Lo primero que se escucha en Único y nuestro, el nuevo álbum de Barbi Recanati, es el sonido de un saxo que sirve para llamar la atención en el arranque de “Mil partes”, la primera de las diez canciones que conforman el disco. Sin embargo, ese saxo (a cargo de Lux Raptor, el proyecto artístico de Marina Pérez, ex-Hermanos McKenzie, Les Mentettes, Los Álamos, etc.) también cumple otra función: despistar al oído. Es que se hace imposible adivinar lo que va a venir a continuación de esos siete segundos de viento: la percusión electrónica se adueñará del asunto y los sintetizadores harán de colchón perfecto para unos arpegios oscuros, alla Robert Smith. Las referencias dark serán una tónica a lo largo de la poco más de media hora de duración del álbum. “Veo tu nombre y sigo/ este es mi escondite preferido/ donde todo lo que puede salir mal/ saldrá peor”, canta Barbi.
Después de su primer álbum como solista, el inesperadamente pandémico Ubicación en tiempo real (2020), nominado al Latin Grammy y ganador del Premio Gardel a Mejor disco alternativo, y de su sucesor, El final de las cosas (2023), Barbi Recanati lanza su tercer disco con otro guiño involuntario a la coyuntura. Si con su álbum debut había presagiado por accidente la sensación de encierro e incertidumbre de la cuarentena (decretada el mismo día que su edición), con uno de los singles de Único y nuestro viajó al fondo del mar argentino con los científicos del Conicet. “Submundo”, el segundo track, es la banda sonora ideal para la expedición del Schmidt Ocean Institute en el cañón de Mar del Plata. Las referencias subacuáticas las aportan los sintetizadores, por supuesto, protagonistas absolutos del nuevo trabajo de la ex-Utopians.
El sonido retrofuturista que exudan canciones como “Mojarse en invierno”, con ese arranque de película y sus versos llenos de postas (“Otra vez confundo sueños con la realidad/ qué barato es imaginar”, canta Barbi mientras Marilina Bertoldi hace coros), o “Guachito”, con sendos guiños a la mejor época del pop-rock argentino, siguen aportando diferentes gamas de negro a la paleta sonora del álbum, producido por la propia Recanati junto a Juan Manuel Segovia (la portada, un diseño sobrio de Pablo Font, también va en ese sentido).
Queda claro que la búsqueda de la cantante y guitarrista es en cada esquina del mapa físico-político del post-punk, un género y una estética que le calzan muy bien. Y que vuelve a visitar en canciones como “Lo robado”, cuyo estribillo haría bailar como autómata hasta al propio Ian Curtis (“Querés escucharlo en todos/ querés que lo grite en todos lados/ nadie es mejor que vos/ nada es mejor que vos”).
En “El sur”, Barbi juega a ser Blonde Redhead por un rato. Y se ocupa de contestarle al hit chino: “No voy a ir a tu fiesta”. Después, con el mismo uniforme, se le anima a un santo grial en una versión demasiado personal de “Todo sigue igual”, uno de los éxitos más recordados de Viejas Locas. Acá no hay rock and roll stone, pero tampoco falta groove. Y, para el cierre, un autocover: “Nada nadie 2”, su single de 2024, pero esta vez en modo acústico, a pura quinta, pero sin distorsión. Casi como si la estuviese tocando en los pies de su cama.


