Los límites son importantes en toda relación, y mucho más en una pareja en la que ambas partes son… espías involucrados en operaciones altamente clasificadas para una agencia de inteligencia británica. Steven Soderbergh y David Koepp lo saben. Entienden la necesidad de cierto espacio entre lo personal y lo profesional cuando está en juego el destino del mundo. Por eso, el director y el guionista de Black Bag (Código negro) idearon una solución práctica para la pareja protagonista de su nuevo thriller. George (Michael Fassbender) es un oficial de alto rango del Centro Nacional de Ciberseguridad del Reino Unido. Kathryn (Cate Blanchett) es una agente de campo, encargada de las asignaciones especiales. Aman su trabajo. Y se aman el uno al otro aún más.
Así que cada vez que George está ocupado minimizando amenazas potenciales y Kathyrn se aventura por distritos desconocidos, ninguno comparte con el otro los detalles de sus respectivos trabajos. Toda esa información va a lo que ellos llaman la “bolsa negra”, un lugar restringido, una interzona inaccesible, un territorio metafórico más neutral que Suiza. ¿En qué estás trabajando? “Bolsa negra”. ¿A quién estás rastreando? “Bolsa negra”. ¿Adónde te vas estos tres días? “Bolsa negra”. Esas dos palabras equivalen a “no más preguntas” y son la clave del exito de su matrimonio.
Naturalmente, alguien tiene que lanzar una granada sobre todo esto. Un compañero espía le advierte a George que un software ultrasecreto conocido como Severus está en peligro: alguien dentro de la organización estaría intentando venderlo al mejor postor. Si cayera en manos equivocadas, los frágiles lazos entre las potencias mundiales serían sometidos a una prueba de estrés severa. Hay una lista de sospechosos que George tiene que investigar. ¿A que no adivinás qué nombre de agente femenina encabeza esa lista?
Soderbergh y Koepp vienen de una colaboración que también funcionó como una deconstrucción de subgénero —Presence, una peli de casa embrujada a través del filtro de melodrama familiar de Eugene O’Neill—, así que cualquiera diría que intentan algo similar en esta de espías. O, en su defecto, entregarían su versión personal de un film de acción al estilo de Mr. y Mrs. Smith, donde el amor es nunca tener que disculparse, aunque haya de por medio uno o dos tiroteos. ¿Quién no querría ver a un Fassbender elegante y a una seductora Blanchett intercambiando bromas y balas?
En lugar de eso, los cineastas profundizan en la psicología de los controles y equilibrios de esta pareja, y cómo la dinámica de su relación “ideal” entre el trabajo y la vida crea una serie de efectos en cadena. Black Bag no quiere nada más que ser como ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, pero escrito por John le Carré. Y lo logra sin sacrificar la parte puramente entretenida de estos thrillers, dándoles a sus protagonistas tanto acción cinematográfica como un elenco excepcional. El resultado es un gran thriller de espionaje y un drama de pareja aún mejor. A Ian Fleming le encantaría. También a Ingmar Bergman.
Kathryn puede que sea la principal sospechosa, pero no es la única. George decide que la mejor manera de tantear el terreno para ver quién flota y quién se hunde es organizar una cena en su casa. Mantenete alejada del chana masala, le aconseja a su esposa, porque contiene un narcótico que actúa como suero de la verdad. No le entusiasma drogar a sus compañeros de trabajo ni está completamente segura de lo que George trama, pero bueno: bolsa negra.
La lista de invitados incluye a James (Regé-Jean Page de Bridgerton), recientemente ascendido al segundo al mando de George; Zoe (Naomie Harris), la terapeuta residente de la agencia que está saliendo con James, además de estar asignada a analizar tanto a él como a Kathryn; Freddie (Tom Burke), un alcohólico promiscuo y compañero de trabajo en el NCSC que estaba en la carrera por el puesto de segundo al mando y no lo consiguió; y Clarissa (Marisa Abel de Industry), una experta en datos que tiene una historia con Freddie. Cada uno se siente halagado de ser invitado. Ninguno de ellos confía plenamente en su anfitrión. Todos, excepto George y Kathryn, prueban el masala, tras lo cual George sugiere que el grupo juegue un pequeño juego después de la cena.
Lo que sigue es una secuencia de aproximadamente doce minutos que comienza con revelaciones inquietantes y termina con alguien empalado por un cuchillo de carne. Desde ahí, Black Bag comienza a mover sus piezas de ajedrez, con un ojo en George mientras sigue posibles pistas, tira de hilos, pone trampas. Las pistas falsas y los cadáveres aparecen, al igual que Pierce Brosnan como el gran jefe del Centro (felicitaciones al actor por el ascenso en el cine de espías, aunque eso signifique cambiar su licencia para matar por un permiso para sobreactuar). La inesperada necesidad de Kathryn de viajar unos días al extranjero —¿el destino? Bolsa negra— desencadena un efecto dominó en el que la fortaleza de George, la fe en su relación, se convierte en su debilidad.
Sentís que las traiciones y las habituales artimañas de espías acechan en las sombras. Sin embargo, gracias al extraordinario talento de Koepp para escribir dramas, al elenco sin puntos flojos y a la capacidad de Soderbergh para dirigir todo con un exceso de estilo y dinamismo, incluso lo ya familiar se siente fresco.
Aun así, Black Bag se reduce a dos personas unidas por el amor y los límites que mantienen con tenacidad. Sí, su relación es puesta a prueba. Y lo que los salva es ese compromiso. No necesitás que esté en juego el destino del mundo para reconocerlo. Soderbergh y compañía nos dan una intriga internacional increíblemente divertida junto con el maravilloso retrato íntimo de una pareja que se excita mutuamente tanto como la película te excita a vos. Mirala con alguien que ames.


