Si existe algo como “encontrar una voz propia”, Erin Memento está convencida de que no es mucho más que un norte. Por eso viene moviéndose con pasos que tienen la distancia de los EP: tramos cortitos que permiten imprimir los cambios que van ocurriendo en su forma de escribir, de cantar, de tocar la guitarra y de producir. Aunque ese proceso se plantee como algo sin punto de llegada, después de Carretera fantasma ―el corta duración más reciente que publicó en 2024―, Erin se dio cuenta de que estaba en un terreno lo suficientemente firme como para encarar un ciclo más extenso y ambicioso. Así, por estos días trabaja en su primer LP como solista, una serie de canciones que la encuentran más consolidada como compositora y guitarrista, pero sobre todo como cantante. Y es en ese marco que la artista llegará a Argentina para dar unos cuantos shows: abrirá la presentación de Único y nuestro, de Barbi Recanati, en el C Art Media, participará de un festival platense y dará shows propios en Quilmes y CABA.
“Mis nuevas maquetas tienen una exploración y búsqueda mucho más experimental con la voz, que considero mi instrumento principal”, le dice a ROLLING STONE por videollamada, días antes de su llegada a Buenos Aires. Erin comenzó a tocar la guitarra cuando era muy chica: durante su adolescencia, su primera banda se llamó Memento Mori, nombre del que se desprendió su apellido artístico actual. A los 18 se trasladó a Los Ángeles para estudiar ingeniería en sonido ―una carrera con la que se desencantó en gran medida, pero que hoy le permite hablar fluido en lengua técnica cuando está adentro del estudio― y armó The Ivories, banda que integró como guitarrista.
Cuando delineó su primer proyecto solista Erin entendió que quería componer en español, un gesto que responde más al encanto fonético del idioma que algún tipo de cuestión patriótica. “Es una lengua bellísima, desde cómo suena hasta cómo se estructuran sus rimas”, apunta. “Pensar en un idioma y cantar en otro te impone una barrera de expresión innecesaria, limita la posibilidad de la espontaneidad de una forma que no tiene sentido hacerlo”. A partir de ese momento Erin fue esculpiendo un estilo inicial de escritura bastante recargado para llevarlo hacia algo más parecido a una complejidad sutil. “Cuando tienes 18 años te mueres por hacerte la interesante, ¡y nadie es interesante a esa edad! Luego te van pasando cosas, haces un camino. Creo que aprendí a escribir, aprendí a cantar y me fui acercando a algo como encontrar mi voz”, dice. “Todavía estoy en ello, pero siento que estos dos últimos EP me han descubierto unos lugares en los que estoy más cómoda que nunca”.
El sonido de Erin sintoniza con el de cantautoras como Courtney Barnett y Adrianne Lenker, líder de la banda neoyorquina Big Thief: voces femeninas honestas y de carácter. Cada tramo de su recorrido muestra un color propio y particular. Si en La noche no es para todos (2019) va hacia el rock electrónico como rasgo distintivo, Incendio en el jardín (2021) se destaca por su ánimo de contemplación. Sus últimos dos lanzamientos, El golpe del momento y Carretera Fantasma, los que cimentaron su comodidad entre 2023 y 2024, conectan con un sonido alternativo próximo al shoegaze, con guitarras más abiertas y mucho más reverb en el primer caso y cuerdas crudas sin pedales en el segundo.
El último de ellos, Carretera Fantasma, está gobernado por un ánimo de road movie solitaria, aunque curiosamente es su trabajo con más cruce de artistas: tres de los cinco tracks del EP tienen invitados. En esa lista aparece, por un lado, el malagueño Nacho Sarria, contemporáneo a Erin, que la acompaña en “Tan feliz como aquí”. También están Enrique Bunbury (“El Futuro Casi Está Aquí”), Barbi Recanati (“Medalla de oro a la mejor canción de amor”), dos artistas de generaciones previas y que de distintos modos resultaron clave en su camino. Con el ex líder de Héroes del Silencio, ya en su etapa solista, colaboró como ingeniera de sonido y como guitarrista durante una larga gira que la trajo hasta Argentina en 2023. En esa presentación, además de ser sesionista en la banda de Bunbury, ofició de número de apertura de la noche, mostrando sus canciones como solista. Para una artista que trabaja de manera independiente, ese show que ocurrió dos años atrás, fue un debut porteño bien particular: con un público enorme, en el Movistar Arena, como antesala de las canciones de Barbi y de Bunbury.
Además de ser su desembarco argentino, en ese concierto se acercó a Recanati, que tocó justo después de Erin. “Para mí su show fue alucinante, tiene todo lo que me gusta de mis cantautoras favoritas, pero mejor aún porque lo tiene en español. No conozco tantas artistas independientes que hayan hecho un camino como el suyo, en solitario, con un público que las sigue: en España es realmente una rareza”, dice Erin sobre la argentina. “Conocerla fue muy inspirador porque me encanta su música, pero también porque me dio un sentimiento de pertenencia que necesitaba”. Mientras componía su último EP, encontró en “Medalla de Oro..” una canción que cristalizaba una sensibilidad común a ambas. “La canción que me envió era hermosísima”, cuenta Barbi a ROLLING STONE. Recanati sabía que Erin tenía intenciones de volver a Argentina después de aquel show en el Movistar, así que cuando empezó a pensar en la presentación de Único y nuestro, su más reciente álbum, Erin fue el primer nombre que se le apareció en la cabeza para invitarla a abrir el concierto.
A partir de esa invitación Erin pensó una gira de conciertos propios que la tendrán por Buenos Aires varios días. Además de abrir la noche del C para Barbi tocará el 30 de noviembre en el Festival de Verano en Pura Vida (La Plata); el 2 de diciembre tocará en Café Berlín (CABA) y dará un último concierto en Quilmes, en Casa Jinete, el 4 de diciembre.


