Ha sido un año difícil en materia de derechos de las mujeres. No ha habido un solo día en que los medios y las redes sociales no se hayan llenado de noticias terribles alrededor del mundo sobre violencia basada en género y amenazas contra nuestra autonomía, o anuncios de que hombres que han sido acusados de abuso continúan teniendo grandes plataformas sin mayor consecuencia. Hace unos días, Slipknot anunció su regreso a Sudamérica, una visita esperada por muchos pero que se ha visto opacada por el acto de apertura elegido para sus shows: Marilyn Manson.
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Muchos y muchas fanáticas de la agrupación encabezada por Corey Taylor manifestaron su descontento e indignación por la presencia del solista estadounidense. Algunos y algunas se debatían entre ver a su banda favorita pero permitir que su dinero llegara a los bolsillos de un músico que no apoyan, mientras que hubo quienes decidieron no comprar ninguna boleta en lo absoluto. Como era de esperarse, también hubo seguidores de Manson que se alegraron por el tour, muchos de los cuales se burlaron de quienes están en contra de que un hombre con serias acusaciones de violencia basada en género acompañe a Slipknot. El cantante no solo ha sido denunciado públicamente por Evan Rachel Wood sino por, por lo menos, 12 mujeres más. Algunas de ellas interpusieron demandas en su contra, como Esmé Bianco —con quien llegó a un acuerdo del cual no se revelaron las condiciones—, y una más está a la espera de un juicio que llegará el próximo año. Manson ha negado los hechos de los que se le acusa, más no ha sido declarado inocente por ningún juez.
La gira que se suponía debía traer alegría tanto para la banda como para sus fans se vio opacada por una elección cuestionable de la que sus miembros se han lavado las manos bien sea con su silencio, o con justificaciones que apelan a una falta de poder de decisión, pero que más bien insinúan indolencia y un rechazo a romper el pacto patriarcal. Desde su cuenta de Instagram, Jim Root, guitarrista del grupo desde 1999, intentó desmarcarse de toda responsabilidad alegando que su papel en la agrupación se limita a componer e interpretar.
“Me mantengo al margen de la logística de las giras y todo eso”, respondió desde su cuenta de Instagram a un comentario en el que un seguidor expresaba su decepción. “Me concentro en escribir y ser guitarrista, así que disculpa mi ignorancia respecto a quienes nos acompañan en los conciertos”. El músico explicó que hay “otras personas con cerebros más grandes” que se encargan de esos asuntos y que él, personalmente, no está al tanto de nuevos artistas o música, por lo que escucha lo mismo que ha escuchado desde niño. “Tampoco escucho ni le presto atención a propósito a lo que está ‘de moda’ o lo que está sucediendo en el momento para no influenciarme. Si alguien es parte de la familia, nos acompañará en este trayecto que comenzó hace más de 26 años… incluso antes de que yo fuese parte de esa historia. Si no es así, hasta luego”, cerró.
Claro que esa respuesta no era lo que se esperaba y ha sido catalogada como “tibia” pues aún si se tratase de asuntos contractuales, no se está hablando de una controversia cualquiera de la que se puede pasar la página como si nada, estamos hablando de serias acusaciones de abuso físico, sexual y emocional a distintas mujeres. A esto se suma la respuesta descarada del festival brasilero The Town sobre el porqué de incluir a Manson en su cartel: “Es un artista que nos gusta mucho y viene con Slipknot como parte de su tour. (…) Él es alguien que no ha sido condenado; no se ha comprobado nada. Estas son historias que no reflejan nada de lo que creemos, pero, en este momento, él es un artista que estará de gira por el mundo”, le dijo Zé Ricardo, vicepresidente artístico de la productora Rock World detrás del evento, al medio Folha de S.Paulo. En la misma declaración, el empresario puntualizó, “Tampoco podemos condenar a nadie sin evidencia”.
Justamente este es uno de los obstáculos que enfrentan las sobrevivientes de violencias basadas en género a la hora de denunciar a sus abusadores. Es común que estas denuncias no se hagan en el momento en el que ocurren los hechos ya sea por temor a represalias, a la estigmatización, a la revictimización o bien, por no saber reconocer que se está siendo víctima de ello, lo cual hace difícil reunir pruebas que la justicia considere suficientes. Evan Rachel Wood fue la primera en denunciar públicamente a Manson —cuyo nombre real es Brian Warner— en 2021, acusándolo de grooming cuando ella era menor de edad y distintos tipos de abuso durante una relación que mantuvieron con intermitencia entre 2007 y 2010. La actriz ya había hablado sobre haber sido víctima de violencia sexual por parte de una de sus exparejas y en 2019 testificó ante el Senado Estatal de California para proponer el proyecto de ley Phoenix (Phoenix Act), que buscaba extender el plazo de prescripción de los casos de violencia doméstica entendiendo que las sobrevivientes pueden tardar años en procesar los abusos y/o en reunir el valor de denunciar. El proyecto fue sancionado en 2020 y ha sido adoptado por otros estados.
Luego, en 2022, Rachel Wood compartió su documental Phoenix Rising en el que detallaba los abusos presuntamente perpetrados por Warner y su búsqueda de una justicia más comprensiva con las víctimas de este tipo de violencias. Poco después del estreno, el músico demandó a la actriz por difamación —una acción que ella calificó de intimidación—, pero una jueza de Los Ángeles determinó que muchos de los argumentos de Manson eran improcedentes. En 2024 se conoció que el artista intentó solucionar el lío de manera confidencial, a lo que la demandada se negó, por lo que él terminó retirando su demanda y tuvo que pagar los costes legales de su expareja.
A la denuncia pública de Rachel Wood se sumaron los testimonios de otras mujeres, incluidas la también actriz Esmé Bianco y la exasistente de Manson, Ashley Walters, cuyo caso llegará a los tribunales en 2027. Pese a que se trata de más de un testimonio que enseña un presunto patrón de conducta, los fans acérrimos del intérprete de ‘The Beautiful People’ y parte de la industria musical se han aferrado a la investigación que la Fiscalía del Condado de Los Ángeles archivó en 2025 por superar el plazo de prescripción y no tener pruebas suficientes “más allá de una duda razonable” para calificar a todas las denunciantes de mentirosas. Es importante entender que una investigación penal archivada no es lo mismo que una declaración oficial de inocencia. Lo segundo no ha ocurrido en este caso.
Hace tan solo una semana el caso de una joven estudiante de la Universidad de Cornell, Nueva York, que fue víctima de abuso sexual por parte de siete hombres de la fraternidad Chi Pi causó indignación en la opinión pública. Los estudiantes estaban dentro de un chat grupal de más de 50 miembros donde se compartieron información sobre la existencia de una “vagina gratis” en una fiesta. Nadie cuestionó nada.
Cuando hablamos de pacto patriarcal, nos referimos a esto. Puede que los hombres reconozcan cuando uno de ellos está haciendo algo cuestionable, más no dirán nada para cuidarse las espaldas o porque simplemente sienten que no les compete. También ocurre que ponen en duda las voces de las mujeres que denuncian, pero no son capaces de cuestionar ni un poco si es su compañero, colega, conocido o artista favorito quien está mintiendo. ¿Por qué?
Si se habla de casos comprobados, tenemos entonces a Chris Brown, quien pese a sus múltiples casos de violencia continúa ofreciendo conciertos y teniendo miles de fanáticos que hasta se atreven a afirmar que Rihanna lo inventó todo. Otro ejemplo es Dani Alves, quien en 2024 fue condenado a cuatro años y medio de prisión por haber abusado sexualmente de una mujer en una discoteca de Barcelona. Su equipo legal apeló la sentencia y en marzo de 2025 esta fue revocada, por lo que el exfutbolista brasilero regresó a Brasil y ahora posa de pastor evangélico.
Regresando a Slipknot, que Marilyn Manson vaya a ser su telonero no es el único coqueteo que ha tenido el grupo recientemente con un hombre que tiene denuncias encima. En septiembre pasado, Corey Taylor y Serj Tankian hicieron una colaboración —muy terrible, por cierto— con Falling in Reverse, banda liderada por Ronnie Radke, quien en 2012 fue acusado de golpear a su novia de ese entonces y en 2015 de abusar sexualmente a una mujer tras uno de sus conciertos. La agrupación de post hardcore también colaboró con Manson en mayo.
Esta situación solo refuerza algo que las feministas ya sabíamos: solo nos tenemos a nosotras. Hemos comprobado una y otra vez que la narrativa de que “las denuncias les arruinan la vida a los hombres” no puede ser más falsa, si algo, estas generan más empatía sobre ellos que sobre las víctimas. Pero cuando es al revés como el caso de Johnny Depp o, si lo llevamos a un ámbito fuera de la violencia, el de Jorginho vs. Chappell Roan a principios de este año, el testimonio de los hombres es tomado como verdad absoluta desde el inicio. Es que claro, ¿quién podría desconfiar de un hombre con poder?
Marilyn Manson siempre ha sido una figura controversial que desde sus inicios ha suscitado teorías de conspiración que parecían cuentos para asustar niños. Su arte provocativo cambió paradigmas dentro de la música e inspiró a muchas personas alternativas a atreverse a romper moldes, a ser auténticas y a dejar de darle importancia a los prejuicios de otros; su influencia es indiscutible. No obstante, el fanatismo ciego es dañino y actuar como Jim Root también lo es, especialmente cuando se trata de casos que en lugar de impulsar a las víctimas de violencia de género a romper el silencio, lo que hacen es mostrarles que la justicia y la sociedad nunca estarán de su lado.
Considerarse alternativo conlleva tener la capacidad de discernir, de no sucumbir a la amnesia colectiva y de ir en contra del sistema aún cuando este los beneficie. Destruyan a sus ídolos.


