Nico Cotton, entre el productor estrella y el artesano del sonido

Es uno de los productores favoritos de la industria y uno de los más premiados. Su trabajo se escucha tanto en la voz de Cazzu, María Becerra y Nicki Nicole como en las de Soledad, Jorge Drexler y Juanes

Por  JUAN FACUNDO DÍAZ

agosto 7, 2026

La industria argentina tiene en Nico Cotton a uno de sus productores favoritos. Su trabajo como compositor, multi-instrumentista e ingeniero de mezcla le ha valido montones de premios que van desde un Grammy Latino a mejor Productor en 2025 hasta una montaña de Premios Gardel. El más reciente, por ejemplo, fue una estatuilla de la celebración nacional de este año a Mejor Álbum de música global por Latinaje, el último lanzamiento de Cazzu. Su nombre va en créditos de discos o canciones tan diferentes a cargo de Soledad, Juanes, Cazzu, Nathy Peluso, Aitana, Jorge Drexler, María Becerra, Conociendo Rusia, Natalia Lafourcade, Nicki Nicole y tantos otros. Cada uno de ellos es un universo en sí mismo que renueva el desafío y el entusiasmo por su labor. 

Puede decirse, entonces, que Cotton encontró la fórmula del éxito. “A esa palabra uno la puede ver como algo negativo, pero en mi caso es algo positivo”, dice sentado en su estudio de Caballito. “Ya sé los truquitos de muchas cosas que quizás cuando empecé no sabía cómo hacerlas. Con el paso del tiempo vas aprendiendo esas fórmulas mágicas de cómo lograr ciertos sonidos o ciertas cosas. Así y todo, cada vez que empiezo un proyecto nuevo me gusta hacer borrón y cuenta nueva y jugar a que no sé nada para empezar a crear un mundo de cero”. 

Sin embargo, dice que los premios no importan tanto, que eso no puede guiar la creación, porque pensar en el resultado viral más que en el proceso de composición no es el camino de la felicidad. “Es que un trofeo no significa mucho, por lo menos para mí”, dice. “Si me pongo más profundo, el verdadero premio es poder vivir de la música, poder conectar profundamente con una canción o con un proyecto, estar en el estudio creando y poder volar con tu cabeza, crear desde cero algo. Y sobre todo poder vivir de esto, poder comprarte instrumentos, poder construirme mi estudio, poder, no sé, comprarme el micrófono que siempre soñé. Todo eso haciendo música. Eso es el verdadero premio, poder vivir de lo que amo”.  

Su camino con la música empezó a sus 10 años, pero desde los 19 se convirtió en un productor profesional, ese al que le pagaban por su trabajo. Hoy tiene 37 y esas herramientas que fue recolectando y vuelca en cada proyecto son el resultado de la teoría de las mil horas, ese know how que se obtiene después de hacer mucho tiempo la misma cosa. El resultado, necesariamente, es la destreza. Sumado a esto y como diferencial, Nico Cotton considera que además supo construir un perfil identitario, algo que al sonar puede sonar a él. “Yo creo que más que un sonido puede ser que tenga una especie de musicalidad”, analiza. “Tengo el estudio lleno de instrumentos y la computadora ocupa un espacio un poco menos importante”. De esa forma, sea con un tema de música urbana o de pop bailable, su impronta de músico siempre asoma con el aporte de diferentes matices de sintetizadores, guitarras o baterías tocadas por él mismo. 

“Trato de ser un artesano del sonido”, dice sonriendo. “Está lo lúdico de poder jugar o poder agarrar un instrumento y hacerlo mierda. Creo que eso es lo que más me gusta y siento que los artistas también buscan eso de mí. También poder grabar. Es algo que me apasiona, la grabación, los micrófonos, la tecnología, entender por qué un micrófono suena así, por qué otro micrófono suena de otra forma. Pasarme tres horas para buscar un sonido de bombo afinando y poniendo un micrófono de cierta manera junto con el ingeniero”. 

Ese dominio del estudio y las diferentes herramientas le generan una validación en el ambiente que los artistas valoran y devuelven en forma de respeto por su trabajo. Lo que sigue desde ese momento es el boca a boca, la forma en la que gente lo recomienda a otra gente y aparecen artistas interesados en trabajar juntos. El primero, y su primer éxito, fue Axel. Juntos ganaron el Gardel de Oro en 2015 por el disco Tus ojos mis ojos y se llevaron tres de los seis premios a los que estaban nominados: Mejor álbum artista masculino pop, canción del año por y Álbum del año. Lo que siguió desde allí fue una temporada de ostracismo hasta que en 2018 apareció Juan Ingaramo y lo convocó para hacer Best Seller, su tercer disco. 

A partir de allí, los trabajos se multiplicaron. A Los Nocheros se les sumaron NIcki Nicole, Conociendo Rusia, Maria Becerra, Nathy Peluso y muchos más. Pero hubo dos en particular que Nico destaca: Soledad y Cazzu. La Sole, por su parte, lo convocó para producirle un disco con las intenciones de acercarse al pop o a ritmos más innovadores de sus propios horizontes. Sin embargo, él no aceptó. “Me planté”, cuenta. “Le dije: ‘Sole, me encanta que me hayas llamado. Te agradezco, pero yo con vos quiero hacer un disco de folklore. Cuando tengas ganas de hacerlo, me llamás’. A los dos días me dice ‘dale, estoy. Hagamos un disco de folklore’”. La advertencia de su parte fue que no sería un álbum con destino del top 50 ni que tendrían viralidad, sino que era algo para que disfruten ellos el hacerlo. “Me quedo con las lágrimas de Sole diciéndome que es el mejor disco que hizo en su vida. Yo eso no me lo borro más. Eso para mí es el premio más grande. También creo que ese disco fue el germen o la semilla que despertó esta vuelta al folklore de otros artistas”. 

Con Cazzu fue diferente. La relación que han construído juntos tiene historia, cercanía y una cuota clave de intimidad y confianza necesaria para tomar riesgos artísticos apoyándose el uno en el otro. “Latinaje fue un proceso muy largo de casi dos años. La semilla la plantamos en un viaje que hicimos juntos a Puerto Rico en 2019. Desde ese momento le dije que tenía que empezar a cantar”, cuenta. En la isla convivieron mano a mano durante un mes. Todas las mañanas, al despertarse, Cazzu ponía música y siempre elegía folclore. Le hacía escuchar diferentes canciones y artistas y eso, de una u otra forma, se metió en el proceso de composición. Un día, casi terminando el disco, él empezó a jugar con la guitarra, ella comenzó a cantar y nació “Piénsame”. Si bien el disco de ese momento era más cercano al trap, esa canción con aires de folklore que sirve como interludio dentro del álbum fue el germen de todo lo que ahora finalmente explotó. 

Para confiar en el otro primero hay que conectar. Y entre ellos hay conexión. “Hicimos dos álbumes, ahora vamos por el tercero y conectamos. Ella quiere trabajar conmigo y yo quiero trabajar con ella. Entonces en esa conexión hay una confianza de ambas partes que permite hacer cosas nuevas”. El concepto del álbum lo propuso ella con la intención de hacer un género por cada canción y eso fue un desafío. La dificultad era hacer convivir todos los ritmos latinos en un álbum y que suena a eso, a un álbum, y no perderse en la heterogeneidad. “Hay una presión ahí de tener que estar a la altura que es lo que a mí me gusta”.  

Más allá de la experiencia, más allá del prestigio, Nico intenta seguir conectado con aquello que lo impulsó a convertirse en lo que es actualmente, uno de los productores favoritos de la industria. “Se está poniendo mucho el foco en los números, en los seguidores, en las reproducciones, en qué top estás, y eso un poco confunde”, dice. “Yo prefiero tener un artista que tiene un millón de reproducciones distribuidas en 20 canciones que una canción con un millón de plays”. Desde adentro, como un engranaje más de toda esa maquinaria que cosecha éxitos y crea personalidades como estrellas, Cotton piensa en la forma de salir de esta dinámica. “Hay que, de alguna manera, no tener miedo a hacer música, perderle el miedo. Hay que mirar para adentro y decir esto me emociona, me conecta, me hace ser feliz. Hacer algo que te permita decir que te emociona y te dan ganas de compartirlo con el mundo”. 

Nico Cotton tiene casi veinte años produciendo discos y canciones. La misma industria lo señala como uno de esos privilegiados que levanta, año tras año, premios y distinciones que lo posicionan como uno de sus favoritos. Su versatilidad a la hora de abordar artistas, su musicalidad en el trabajo y su compromiso con la parte técnica, construyen su identidad profesional. Y mientras valora que el mejor premio no son las estatuillas sino que es vivir de esto, de la música, dice que hay dos formas de existir dentro del negocio. “Una es hacer esto por la música y otra por la plata, por cosas pasajeras. Si lo que construiste te emociona y se termina haciendo popular, es espectacular. Ahí está la magia”.