Hay una ambición estética en Te van a matar. La película del ruso Kirill Sokolov (Sin mirar atrás, ¿Por qué no te mueres?), quiere ser muchas cosas al mismo tiempo: un juego de acción hiperviolento, una fantasía pop de venganza y un espectáculo de gore con humor. En el camino, termina pareciéndose demasiado a otras películas.
Su ADN es reconocible desde el primer acto. La violencia estilizada con aire de videojuego que remite al cine de sus colegas y paisanos Timur Bekmambetov (Wanted, Abraham Lincoln: Vampire Hunter) e Ilya Naishuller (Hardcore Henry, Nobody), la paleta pop y la coreografía de la venganza que inevitablemente evocan a Quentin Tarantino en Kill Bill y a Panos Cosmatos en Mandy; y ese gusto por el exceso sangriento con guiño cómico que recuerda al cine de Sam Raimi (Evil Dead, Drag Me To Hell) y al de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (Ready Or Not 2 con todo y hermanas). El problema no es la mezcla. Es que nunca se convierte en algo propio.
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La historia sigue a Asia Reaves, interpretada por Zazie Beetz, una mujer que sale de prisión con una misión tan clara como el homenaje a Coffy: Encontrar a su hermana, atrapada en lo que parece ser una secta satánica dentro de un rascacielos de lujo. La premisa funciona. Tiene impulso, urgencia y solidez. Durante el primer tramo, la película se mueve con energía, incluso con cierta gracia. Pero luego empieza a repetirse.
El esquema es simple y consiste en entrar, pelear, matar, avanzar y repetir. Lo que debería escalar se mantiene en el mismo nivel. Los enfrentamientos no cambian en esencia, solo en decorado. La película confunde intensidad con acumulación y cree que más sangre equivale a más impacto. No es así. Sin variación, la violencia pierde efecto.
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Ahí es donde Beetz marca la diferencia. En los últimos años, la actriz se ha ganado un lugar particular dentro del cine comercial con personajes duros, extraños y a veces impredecibles. Desde sus trabajos en series como Atlanta y Black Mirror, hasta sus apariciones en producciones de Marvel (Deadpool) y DC (Joker), ha construido una presencia que combina ironía, cansancio, fuerza y control. Su Asia encaja en esa línea. Estamos hablando de una mujer que no necesita sobreactuar para imponer su presencia. Incluso cuando la película se vuelve mecánica, ella mantiene cierta tensión interna que la hace interesante de seguir.
Pero no alcanza. El guion no le da espacio para crecer, porque Asia no evoluciona, solo avanza. Y sin transformación, el personaje queda atrapado en la misma lógica que la película. El resto del elenco aparece y desaparece sin dejar marca. Patricia Arquette (Severance) intenta construir una figura inquietante, pero el tono nunca termina de asentarse. Heather Graham y Tom Felton quedan reducidos a presencias divertidas, sin desarrollo real. Son parte del decorado de una película más interesada en el efecto inmediato que en la construcción.
El espacio central con ese hotel tipo John Wick convertido en laberinto ritual y colmado de gente siniestra, tenía potencial. Pudo haber sido un personaje más, un entorno que se transformara junto con la historia. No ocurre. Se vuelve repetitivo, casi intercambiable. Los escenarios cambian, pero la sensación es la misma.
La película introduce sus giros más divertidos con unos enemigos que no mueren así sean decapitados y un cerdo empalado traído de El señor de las moscas. Esto podría haber sido un punto de quiebre, pero termina siendo otra forma de prolongar lo mismo. Y ahí aparece el problema central. Te van a matar no sabe cuándo detenerse. Alarga su premisa hasta desgastarla. Y lo que empieza como una propuesta energética bien coreografiada, termina como un ejercicio de insistencia que se desmadra.


