera constante. Finalmente, el productor/colaborador Guy Chambers (Tom Budge) alienta al crooner recién liberado a encontrar el cóctel justo de arrogancia, sentimentalismo, sexo y show que lo definirá como artista. Todo el ascenso al megaestrellato está representado por una confusión de voces de locutores de medios y líneas de cocaína. Así lo vivió Robbie. Así lo vas a experimentar vos también.

El film es una biografía musical bastante convencional, salvo por el hecho de que tenemos a un mono cantando sobre la fábrica de milagros y los ángeles que contemplan su destino. Cualquier noción autocrítica deja de parecer solo un truco antes de que termine el primer acto; y cuando llegamos a los conciertos de Knebworth, todo se convierte en una escena (descartada) de El planeta de los simios mientras vemos a Williams luchar a muerte contra sus demonios internos. Como lo sabe cualquiera que haya visto The Greatest Showman, Gracey se destaca en este tipo de excesos; no se puede decir que no aproveche al máximo esta historia, que tiene tanto de musical como de psicodrama.

Un (atípico) retrato de juventud

Better Man termina con varias notas, algunas discordantes, de indulgencia tanto para el padre como para el hijo, lo cual pondrá a prueba tu tolerancia al sentimentalismo. Ver a la estrella finalmente hacer las paces consigo misma es de hecho un bálsamo después de los nueve círculos del infierno de la celebridad que hemos recorrido con él; presenciar su clímax (y en la vida real) a dúo con su padre, quien ha hecho poco para ganarse su cariño (al menos según la representación de esta película), sugiere que el título debería haber sido Edipo Rob.

Más que nada, la película te ofrece un retrato del artista como si fuera una herida abierta, con la auto-mitologización y la auto-descalificación llevadas a extremos por momentos incómodos. Esa misma desesperación que hace que su himno, “Let Me Entertain You”, termine sonando a pedido de ayuda, prácticamente emana de cada escena. Better Man no es un producto para convertir a los no creyentes. Pero a los fanáticos acérrimos, a los curiosos y aquellos que aman escuchar sesiones de terapia ajenas les va a encantar.