Adanowsky, el hombre de las transformaciones constantes

El artista franco-mexicano repasa su recorrido personal, de la música al cine, de la producción al tarot y la cosmología. El martes que viene se presentará en La Trastienda.

Por  GONZALO BUSTOS

octubre 28, 2026

Hace unas dos décadas, Adan Jodorowsky empezaba una carrera artística como músico. Un cantautor introspectivo, algo sufriente, que cantaba sus sentimientos entre melodías suaves y eclécticas, cuerdas celestiales y un universo espiritual. Pero también, un tipo capaz de matar ese alter ego musical para construir otro. Uno que se rodeaba de sonidos más orquestales y que narraba sus dolores de otras formas, como si fuera otro. Eran los años 2009, 2010: tiempos de cambio de décadas y de transformaciones para Adan.

Así, sin saberlo, Adanowsky (nacido en México en octubre de 1979, hijo del conocidísimo cineasta Alejandro Jodorowsky) enhebraba con sus dos de sus primeros discos, El Ídolo y Amador, la aguja de una carrera que lo llevaría a cosechar más de 40 álbumes, un puñado de películas dirigidas, shows de alcance internacional en torno al tarot y la cosmología y una labor como uno de los productores hispanohablantes más influyentes de, al menos, la última década. Trabajó con artistas como Natalia Lafourcade, Mon Laferte, León Larregui, Bandalos Chinos, Beck, Karen O, Devendra Banhart y ganó  5 Latin Grammy y 2 premios Grammy.

Hoy, luego de una seguidilla de shows celebrando los quince años de Amador por todo México, Adan regresa a Argentina para presentar “Amador y El Ídolo: una esquizofrenia musical” (el 4 de noviembre, en La Trastienda), un show que repasa esas obras fundacionales. “Esos discos van a perdurar durante años y tal vez no me estoy dando cuenta”, dice en comunicación con Rolling Stone desde su casa en el DF. “Pero ahora me doy cuenta de la importancia que tienen. Creo que cada momento es un momento importante y por eso estoy disfrutando mucho el ahora”.

¿Por qué un show enfocado en dos discos de tus comienzos?

Me divierte, porque es como una especie de homenaje a esos dos primeros discos que aquí en México marcaron a mucha gente. Aquí me cantan las canciones, me las piden. Entonces un día dije, bueno, ¿por qué no hago un homenaje y hago revivir a esos personajes? Porque en ese entonces mataba a mis personajes al final de las giras. Y dije, bueno, ¿qué voy a hacer? Bueno, quiero hacer un homenaje y al mismo tiempo quiero dar a la gente, a esos jóvenes que tenían 10 años hace 20, mostrarles cómo era exactamente en esa época. Y lo hago idéntico a como era antes. O sea, recopilando el mismo show, digamos, revisitado obviamente con la experiencia de hoy, pero lo hago tal cual.

¿Cómo ves esos discos ahora con el paso del tiempo? ¿Y cómo te encontrás al interpretarlos de vuelta?

Cuando los hice, obviamente no me imaginaba que iban a durar tantos años. Y después me reencuentro con esto y me doy cuenta que surgió un entusiasmo tremendo en el escenario cuando empecé a cantar, como que era reencontrarme conmigo mismo, con algo que había perdido. Es renacer de alguna manera. Es como decir, mira, este soy yo.

¿Y creés que algo de eso sigue hoy en vos?

Me he transformado mucho porque antes, en ese entonces, no sabía que iba a ser productor de música. Nunca me imaginé Grammy, éxitos. Pensaba que era algo imposible de tener. Pero más allá del éxito, esas cosas que me parecen completamente ilusorias, porque me di cuenta que no me quedo con el premio, sino con la experiencia que tuve con el artista, con quién he colaborado, con las risas que tuve en el estudio, los logros que he encontrado con el sonido, ese tipo de cosas son las que me entusiasman más que irme a los Grammy y ganar premios.

¿Este enfoque de las cosas tiene que ver con tu rol como productor?

Antes quería existir, mostrar mis habilidades de arreglista, de sonido, quería demostrar. Ahora más bien quiero esconderme y estar al servicio de la canción. Ser invisible. Estar al servicio del sentimiento. Es decir, más que la forma, es el fondo. Si no siento con mi corazón, si no late, si no tengo emoción cuando escucho la canción siento que no estoy haciendo mi labor como se debe.

Ya lo dijiste, fuiste cambiando a lo largo de toda tu carrera artística, no solo con la música: ¿qué te mueve a esas transformaciones?

Te voy a hablar honestamente. Más allá del artista y del entrevistador, te voy a hablar de humano a humano. Creo que tengo una inquietud y un sufrimiento tan grande dentro de mí que me escondo a través de todos los trabajos que hago. Porque eso me permite no aburrirme, no enfrentarme conmigo mismo. Entonces estoy haciendo demasiadas cosas. Mi agenda está llena. Lleno, lleno, lleno. No descanso. Tengo un sufrimiento muy grande adentro, entonces soy inquieto. Es decir, tengo que hacer cine, música, tarot, genealogía, todo. Y llegará el día donde haré una pausa y me voy a empezar a ver realmente como soy. Y ahí tal vez mi arte cambiará.

¿Tu arte refleja ese dolor?

Pues mira, estoy interpretando personajes. Entonces me estoy escondiendo. Eso es. Y lo único que me parece realmente auténtico que hago, obviamente la música la es, porque es música, sale de mí, pero es cuando ayudo a la gente. Cuando doy talleres de constelación, ahí me espejea mucho y aprendo mucho de ellos, ayudando a los demás. Y eso podríamos linkearlo con la producción también, donde estás ayudando a un artista a terminar de construir su música. A mí me tocó existir como productor y tener una carrera de productor y que me vean como productor. Pero en realidad, en el fondo, estoy al servicio de alguien.

¿Cómo entran el tarot y la cosmología en tu vida?

Mucha gente piensa que está separado de lo artístico, pero no. Mira, por ejemplo, cuando estoy produciendo es como una terapia. Tengo que hacer sentir bien a la persona, tengo que darle seguridad, tengo que hacer engaños, tengo que engañarlos simbólicamente, usar trampas sagradas para que logren cantar. Tengo que llevarlos a un mundo, ¿no? Todo es espiritual, pero yo no hablo de una espiritualidad hippie, tonta, de ir a Tulum a bailar. No, no hablo de eso. Todo el mundo es espiritualidad porque todo el mundo flota en medio del universo, en medio del misterio. Y el misterio no sabemos lo que es y estamos confiando tranquilamente, sentados ahí, tú y yo hablando en medio del universo sin ninguna preocupación. Eso es la espiritualidad. La espiritualidad es la fe. Es la fe en que no vamos a caer en el vacío. Entonces, hacer arte es un acto de fe también.

¿Y dónde ponés tu fe más allá del arte?

La pongo en vivir. Todos queremos llegar a algún lugar, pero me parece que nos olvidamos vivir y el camino es lo más delicioso que hay. Siempre queremos llegar al éxito, al dinero, a ser grande, al poder, etcétera, pero nos olvidamos de  vivir y llegamos al final de la vida, nos morimos agotados por buscar algo que nunca hemos encontrado porque todo está aquí ahora. Entonces, creo que la fe es la experiencia.

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