40 años de Clics modernos, el disco neoyorquino de Charly García que marcó un antes y un después en el rock

Trastienda, nuevos testimonios y revelaciones para celebrar una obra definitiva de la música popular argentina

Uberto Sagramoso

noviembre 2, 2023

“Mi nombre es Charly García y vivo en Nueva York. Son las tres de la tarde y el calor es infernal. El verano neoyorquino es muy denso. Supongo que ustedes querrán que yo hable de otra cosa y no del tiempo. Pero este es mi monólogo. De modo que lo voy a hacer como a mí se me dé la gana”, dice Charly en un largo soliloquio publicado por la revista La Semana el 8 de agosto de 1983.

“Estoy en un enorme loft. Así llaman aquí a los departamentos construidos en edificios que anteriormente fueron depósitos, fábricas o talleres. Obviamente, estoy en el Greenwich Village. No concibo vivir en Nueva York de otra manera. El lugar es por fuera lúgubre y por dentro muy cálido. Ha sido pintado, desde el techo hasta los pisos, en un blanco purísimo. Frente a los tres ventanales que dan a la calle Weverly están instalados los dos nuevos sintetizadores que me compré. Hacia el fondo —digamos, a espaldas de donde estoy sentado ahora, dictándole al grabador esta especie de carta abierta y a la distancia— se halla la cocina. Amplísima y con las ollas de cobre colgando del techo. En la otra punta del living —casi tan grande como una cancha de tenis— están los ventanales internos, y en un rincón, montones de plantas. Hay un letrero con recomendaciones en inglés sobre el cuidado de las plantas. Lo dejó la profesora de danzas que me alquiló el departamento. Todavía luce fresco. Es que me mudé hace dos días”.

La tapa digital de Rolling Stone para celebrar los 40 años de Clics modernos. (Foto: Uberto Sagramoso)

A mediados de 1983, Charly García era la figura más importante del rock argentino. Cada movimiento del músico tenía un correlato en los medios especializados y también en revistas de actualidad como Gente, Siete Días o La Semana. Había despedido el turbulento 1982 con un concierto multitudinario en el estadio de Ferro Carril Oeste y ahora se disponía a trabajar en los temas de su segundo disco solista. La banda de sonido de Pubis angelical junto al disco de canciones de Yendo de la cama al living marcaron el lanzamiento de una carrera en solitario luego de más de diez años como parte de diferentes formaciones grupales. Justo cuando comenzaba la guerra de Malvinas, Charly recuperó algunos temas compuestos para Serú Girán y todos terminaron como banderas de un álbum sanador: Yendo de la cama achicó las distancias entre su pasado reciente y los tiempos venideros.

“Llegué a Nueva York hace dos meses. Vine a comprar nuevos instrumentos. Estuve diez días y me fui a Los Ángeles, donde están Pino Marrone, Pedro Aznar, Gustavo Santaolalla y otros músicos argentinos trabajando desde hace algún tiempo. Ahí me picó el bichito de quedarme a vivir una temporada en Estados Unidos. Y aquí estoy. Me moviliza el afán de participar, de integrarme a los movimientos artísticos de Nueva York. No por la vía de las grabadoras, sino tocando en pubs, con grupitos y esas cosas. En síntesis, vine a empezar de nuevo. Además, quería aislarme de lo que en Buenos Aires me estaba asfixiando. Porque los músicos que tienen algún suceso, como me pasó a mí, tienen dos opciones: o seguir a toda máquina, o cortarla y tratar de cambiar. Yo decidí cambiar, estar en un lugar donde nadie me conoce, donde puedo tocar gratis en una plaza si se me canta. Tengo un inmenso escenario a mi entera disposición, y todas las horas del día y de la noche. El escenario se llama Nueva York”.

Charly García: “Me moviliza el afán de participar, de integrarme a los movimientos artísticos de Nueva York“. (Foto: Uberto Sagramoso)

Antes de viajar a Nueva York, Charly se enteró del fallecimiento de su padre, Carlos Jaime García Lange. La noticia lo sorprendió en San Pablo, en medio del registro de “Inconsciente colectivo”, una versión interpretada a dúo por Mercedes Sosa y Milton Nascimento para el álbum Mercedes Sosa 83. García oficiaba de productor, arreglador y también tocó el piano. La grabación se suspendió, Charly regresó a Buenos Aires y una vez más tuvo la compañía de Mercedes; la alianza Sosa-García funcionaba como un escudo de protección mutua.

“Yo quiero hacer la música que me sale del corazón. Y en Buenos Aires pretendían que me convirtiera en un hombre público, que hiciera declaraciones políticas a cada rato, que me jugara y dijera cosas que fueran vendibles para un diario o una revista”, dice Charly en el largo monólogo publicado en el citado semanario porteño. “Realmente, por eso estoy aquí. Quiero volver a hacer música de inspiración pura. Allá me chupaban más energía de la que recibía. Y eso nada tiene que ver con mi público. Los que me siguen saben que voy a volver con algo realmente bueno. Son los que escuchan mi música quienes saben que lo que yo brindo es un acto de amor y de comunicación”.

La carta abierta de Charly exponía un moderado entusiasmo frente al estado de situación que vivía el país. Unos meses antes, en abril de 1983, el último presidente de facto, Reynaldo Bignone, dictó el decreto por el cual se fijaba la fecha de elecciones para el 30 de octubre de ese año. Al mismo tiempo, ordenó la destrucción de la documentación existente sobre la detención, tortura y asesinato de los desaparecidos. No logró su cometido. A partir de ese momento, el país comenzó a moverse al ritmo de una nueva campaña política.

El cambio de aire que buscaba Charly García tenía el apoyo de Daniel Grinbank, su mánager desde los tiempos en que Serú Girán lanzó La grasa de las capitales (1979). El plan del productor empezó a cocinarse cuando se cruzó con Carlos Narea, mánager en España de Miguel Ríos, y el Mariscal Romero, popular conductor de radio y factótum del sello madrileño Chapa (Barón Rojo, Obus, Leño). “Ambos veían el talento local que teníamos, pero al mismo tiempo me remarcaban que los niveles de producción en estudio estaban por debajo de los estándares de España, que por entonces ya exportaban música al resto de Latinoamérica. Así que para entrar al mercado español como correspondía había que mejorar el sonido”, dice Grinbank. “Y, obviamente, Charly era el indicado para empezar esta etapa”, cuenta Daniel Grinbank en su biografía Te amo, te odio, dame más.

“Yo no me borré. Soy consciente de que todos, desde el zapatero hasta el músico, tienen la obligación de hacer algo para esclarecer a los demás, para que todo salga mejor. Pero eso no pasa por dar definiciones o ponerse etiquetas. Por eso creo que la cosa progresiva, piola, es seguir ‘developiándose’, como dicen aquí en spanishinglish. Es decir, desarrollándose… En Buenos Aires estaba sufriendo. No por las cosas materiales, sino por la falta de comunicación con la gente. Porque la gente allá está muy down (abajo, tirada). Hay una falta de fe increíble. Nadie cree en nadie. Eso nos está convirtiendo cada día en un poco más tontos. En suma, estoy aquí para ver si puedo… dar una vueltita más de tuerca. Necesito alimentarme de ideas nuevas. Yo tengo una canción que se llama ‘Los dinosaurios’ y dice: ‘cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada’. Y esa es mi filosofía. Yo soy un tipo que se siente bastante sólo, y cuando siento que muchas cosas me están agarrando, me siento mal. Prefiero ser una pequeña unidad móvil que se desplaza”.

En junio de 1983, Charly viaja por primera vez a Nueva York. En las valijas lleva las cintas de un posible disco, es un demo de ocho canciones grabado en Estudios del Jardín, junto a Willy Iturri. “Ya venía trabajando desde Yendo de la cama al living, él manejaba toda la parte armónica y, por supuesto, yo la rítmica. Siempre nos llevamos muy bien y los resultados fueron excelentes. En el caso de Clics modernos, hicimos algunos temas, no todos, habíamos empezado a usar máquinas de ritmo. Todavía no estaba la Roland TR-808, yo venía trabajando con la TR-707, que es la que usamos para ‘Inconsciente colectivo’”, dice el baterista actualmente radicado en Chile. “Me ocupaba del armado entre la Roland y la batería, todo lo trabajaba en forma de loop”.

Charly García y Joe Blaney (productor de The Clash, entre muchos otros), durante la grabación de Clics modernos. (Foto: Uberto Sagramoso)

Ada Moreno llegó a Nueva York en enero de 1977 escapando de las fauces de la dictadura cívico-militar. Como fotógrafa había sido testigo privilegiada de varios momentos históricos del rock argentino. Pareja de Billy Bond en los tempranos 70 y amiga entrañable de Jorge Álvarez, asistió al primer encuentro de los Sui Generis con sus futuros productores. Ella estaba ahí cuando el dúo tocó sus canciones folk frente a Bond y Álvarez, y desde ese momento tuvo una activa participación en registros clave como la foto promocional de los conciertos de Adiós Sui Generis en el Luna Park, en septiembre de 1975. Cuando aterrizó en el aeropuerto JFK, la esperaba Gustavo Montesano, el exbajista de Crucis y novio de Ada estaba a punto de iniciar su carrera solista con el disco Homenaje, que por aquellos días tocaba el cielo del rock mezclando sus nuevas canciones en Electric Lady, los míticos estudios fundados por Jimi Hendrix, en 1970. Para 1983, Ada ya era una residente estable de la Gran Manzana dispuesta a ayudar a amigos y conocidos recién llegados a la nueva Babilonia.

“Me llamó desde un teléfono público de la esquina. ‘¡Venite!’. Abro la puerta y estaba Charly con unas latas con cintas, venía de Los Ángeles. Le dije ‘quedate en casa’”, cuenta Ada Moreno desde la mesa de un café en San Telmo. “Charly se quedó un tiempo relativamente corto, empezó a ponerse paranoico de que entraran a robar y se llevaran las cintas. Le recomendé un hotel, el Gramercy Park, en donde estuvieron los Clash, todos los que venían a Nueva York querían parar en ese lugar bohemio”, dice Ada y admite varias mudanzas de Charly: “Pasó al Washington Square Hotel y finalmente alquiló el loft frente al Washington Square Park”. Todos los movimientos en un radio de acción ubicado en el corazón del Greenwich Village, que también incluía a Electric Lady, el lugar elegido para grabar buena parte de Clics modernos. Durante la estadía, Ada se transformó en su baby sitter, muchas historias de esa etapa aparecen en su libro de memorias No soy una extraña. “Llegó y estuvo conmigo [risas] porque solo no puede estar. Yo tenía un marido norteamericano, pero igual me daba permiso para hacerle el aguante a Charly. Después vino su novia Zoca y nos hicimos amigas inmediatamente”.

Entre Buenos Aires, Los Ángeles y Nueva York, García proyectó la hoja de ruta del disco que cambió la historia del rock argentino post guerra de Malvinas. Daniel Grinbank contó con la ayuda de un amigo, Carlos Pirín Geniso, radicado en NYC desde 1974. “Él se encargó de la coordinación y de la logística, y fue el gestor para alquilar un departamento en el Village, una zona ideal para que Charly se instalara, muy cerquita del estudio que queríamos para grabar, el famoso Electric Lady. El estudio era el top de Nueva York, salía 250 dólares la hora. Pirín negoció directamente con los dueños, la familia Selby y su hijo Alan, que lo administraba, y que se lo había comprado a los sucesores de Jimi Hendrix, su propietario original. Consiguió que nos rebajaran la hora a 75, pagando en efectivo y usando la sala C. Como si fuera poco también negoció con Joe Blaney”, dice Grinbank en sus libros de memorias.

“Hoy, en 2007, no le cambiaría nada a Clics. Es un disco autoproducido hasta económicamente, hecho en Nueva York, donde conocí a Joe Blaney. Compré los instrumentos, me instalé un estudio de dieciséis canales en el Village y apareció en un momento Pedro Aznar con su novia e hicimos el primer ensayo. Estábamos con Zoca, los cuatro, en el loft y… siendo tan histéricos no sé cómo hicimos para convivir. Sí me acuerdo de que cruzábamos Washington con un carrito de supermercado lleno de emuladores y equipos… Yo ya había grabado un disco en Los Ángeles —el primero de Serú Girán— y me había servido de experiencia, pero solía tener muchos problemas para plasmar los sonidos que quería. El arranque del disco fue así: voy a los estudios Electric Lady y les digo: ‘Quiero alquilar the best, alquilarlo’. El dueño me dice: ‘¿Tu padre es rico o qué?’. Yo le muestro la plata y me pregunta: ‘¿Un café?’, además de darme una lista de ingenieros, el último de los cuales era Blaney. Lo llamé y apareció al otro día: alto, cool, zapatitos de leopardo… Vio el loft, la mesa Tascam de dieciséis canales; le mostré mis discos y quedamos en empezar. Yo necesitaba un baterista y me encantaba el de Jan Hammer; lo probé y no me rindió, no pasaba nada, incluso fuimos a grabar y yo le pregunté a Blaney qué sonido de batería podía sacarle. Y no funcionaba: sabíamos que tocaba fenómeno, pero con nosotros no funcionaba. Y al otro día no me quedó otra que poner una batería electrónica TR-808 y grabamos ‘Nos siguen pegando abajo’, y se armó. Blaney se dio cuenta, todos nos dimos cuenta, y seguimos con máquinas. Es el primer disco que tiene un sample de James Brown”, dijo Charly García a Rolling Stone en 2007 para el especial de Los mejores 100 discos del rock nacional.

Uberto Sagramoso es el autor de la foto de tapa de Clics modernos. Conoce a Charly García desde los días en que trabajaba en la revista Expreso Imaginario. El fotógrafo llegó a Nueva York en 1980 casi por casualidad. “Estaba viviendo en México, empezando a trabajar y publicar mi trabajo, cuando con un amigo decidimos montar un estudio fotográfico en el DF. Vendí todas mis cámaras y equipos y partí a Nueva York por 15 días para comprar aparatos nuevos, flashes de estudio, etcétera…”, dice Sagramoso desde su casa en un poblado sureño cercano a El Bolsón. “Desde el primer momento en que pisé Nueva York me sentí como en casa, un lugar con gente proveniente de otras partes del país y del planeta, llegada con el deseo irrefrenable de sobrevivir y el sueño secreto de triunfar. Pero, sobre todo, determinada a vivir en libertad, aun a costa de transgredir algunas de las normas establecidas en el estricto sistema de convivencia norteamericano”.

Sagramoso primero aterrizó en la casa de un amigo en el West Village. A poco de arribar a la ciudad se encontró en medio de una fiesta que su amigo había organizado para el fin de semana. “En la reunión conversé un largo rato con alguien que conocí allí, hablamos de música y de cultura, de política y religiones. Al final, al enterarse de lo que yo hacía, me comentó casi al pasar que trabajaba en una editorial y que justo buscaban un fotógrafo. Según él era un trabajo ‘chico’, con una primera parte de unos 15.000 dólares. Para mí, hace 43 años, esa era una pequeña fortuna”. Al final nunca montó el estudio fotográfico en México, sus años en Nueva York terminaron siendo casi 24.

Una postal icónica: la portada de Clics modernos. (Foto: Uberto Sagramoso)

Ya hacía algunos años que Sagramoso caminaba todos los días por unos callejones cercanos a su casa y a su estudio ubicado en Chinatown. “Pensaba que eran un set perfecto para las tomas de algún grupo punk, con su aire posindustrial, lleno de suciedad, de grafiti y de abandono. Sentía que esas calles reflejaban los contrastes del tiempo que nos tocaba vivir, enmarcado entre la opulencia de la capital del mundo y los despojos de sus marginados”, dice el fotógrafo que, sin saberlo, ya tenía elegido el lugar cuando Charly vino con su idea de hacer la tapa del nuevo disco “pintando una pared con aerosol”.

Para Sagramoso, el título Nuevos trapos anunciaba la llegada de una nueva era con un salto a un mundo posmoderno. “Una idea que en ese momento estaba en boga en Nueva York”.

Una vez realizada la foto, y ya preparados para volver al estudio, el músico y el fotógrafo descubrieron en la siguiente esquina al “Shadowman” del artista Richard Hambleton. “La imagen nos chupó como un imán. Charly se sentó naturalmente a sus pies y disparamos varias fotos más. A la noche nos juntamos en el estudio para ver las tomas reveladas y ampliadas, e inmediatamente sentimos que había una foto que representaba exactamente lo que estábamos buscando”. Al final, el nombre lo daría el graffiti Modern Clix que, después de una breve consideración, pasó a ser traducido al español. “Era un dibujo de Fran Powers, el líder de la banda del mismo nombre. Después descubrimos que también aparecía la firma de Zephyr, un veterano grafitero de trenes”, dice el fotógrafo. Charly ha dicho en varias oportunidades que esa forma humana “se parecía mucho a las figuras que pintaban en Argentina para representar a los desaparecidos”. 

Cuarenta años después, Uberto Sagramoso reconoce que el título definitivo sigue siendo perfecto. “Se sumaba a la energía renovadora que acompañaba a la música new wave y su actitud revisionista, reciclando algunos postulados del rock en versión contemporánea”, dice el autor de Era sólo rocanrol, un bellísimo libro de fotografías e historias en primera persona de artistas como Claudio Gabis, Pappo, Rodolfo Mederos, Charly García, Horacio Fontova, Oscar Moro, Jorge Pistocchi, Astor Piazzolla, Charles Mingus, Gilberto Gil, Hermeto Pascoal, Miguel Cantilo, Alex Zucker, Pipo Lernoud, Rocambole, Alfredo Rosso, Gabriela, Donvi Vitale y Skay Beilinson, entre muchos otros.

En la lista de agradecimientos de Clics modernos aparece el nombre de Pino Marrone, aliado fundamental de la etapa Los Ángeles. El exguitarrista de Crucis integraba una delegación de músicos argentinos residentes en la Costa Oeste de Estados Unidos. “Cuando Charly vino a Los Ángeles con intenciones de grabar, lo primero que hice fue recomendarle a Casey Scheuerell, le gustó y lo contrató, tanto es así que años más tarde lo llamó nuevamente, esta vez para una gira por Argentina junto a Pedro Aznar”, dice el guitarrista. Casey funcionó de maravillas sentado en la batería y convirtió en anécdota la sesión fallida junto a Greg Carter. “Casey es uno de los primeros amigos que me hice al llegar a L.A. a principios del 78. Hasta ese momento él había girado y grabado unos años con Gino Vanelli y otro tanto con el gran violinista Jean-Luc Ponty, y con la cantante Chaka Khan, entre muchos otros”.

Charly posa con dos de las modelos y actrices del grupo de artistas con el que se vinculó en Nueva York. (Foto: Uberto Sagramoso)

Entre los sesionistas invitados, además de Casey Scheuerell y Doug Norwine, sobresale la figura de Larry Carlton, auténtica leyenda de la guitarra conocida en nuestro país gracias a incontables grabaciones, en donde se destacan sus colaboraciones junto a Steely Dan y Joni Mitchell. “Larry es único y vive en un mundo y una categoría y estilo que inventó él. Muchos descubrimos su capacidad extraordinaria como improvisador en los temas ‘Kid Charlomagne’ y ‘Don’t Take Me Alive’, de Steely Dan, en el álbum The Royal Scam, álbum que tanto yo como miles de músicos de rock aquí y en el resto del mundo escuchábamos todos los días cuando salió, fascinados pero sin la menor idea de qué es lo que estaba haciendo en términos musicales. Nunca se había escuchado a un guitarrista con sonido de blues y rock tocando ese grupo tan insólito de notas y haciéndolas cantar, fue una gran inspiración”, dice Pino y confirma que las sesiones para grabar las partes de guitarra fueron registradas en los estudios de Carlton, Room 335. Lamentablemente, cuando el guitarrista norteamericano visitó Argentina por primera vez, no recordaba su participación en Clics modernos. En una entrevista publicada en el Nº 274 de la revista Pelo (septiembre de 1986), y ante la pregunta de Lucía Idiart sobre las sesiones junto al músico argentino, Carlton pregunta “¿con quién?”, luego de la aclaración de la periodista responde con un lacónico “no, no recuerdo”.

Willy Iturri aporta otra visión sobre el tema máquinas y baterías que ocuparon un lugar preponderante en el pulso de Clics modernos. “Yo iba a viajar a NY, pero no nos pusimos de acuerdo. No sé… con el asunto del pasaje. Por otro lado me llamaban todos los días: ‘¡Te necesito acá!’, me decía Charly. Probó con varios bateristas y no le cerraban mucho, hasta que llegó Casey Scheuerell, que finalmente grabó y luego vino a Argentina para presentar Tango con Pedro Aznar. Hasta llegó a venir a casa porque quería conocer a la persona que había hecho los arreglos. La verdad, me hubiese gustado haber ido a Electric Lady pero bueno… Scheuerell copió exactamente lo que yo había hecho”.

El 30 de octubre de 1983, el candidato de la Unión Cívica Radical se impuso en las elecciones presidenciales. Raúl Alfonsín obtuvo poco más del 51 por ciento de los votos, seguido por el candidato del Partido Justicialista Ítalo Luder, con el 40 por ciento. Charly no votó, llegó unos días después, para esa fecha aún estaba en Nueva York aunque a la distancia apoyaba públicamente la candidatura de Alfonsín. Clics modernos aparece los primeros días de noviembre y el lanzamiento incluye una gira nacional con escala porteña durante cuatro noches en el estadio Luna Park. Willy Iturri, Pablo Guyot, Alfredo Toth, Daniel Melingo, Gonzo Palacios, Fabiana Cantilo y Fito Páez son los elegidos para acompañar a García.

“Todo en mi vida es un antes y un después de ese momento. La escucha del álbum fue una experiencia religiosa. Una revelación. Modern Clix es una de las cumbres musicales del siglo veinte. Y yo estaba allí, en primera fila. Los privilegios que te brinda la suerte. Una mixtura elegantísima de polirritmias, teclados de última generación, Pedro Aznar, Rickenbacker, Larry Carlton, máquinas de ritmos, samplings de James Brown recién salidos de una cueva del Greenwich Village, un joven Joe Blaney, el dolor causado por los desaparecidos argentinos bajo el terrorismo de Estado, los deseos de dejar de esconderse. NYC, la Argentina fracturada y el talento sagrado de Charly García haciéndose preguntas: ‘¿Por qué tenemos que ir tan lejos para estar acá?’. Queriendo poner a bailar a un país que aún le pedía explicaciones a él, que ya estaba cansado de pensar. A él, a quien sólo le interesaban los esqueletos en movimiento”, dice Fito Páez en su libro Infancia y juventud.

En la búsqueda de integrantes para la banda de García aparecieron nombres como el de Leo Sujatovich, extecladista de Spinetta Jade, también Pino Marrone estuvo cerca de integrar la formación. “Charly quería a Skay (Beilinson). Fuimos a verlo y nos dijo que estaba muy cómodo tocando y componiendo en su grupo, nos agradeció y dijo que no”, dice Iturri y revela un dato poco conocido sobre el guitarrista de los Redondos, que aún debían esperar dos años hasta la edición de su disco debut. “Le sugerí a Toth y a Guyot, le pareció bien. Daniel (Grinbank) traía a un músico de Rosario para probarse: era Fito. El primer día ya se sabía los temas. Nos divertíamos mucho. Ensayamos en Fonalex, un lugar muy cómodo. Ahí nos pasamos fácil un mes”.

El cartel de las cuatro noches de presentación oficial de Clics modernos en el Luna Park, diciembre de 1983. (Foto: Uberto Sagramoso)

Más allá del uso de máquinas tan propias de los tempranos 80, Clics modernos no es una obra atada a un tiempo determinado. Es cierto que se asocia con la memoria del regreso de la democracia, aunque puede ser utilizada para otros momentos trascurridos en estos últimos 40 años. “Es probable que Clics modernos sea ese momento único en la carrera de todo gran artista en el que una obra suya puede concentrar todo su pasado, pero también todo su futuro. No obstante, algo parecido podría decirse también sobre Yendo de la cama al living o Piano bar. Ocurre que en aquellos años ochenta, Charly García flotaba en tal estado de gracia que entregó estos tres longplays en apenas 24 meses; cuesta encontrar algo parecido en la historia contemporánea en algún lugar del mundo. Por otro lado, con esta trilogía, pero especialmente con Clics modernos y la ruptura que supuso con el ‘Charly de los setenta’, García pulverizó su brillante y reciente pasado. ‘Se superó a sí mismo’, podría decir la crítica de rock. Es decir: sus primeros discos como solista se comieron como un PacMan a Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán y Charly se convirtió en un artista de los 80 como si hubiese nacido artísticamente en esa década”, dice Roque Di Pietro, autor de la monumental saga de dos tomos de Esta noche toca Charly.

En el exhaustivo rastrillaje que propone Di Pietro tras los recitales de Charly desde 1956 hasta 2008, el autor reconstruye una vida en vivo marcada por primeras impresiones de la prensa un tanto tibias hacia momentos trascendentes en la obra de García. “No leí críticas adversas al disco en la ‘prensa rockera’. Sí, en cambio, me encontré con reseñas muy negativas sobre las presentaciones en directo de Clics… en el Luna Park. Las más notorias fueron las de Tiempo Argentino (el crítico Guillermo Pintos) y Humor (Gloria Guerrero en Las Páginas de Gloria). Para sintetizar, Pintos sugería que García ya estaba atrapado en las garras de la música comercial; hasta se quejó de que en un tema (probablemente ‘Transas’) Charly sólo aparecía acompañado por una máquina de ritmos. Gloria, en tanto, apuntó que se aburrió, lisa y llanamente. No obstante, la crítica publicada en Clarín por Roque de Pedro (en ese momento un ‘veterano’ de 40 años dedicado al rock en su sección Rockerías, pero con recorrido en la música académica contemporánea) pareció entender cabalmente el concepto del álbum de García: ‘sofisticada y simple a la vez’, escribió para describir su nueva música”, dice Di Pietro y ahora mira hacia la platea. “Es un clásico del folclore rockero escuchar las historias de los viejos fans de García defraudados por la nueva propuesta de Clics modernos (así como es un clásico oír historias sobre cómo aquellos fans de Clics se sintieron traicionados en algún momento de la era Say No More). Sin embargo, durante mucho tiempo Clics modernos fue el disco más vendido de toda la discografía solista de García y no hay que olvidar que para presentarlo en vivo ocupó durante cuatro noches el escenario del Luna Park. O sea: si de entrada a sus viejos fans no les gustó el disco, estos concurrieron masivamente a observar su puesta en escena. Probablemente su nuevo look (pelo corto, bastante más amanerado que en los primeros meses de 1982) chocó con las expectativas de un público (en Buenos Aires, pero especialmente en el interior) todavía seteado con la estética (y la costumbres todavía militarizadas) de los años 70”.

Un día después de la conmemoración de los 40 años de Clics modernos, la esquina de Walker St. & Cortlandt Alley, en pleno Soho neoyorquino, será renombrada como Charly García Corner. La ceremonia se realizará el 6 de este mes, a las 11 de la mañana (hora de Estados Unidos), con la presencia de autoridades locales y funcionarios del Consulado Argentino. La iniciativa pertenece a Mariano Cabrera, un actor argentino residente en Manhattan desde 2015. Gracias a un amigo, Cabrera se enteró de la ubicación exacta en donde Uberto Sagramoso fotografió a Charly García. “Me sorprendió ver que la esquina se conserva exactamente igual que hace 40 años, salvo por la ausencia del street art que eligió Charly para ser retratado”, dice Cabrera, que dicta clases de actuación en Buenos Aires y Nueva York. “Armé un proyecto para presentar en el Consulado Argentino y juntos ponernos a trabajar en el tema, ellos con la parte administrativa de la ciudad y yo con los permisos del hotel en donde se encuentra dicha pared”.

Para Uberto Sagramoso resultó un poco frustrante el hecho de que la impresión de tapa haya sido bastante pobre. “Algunas salieron bien, otras más o menos y el resto para el olvido”, dice el fotógrafo. “También fue frustrante que mi idea original de que la foto fuese en blanco y negro con la sola excepción del corazón del Shadowman, que iría en rojo, en la Argentina de la época no se pudiese realizar. Pese a mi insistencia sobre este detalle, Charly sólo pudo conseguir que la tapa estuviese acompañada por el sticker de un pequeño corazón rojo para que la gente lo recortase y pegase sobre el corazón blanco del Shadowman, pero esa fue una idea que nunca se entendió”.

“Pero ni la fama ni el ruido ni el dinero me atraen demasiado. Mi trip es llegar a los 60 años y seguir tocando el piano, poder educar a mi hijo, ayudarlo a que busque su felicidad. Yo digo en una de mis canciones: ‘No me quiero atar a nada’. Y lo vivo así: uno no se puede atar a los militares, a la oficina o a la droga. Porque es un viaje de ida y sin retorno. Chau, pibes: doy las gracias a La Semana por permitirme hablar con ustedes, directamente y sin subterfugios. La corto aquí porque se está terminando la cinta. Me gustaría hacerles escuchar un tema que tengo en mente pero… ¡Ufa!… Se acabó la cinta”.