Brian Bell, de Weezer: “30 años después, todavía perseguimos la magia de ‘The Blue Álbum'”

Antes de tocar por primera vez en Buenos Aires, el guitarrista reflexiona sobre el repertorio del grupo, explica cómo encontró su propopio estilo en el instrumento y cuenta cómo fue personificar a Lou Reed

Por  HUMPHREY INZILLO

noviembre 5, 2025

Sean Murphy (Gentileza DF)

Tres décadas pasaron desde la edición del debut de Weezer, popularmente conocido como el Blue Album (1994). Y esas canciones todavía forman parte de la columna vertebral del repertorio del grupo liderado por Rivers Cuomo. Desde su casa en Los Ángeles, Brian Bell, guitarrista del grupo que se presenta por primera vez en Buenos Aires (el 5 de noviembre en el Movistar Arena, entradas acá), reflexiona sobre la vigencia de ese repertorio.”Seguimos tocando esas canciones porque nos encantan y nos encanta la reacción de la gente cuando las tocamos. Por ejemplo, la primera vez que escuché ‘Say It Ain’t So’ fue antes de estar en la banda, antes incluso de la grabación del primer disco. La escuché en vivo y me dio escalofríos. Me acerqué a Rivers [Cuomo] y le dije ‘Es una canción increíble, nadie en los boliches de Los Ángeles tiene una canción como esa’. También le dije a mi novia, con la que había ido a ese concierto, que sonaban como una versión moderna de The Cars. Y esto fue antes de que Ric Ocasek se involucrara. Así que justo cuando me enteré de que habían firmado con una compañía y que estaban grabando un disco con Ric, me pareció muy lógico”, dice.

Se trata de un momento bisagra en su vínculo con el grupo: “Lo que no me imaginaba es que por una serie de circunstancias muy locas yo terminaría sumándose a la banda para grabar ese disco. Así que, de movida, significa mucho para mí debido a esa experiencia de tener 24 años y volar a través del país para unirme a una banda de la que realmente no conocía a nadie. Y haber tenido que aprenderme las canciones en un uno o dos días y que te digan ‘bueno, ahora vamos con ‘The Sweater Song‘”‘. Pero, en verdad, así es como pasó. Y es gracioso que 30 años después, todavía estemos persiguiendo la magia de todo eso. Y, al mismo tiempo, todavía apuntamos a lo mismo en cualquier cosa nueva que estemos haciendo. Creo que si sos fanático de esos del sonido del Blue Album, o de Pinkerton, vas a ser aún más fanático de lo que hemos estado inventando recientemente. Porque creo que estamos en un momento realmente emocionante ahora mismo”.

Vos mencionabas que ese álbum fue producido por Rick Ocasek, de The Cars. ¿Qué podrías contarme de su trabajo como productor en aquella oportunidad?

Bueno, primero que nada, era una gran estrella del rock para nosotros… ¡Y para todos! The Cars sonaban en la radio, y en todas partes. Ya desde los 80, y salían en MTV, y todo eso. Su esposa era una supermodelo que estaba en el estudio y cuando entrábamos teníamos que tratar de mantener la calma, de aparentar mantener la calma al menos, porque por dentro estaba enloqueciendo. Así que tratábamos de mantenernos calmados. Imaginate que era como estar frente a una figura a la que de alguna manera querías impresionar y, al mismo tiempo, obtener cierta validación por parte suya. Así que no hubo ninguna oportunidad de rejalarnos, porque sentíamos su presencia. Como si todo el tiempo dijéramos: “Bueno, Ric Ocasek está acá”. Y él escuchaba cada nota que tocábamos, cada momento, y eso te obligaba a darlo todo. Cuando tienes a una persona así cerca, sacas lo mejor de vos. Era como una presencia veterana a la que veneras, así que teníamos que disfrutar la suerte de poder tener esa experiencia. 

También trabajaron con él en 2001 en The Green Album y en 2014, como 20 años después del Álbum Azul, para grabar Everything [Will Be Allright in the End]. ¿Cómo definirías la evolución de ese vínculo? 

Supongo que hubo una mayor comodidad, cuanto más tiempo pasaba, más cómodos estábamos con su presencia. Ya era como un quinto miembro al momento de entrar al estudio. Teníamos mucha libertad para probar ideas y, en el Álbum verde, él estaba realmente involucrado en el aspecto de la preproducción. Teníamos a Mikey Welsh como bajista y solo recuerdo haberme pasado horas y horas y horas tocando el riff de “Island in the Sun” una y otra vez y sin saber qué era lo que buscaba Ric, porque seguía diciendo “no es eso, no es eso, no es eso”. Y él simplemente decía que era algo demasiado específico, que quizás se reducía a algunas notas fantasma y un poco de síncopa. Eran cosas que nosotros simplemente teníamos que capturar mágicamente, como por accidente, de alguna manera. Y luego tenía una pequeña caja de ritmos. “¿Qué está pasando?”, nos preguntábamos. Y en un momento se podía escuchar una clave, una clave latina.Y entre esa clave, el raspado de las cuerdas de una guitarra y otros elementos de percusión suman mucho y hacen que esa canción, “Island in the Sun”, sea nuestro tema más conocido internacionalmente. Creo que es por culpa del ritmo, y también de la simplicidad. Las letra apela a la sensibilidad de algo simple que a todos les puede gustar realmente, una metáfora de una esperanza y un lugar en el que querés estar. No hay que esforzarse por entender cosas específicas, que solo entenderías si vivieras en Los Ángeles o en Nueva York, o con un guiño con una referencia que sólo podrían descifrar los que están en nuestro círculo íntimo. Es más universal y esa es otra cosa por la que nos esforzamos muchas veces. Incluso, recientemente, intenté hacer una versión bossa nova. Creo que se adaptaría muy bien, por el ritmo, los acordes y todo eso que hablábamos. Me gustaría encontrar los músicos adecuados en Sudamérica para grabarlo. 

Suena genial, ¿Y qué dirías que buscaban cada vez que lo convocaban a Ric? 

Creo que siempre buscamos incorporar esa magia del primer álbum. Hicimos Pinkerton por nuestra cuenta y, para mí, fue un éxito artístico y a nuestros fans les encantó. Al principio, la prensa lo odió, pero luego le empezó a gustar. Y entonces, el Álbum verde, nuestro tercer álbum, nos permitió retomar el proyecto con Ric y crear un álbum con más producción. Básicamente con Ric volvemos a nuestras raíces y volvemos al garaje y lo intentamos de nuevo para que fuera, se remontaba a intentar capturar una vez más los tiempos del Álbum azul. Pero ya éramos diferentes, las cosas eran diferentes, las canciones eran diferentes, hasta un miembro de la banda era diferente: teníamos a Scott Shriner en ese momento. El título completo de ese álbum era “Al final todo estará bien, excepto que mueras”. Pero cortamos esa parte porque… bueno, quizá era demasiado sombrío. De todos modos, las tres experiencias con Ric fueron geniales. 

Weezer empezó en los 90 y es una de las bandas que definieron el sonido de esa década. Más allá de que siguieron tocando, investigando, evolucionando y revolucionando, en un imaginario Weezer es una de las “bandas de los 90”. ¿Cómo te sentís con esa definición? 

Sí, es increíble. Los 90 son una parte integral de mi formación musical. Todavía tengo una caja llena de CDs de los 90, y no puedo deshacerme de ella porque contiene muchísimas cosas geniales como Sebadoh, Slint, Dinosaur Jr. y ese tipo de cosas. La tengo ahí. Ese era el tipo de material que escuchaba incluso antes de estar en Weezer, e intentaba darle ese toque a la banda. Luego, la banda en sí es esta extraña mezcla de metal con alternativo, que me gusta pensar que traje, que al mismo tiempo se encuentra con el pop, donde la habilidad de Rivers [Cuomo] para componer canciones y su habilidad virtuosa para el metal se encuentra con esta antítesis y la armonía de Beach Boys y con otra antítesis, que era lo que estaba sucediendo con el grunge en ese momento. Así que, en realidad, éramos una entidad separada en ese momento, Y, luego, después de nosotros, empezaron a aparecer otras bandas después de nosotros. La gente probablemente agruparía tal vez a Blink-182 y algunas otras cosas que sucedieron en los 90, como Harvey Danger. Creo que teníamos discos geniales y también hicimos cosas como Make Believe [2005. Estoy muy orgulloso de ello. Pero es difícil decirlo. Parece que hay un resurgimiento de los 90. He escuchado algunas bandas nuevas, como Now del Reino Unido, que son geniales. 

Los 90 no parecen tan lejanos, pero por momentos se me hace imposible que en un abrir y cerrar de ojos pasaron 30 años… y eso que parece tan cercano en un momento, por el otro ya tiene una cuota de nostalgia… ¿Te pasa? ¿Cómo lidias con eso?

Bueno, es una locura pensarlo, en primer lugar no pienso en ello, pero desde que estoy en esto es difícil saberlo, y siempre estoy mirando hacia adelante. Y luego nuestra banda mira hacia adelante, y estamos muy emocionados por lo que está por suceder. Pero nosotros, al mismo tiempo, entendemos que el público quiere escuchar estas canciones que son como una especie de himno colectivo juvenil, como “Wild at Heart”. 

Hablemos de Pinkerton. Al menos una parte se grabó en la misma sala donde se grabó Nevermind de Nirvana. Uh, ¿dirías que sentiste una energía especial en ese estudio?

Bueno, absolutamente. O sea, querría hacer una referencia a que sí, podíamos oler el espíritu adolescente, pero no era cierto [risas]. El punto era que tenemos un muy buen baterista con Pat Wilson y queríamos que la batería fuera el foco principal de ese sonido. No había un estudio en la ciudad que tuviera ese sonido de batería. Esa es la razón por la que tanto artistas, como Tom Petty, siempre eligiera ese estudio. De hecho, todos los estudios de Los Ángeles afirman haber grabado los sonidos favoritos de los Beach Boys. 

En el Black Album, de 2019, el trabajo de guitarra fue sutil, meticuloso, construyendo un background.  ¿Cómo desarrollaste tu estilo? 

Simplemente perseverando, así es como lo desarrollé. Tuve mucha suerte de crecer con padres que me apoyaron, y empecé a tocar el piano cuando era muy chico. Y empecé a leer música a la misma edad que a leer inglés. Así que, al leer música, pensé que cualquiera podía hacerlo. Y luego descubrí que no era cierto en absoluto. Me encanta el proceso de plasmar la música, digamos, en papel, pero ahora mismo no tengo una escritura tan meticulosa, así que uso Sibelius o algún software de notación.  No me importa el Pro Tools. Dejo que otros graben. Me interesa la composición y la música, eso es lo que me emociona. Así que supongo que es curiosidad por cómo funciona todo eso. Para mí, la música tiene magia. La notación es como un libro de hechizos, así que esa es la razón principal de mi estilo. Incluso más que escuchar música todo el tiempo. Se trata de pasar tiempo en la parte compositiva y si no estoy escribiendo las canciones, estaré escribiendo las partes de guitarra o armonías vocales o lo que sea. Me gusta el proceso. Así es como desarrollé mi propio sonido, trabajando constantemente en él y perfeccionándolo. La perseverancia es la clave para desarrollar mi estilo y nuestra habilidad. Porque creo que tienes una habilidad innata. No puedo hacer lo que hace Rivers ni lo que hace Pat. No puedo hacer lo que hace Scott, pero hago lo que hago. Y, de alguna manera, todo funciona, y entonces fue como si necesitara arrasar y esto se derritiera, frente a un solo fulgurante. No soy quien para tocar eso. Es Rivers. Es Randy Rhodes. Creo que se trata de producir en el sentido de que estilísticamente sabés lo que estás buscando. Vengo de Tennessee, tengo este tipo de toque inherenteque no sé si es country o lo que sea. Mi método, mi estilo de los dedos en la guitarra, simplemente viene de forma natural. No sé por qué, porque no me gusta tanto la música country. Pero, de alguna manera, se siente en el aire. Es como la atmósfera del sur y su humedad, que se ha infiltrado, y no puedo evitarlo. 

En el film Factory Girl (2006) interpretaste a Lou Reed, ¿cómo te preparaste para esa actuación? ¿Recibiste algún feedbackde Lou?

Bueno, la única respuesta de Lou fue un artículo donde lo entrevistaron y alguien le hizo esa pregunta. Cuando lo pensó, respondió: “Son todos unos cabrones”. Me encanta. El director me dijo: “No quiero la versión de Velvet Underground. Quiero que tu versión de ‘Heroin’”. Y yo comencé escribiendo la estructura de la canción, porque hay una gran ambigüedad en ella. No está tan claro qué es lo que está pasando en esa canción, así que estuve trabajando en ello durante un vuelo, con lápiz y papel, como si lo estuviera dibujando. Y luego me junté con Pat y lo grabé y así fue como sucedió. Luego, fue solo un día de rodaje. Fue como hacer un videoclip, de alguna manera. Me puse una peluca y supongo que, desde lejos, me parecía un poco a Lou Reed. 

También actuaste en el corto The Deep and Dreamless Sleep. ¿Cómo surgió esa idea y cómo definirías tu relación con la actuación?

Fue durante la pandemia, yo acababa de terminar un programa de actuación online durante la pandemia, y fue genial. Fue como hacer un videoclip, a mi manera, de una de las canciones de Rivers que más me gusta. El chico que lo dirigió, que también dirigía la escuela de actuación, me ayudó con el concepto. Me dijo que  esa sería una gran oportunidad para que intentara actuar. Así que escribió un monólogo para mí y se transformó en un proyecto divertido para mantenerme un tiempo ocupado durante la pandemia. 

Están por filmar una película sobre Weezer. ¿Es cierto que Keanu Reeves va a participar del film? ¿Participas activamente en el guion? ¿Está avanzado el rodaje? 

¿La verdad? No puedo contarte mucho. Lo único que puedo decirte es que seguimos trabajando en eso.

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