Las recientes declaraciones de Julian Casablancas volvieron a poner al líder de The Strokes en el centro de la conversación pública, esta vez por una entrevista en el programa SubwayTakes que rápidamente se viralizó por su tono frontal y político.
El momento más tenso llegó cuando el músico introdujo lo que él mismo definió como su opinión “más controversial”. Sin rodeos, afirmó: “Los sionistas estadounidenses obtienen los beneficios de la gente blanca privilegiada, pero hablan como si fueran personas negras durante la esclavitud”. La frase, que no tardó en generar reacciones en redes sociales, se dio en medio de una conversación sobre el conflicto en Medio Oriente. Casablancas amplió su postura cuestionando lo que considera una desconexión entre ciertos discursos y la realidad en el terreno: “Es impactante. Estás yendo a una boda en Tel Aviv justo ahora, cuando a solo media milla de distancia hay más de 80,000 personas muertas, incluyendo mujeres y niños. Es una locura absoluta”.
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Lejos de matizar, el cantante insistió en que estas posturas responden a dinámicas de “adoctrinamiento” y a una necesidad de pertenencia colectiva, sugiriendo que muchas personas operan dentro de una especie de narrativa asumida más que reflexionada. Aun así, dejó entrever un matiz menos pesimista: se declaró “optimista” frente a la posibilidad de que la sociedad eventualmente “despierte”.
Las declaraciones llegan pocos días después del paso de la banda por Coachella, donde ya habían marcado una línea política clara al criticar el imperialismo estadounidense e incluso mencionar el rol de la CIA en conflictos internacionales. En ese contexto, la entrevista funciona más como una continuación que como un hecho aislado.
Pero el episodio de SubwayTakes no se limitó a la geopolítica. Fiel a su estilo errático y provocador, Casablancas también lanzó críticas a la vida urbana en Nueva York, proponiendo —no del todo en serio— medidas como impuestos para dueños de perros que no recojan los desechos de sus mascotas.
En el plano político interno, el músico volvió sobre una idea que ha repetido en distintas ocasiones: la necesidad de romper la polarización en Estados Unidos. “Progresistas y conservadores tienen que unirse en un partido populista no corporativo”, dijo, planteando que debates como el aborto o las armas distraen de problemas estructurales como la corrupción y la influencia de las élites económicas.
Incluso en medio de la controversia, su discurso mantiene un hilo conductor: una desconfianza profunda hacia las narrativas dominantes, ya sean políticas, culturales o mediáticas. Esa postura, que para algunos resulta lúcida y para otros simplista o provocadora, sigue siendo parte central del personaje público que Casablancas ha construido más allá de la música.
Con un nuevo álbum de la banda en camino, el impacto de estas declaraciones probablemente no se quedará en lo mediático. Como ya ha ocurrido antes, su voz vuelve a cruzar la frontera entre el rock y la política, en un terreno donde cada frase pesa más de lo habitual.


