Girl Ultra habla de RRRomeo: “Reconocernos como mujeres que tienen la libertad de desear tiene mucho poder”

La mexicana habla sobre el romance, el sexo y el deseo en su nuevo álbum, además de sus recuerdos de la escena nocturna de la CDMX, lo que significa ser un erótico neurótico y los besos de tres horas que dieron vida a la portada del disco.

octubre 9, 2026

Alicia Nieto

Girl Ultra recuerda una Ciudad de México distinta. Una en la que usaba identificaciones falsas para entrar a conciertos y ahorraba para ver a sus bandas favoritas. En aquella escena nocturna descubrió a Chromeo, el dúo canadiense con el que años después terminaría trabajando en RRRomeo, su nuevo álbum.

El disco comenzó a tomar forma hace cinco años y pasó por estudios de Los Ángeles, Nueva York, París y México. Entre sintetizadores, funk, new wave y referencias al pop de los ochenta, Mariana de Miguel construyó un proyecto dedicado al romance, el sexo y el deseo femenino. A través de sus canciones, explora la libertad de desear, las fantasías sexuales y las distintas formas de vivir el amor, recuperando el erotismo y las insinuaciones de la música de aquella década. También reflexiona sobre la educación que recibió, que le enseñó a reprimir sus impulsos, y sobre el poder de expresar abiertamente su sexualidad.

En conversación con ROLLING STONE en Español, la artista habla sobre su relación con el R&B, el romance como un acto de rebeldía, las demostraciones públicas de afecto y la peculiar sesión fotográfica en la que pasó tres horas besándose con Sergio Mayer Mori para conseguir la portada del álbum.

Estás a unas semanas de lanzar RRRomeo, un disco sobre el romance, el deseo y distintas versiones de Girl Ultra. ¿Cómo nace el concepto?

Creo que nace, primero, de ser una mujer que sale, que vive y que es traviesa. También de llevar esa misma travesura de la vida al estudio, a las máquinas, a una exploración sonora muy análoga. Estaba buscando qué tan elástica podía ser la canción pop y encontrar estas alternancias entre Chromeo, lo que ha hecho Girl Ultra hasta ahora y todo lo demás. Creo que fue un gran ejercicio hacer este disco.

Has dicho que trabajar con Chromeo es como completar un círculo, porque creciste escuchándolos en esta ciudad, cuando empezabas a salir. 

¿Qué tanto influye la escena nocturna de la Ciudad de México en este álbum?

Muchísimo. Fue ese despertar de Mariana cuando esta ciudad era más sucia y más para el citadino. Cuando llegaba algo a la ciudad, era todavía más especial. Venían bandas que uno quería escuchar y yo ahorraba dinero para ir a esos festivales, para ver a Chromeo y aprovechar lo que pudiera conseguir gratis.

Estaba muy chido. Tenía una identificación falsa. Uno recogía muchos tokens en la vida nocturna adolescente de esta ciudad y eso era una ganancia. El lunes ibas a la prepa y decías: “No mames, vi a Phoenix”. Era muy chido orbitar esa escena preparatoriana que tenía mucha hambre por hacer música.

Mientras trabajabas en RRRomeo, lanzaste EL SUR y blush. ¿Cómo se distinguen esos tres proyectos?

Este disco empezó hace cinco años. Fue un proceso intermitente y es la primera vez que tuve la libertad de añejar las canciones y volver a ellas. Mientras sucedía toda esta locura de EL SUR y blush, estaba de gira. Eso me dio la posibilidad de llevarme el disco de Los Ángeles a Nueva York, trabajar cosas en París y terminarlo en México con productores mexicanos. Creo que se enriqueció de muchos lados. También me dio la posibilidad de descartar cosas y hacer un álbum cortito. Últimamente me gustan los álbumes que duran poco, pero tienen canciones largas. Me gustó poder distinguir qué era para RRRomeo y qué estaba sucediendo para EL SUR. Es un poco esquizofrénico, no te voy a mentir, tener la computadora llena de proyectos, pero me gustó mucho el resultado.

¿Por qué las tres erres de RRRomeo?

Una, porque la erre se me hace algo muy sexual. El simple hecho de que la lengua vibre automáticamente me lleva a los bajos instintos. También quería que visualmente RRRomeo se pareciera a Chromeo, hacer ese pequeño guiño. Y para que los gringos no puedan pronunciarlo, que digan “Romeo” y yo les diga: “No, es RRRomeo”. 

Has hablado de Romeo como un arquetipo más que como una persona específica. ¿Cómo lo describirías dentro del disco?

Romeo, en este disco y para mí, es un Frankenstein. No existe una sola persona. Muchas historias están salpicadas de pequeños guiños a cosas que me pasaron o que le pasaron a alguien más, además de guiños ochenteros a estas narrativas encriptadas de la sexualidad y del amor. Creo que hay momentos muy visuales. Por ejemplo, en la canción que le da nombre al disco, ‘RRRomeo’, hablamos de lo bien que se le ve un pantalón apretado a un güey. Es esta manera de ver a Romeo como un objeto, como algo que quieres obtener.

Trabajaste estas canciones durante varios años. ¿Qué cambió entre aquella primera idea del disco y la versión final?

Creo que el primer acercamiento con Chromeo fue aprender de la fuente. Son dos grandes productores que tienen una trayectoria muy larga y un acercamiento al funk y al pop muy purista. Estaba muy chido obtener esos sonidos prístinos, de raíz, directamente de las máquinas, de la drum machine. Todo muy limpio. Y yo me llevé esas cosas y las ensucié, porque creo que Girl Ultra también estaba buscando eso: todas estas capas de sonido. Llegamos a un punto medio en el que el stem de origen es algo muy limpio y muy puro del funk y de estos grandes músicos, pero pasado por mi cabecita. Estoy muy agradecida de poder completar estos círculos y de los accidentes felices que me han pasado en mi carrera. Aprecié mucho tener los archivos abiertos, llegar al estudio y preguntar cómo se hacen las cosas que creciste escuchando. Ver sus fierros, su proceso creativo, entender ese hilo conductor y cómo tienen su propia fórmula. Para mí eso es supervalioso en el estudio, con quien sea que me toque compartirlo.

¿Qué extrañas de las canciones pop de los ochenta?

Muchas cosas. Primero, los leads melódicos. Como Tears for Fears, que tenían melodías muy reconocibles. También había una nostalgia por un futuro que todavía no existía. No sabíamos qué iba a pasar después de los ochenta, todo era una hipótesis. Creo que a partir de los noventa la narrativa y la lírica se volvieron muy distópicas, pero en los ochenta existía hasta el romance. Eran lenguajes muy pictóricos, construían universos. Extraño mucho eso de la canción pop de los ochenta.

En otra entrevista mencionaste que compartes este discurso de “a la verga los hombres”, pero al mismo tiempo el disco habla del deseo hacia ellos. ¿Cómo conviven esas dos ideas?

Creo que reconocernos como mujeres, como estos seres ferales que tienen la libertad de desear, de desear cuerpos y de convivir con un individuo, ya sea varón o lo que sea, tiene mucho poder.

Me gusta mantener ese ritual porque yo me considero así. Estuve en una escuela católica y se me enseñó a no desear, a bloquear esos impulsos. En el momento en que los dejé fluir, conocí muchas partes de mí y hasta dónde puedo llegar como ser mágico.

Es interesante que el disco aborda el romance desde la perspectiva de una mujer que controla la narrativa. ¿Sentías que había algo que reinterpretar de la manera en que históricamente se ha escrito sobre el deseo?

Más bien quería volver a esa autocensura. Ahorita uno tiene la libertad de decir cualquier tipo de cochinada en una canción y ya no nos parece raro. Para mí, la libertad dentro del sexo y el fetiche en este disco fue autocensurarme y volver a escribir como escribía Daniela Romo. Y de repente sí utilizar palabras altisonantes, como decir que soy una ramera. Es una palabra que se usaba mucho en mi casa en los ochenta y los noventa. Reinterpretarla, hacerla mía y hacer mi manifiesto de ser una ramera era mi manera de recobrar ese poder.

También has hablado del sexo como una forma de poder. ¿Cómo aparece esa idea en el disco?

El hecho de pintar estas imágenes donde existe una interacción, hablar de la saliva o de cómo se le ve el jean a un varón, tiene que ver con el poder de desearlo y de tenerlo. Me gusta eso. Es la vida que vivo últimamente y me gusta hacerla canción. 

Has descrito el romance como un acto de rebeldía, especialmente en un momento en el que parece que nos vinculamos de manera más distante. ¿Por qué te interesaba defenderlo ahora? 

Siento que todo el mundo se siente muy observado. Entonces, la gente se mesura mucho con estas demostraciones públicas de afecto, con mostrar el amor en el parque.

Bueno, igual hay dos o tres amantes, oficinistas que están con su secretaria en el parque y todavía no les llegó el memo de no amar en público. Pero recuerdo esta ciudad y ver amantes en las esquinas metiéndose mano. Qué mal, pero qué bien, ¿sabes? Me encantaría que eso volviera a pasar sin que uno se sintiera monitoreado. Soy defensora del amor en público. Del PDA, cien por ciento.

¿Cómo describes a un erótico neurótico?

Alguien como yo. A ver, voy a poner ejemplos mexicanos: alguien como Cristian Castro, alguien como Alejandra Guzmán. Eróticos neuróticos. Grandes ejemplos. Amo a Cristian Castro.

En el sonido del disco aparecen referencias al new wave, synth-pop, indie sleaze y rock en español. ¿En algún momento sientes que tienes demasiadas referencias sobre la mesa?

Siempre. La manera en que aprendí a hacer música fue muy derivativa. Escuchaba y consumía mucha música, y lo sigo haciendo. Siempre sé qué quiero que suene poniendo algún ejemplo. Para mí había muchos sonidos que convivían y que tenían sentido juntos. Mi interpretación de los ochenta no es la del pop chicloso, sino algo más new wave, más Depeche Mode, más oscuro. Y cómo convive eso con ese fetiche ochentero por Oriente. Había muchos samples en The Cure y muchísimos motivos orientales en otras bandas. De repente esos puntos se van conectando mientras creas una historia sonora. Para mí eso es excitante. También está el indie sleaze como un pasaje, porque ahí sucedían muchas cosas. Había bandas que escuchábamos en esa época y que no sabíamos cómo definir. Como Klaxons. Tenían motivos muy diferentes. Estaba sucediendo un sentimiento más allá de un sonido.

¿Cómo fuiste construyendo el mundo de las colaboraciones?

Al principio todavía no sabía qué quería hacer con ellas, pero definitivamente quería tener voces femeninas fuertes del pop alternativo. Para mí, Empress Of es una de las mejores voces desde hace más de diez años. Rompe fronteras. Lo mismo Buscabulla y Raquel. Sobre todo, Buscabulla me dio esta ilusión de que los mundos y las culturas pueden colisionar. La primera vez que los escuché, en ese EP que produjo Dev Hynes, de Blood Orange, yo pensaba: “Puerto Rico, Dev Hynes, Nueva York… estas cosas pueden suceder”. Yo estaba muy chica y fue uno de esos primeros cachetadones de entender que las cosas pueden pasar, que todo se puede meter en una licuadora y puede salir algo chido.

Durante mucho tiempo estuviste asociada al R&B mexicano e incluso se te ha considerado una de sus pioneras. Ahora haces música que puede abarcar prácticamente cualquier género. ¿Te costó trabajo separarte de esa idea?

Creo que en algún momento sí. Para mí, el R&B, más que un estandarte, fue un espacio para aprender. Se me hace un género muy digerible y también era un momento que me brindaba la posibilidad de ser parte de una vanguardia, de algo que no habíamos escuchado tanto en español. Se había infiltrado en el pop de los dos mil, pero nunca se le había dado esa etiqueta. Fue un accidente muy feliz llegar a ese sonido y ser parte de esta pequeña universidad de amigos que terminamos haciendo música. Pero rápidamente mi inquietud musical me llevó a otros lugares. Soy muy inquieta, muy cambiante, y también me gusta esperar el momento adecuado para utilizar una referencia. Había muchas cosas, sobre todo del rock en español y de la música de club, que sentía que tenía que añejar. Poco a poco la vida me iba a dar esos espacios para hacerlo. Para mí, el R&B puede seguir siendo un hilo conductor. A veces regreso a esos días y me gusta saber que fui parte de algo que marcó un parteaguas en la música en español en este país. Es emocionante ver cómo la gente vuelve a ello.

Hablemos de la portada. ¿Cómo nació el concepto?

El arte de RRRomeo también parte de querer hacer una pequeña ventana hacia algo íntimo, como un beso de lengua. No hemos visto a todo el mundo besarse. Entonces pensé en hacer esta pequeña mirilla en la puerta hacia lo que puede ser. También quería invitar a un amigo que representa estos dos íconos de México en los noventa: Bárbara Mori y Sergio Mayer, y su hijo, el producto de ese amor tan mediático y de ese ideal inmaculado de la belleza mexicana. Entonces invité a Sergio. Está en la portada y nos estamos besuqueando. Nos besuqueamos tres horas para que saliera esa foto. Solo le dije: “¿Te quieres besar conmigo tres horas y salir en mi portada?”. Y me pareció que tenía todo el sentido del mundo.

¿Cómo te imaginas estas canciones en vivo? ¿Cómo crees que cambiará el show?

Para mí el directo es muy importante. Crecí viendo estos shows de indie sleaze, como Yeah Yeah Yeahs en 2007 en Nueva York, que eran shows muy orgánicos de banda, a veces power tríos. En este mundo donde es muy caro salir de gira, voy a seguir manteniendo ese power trío. Nada más le voy a aventar unos sintetizadores. Para mí se trata de consolidar esos shows que crecí viendo en bares de rock. Me encanta este formato actual en el que los conciertos son prácticamente obras de teatro, pero me gusta volver a concentrar la atención en la música.

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