Crítica: The White Lotus

La serie estrena su tercera temporada en un nuevo resort y con nuevos huéspedes, pero con la fórmula de siempre

Por  ALAN SEPINWALL

febrero 21, 2025

Bienvenidos a Tailandia, la nueva locación de una serie muy efectiva.

Max

La tercera temporada de The White Lotus (Max) tiene lugar en otra ubicación de la cadena hotelera ficticia homónima: Tailandia, después de las anteriores en Hawái y Sicilia. En la primera escena, un personaje considera sobre la nueva locación: “Es muy parecida, salvo que sin monos”. Es, quizás, una confesión por parte del guionista y director, Mike White. Porque en este nuevo lote de episodios parece como si White estuviera mezclando ideas que usó en los dos escenarios anteriores. El resultado final sigue siendo extremadamente entretenido, gracias a un elenco de primera, que incluye a Walton Goggins, Parker Posey y Carrie Coon, entre otros, y gracias al talento de White para encontrar formas creativas de retratar el inconsciente de esos huéspedes obscenamente ricos. Pero ciertamente se pierde la emoción del descubrimiento que la serie tenía cuando se estrenó en 2021 con Jennifer Coolidge y sus amigos.

La Tanya de Coolidge murió al final de la segunda temporada —irónicamente, después de frustrar un intento de asesinato organizado por su esposo Greg (Jonathan Gries) para eludir un acuerdo prenupcial–. Así que el tejido conectivo de las otras temporadas esta vez es la contraparte de Coolidge en la temporada uno: Natasha Rothwell, como Belinda, una masajista del resort de Maui ahora en el hotel tailandés por un programa de intercambio laboral (y para recuperarse de los eventos deprimentes que enfrentó al final de esa primera temporada).

Tenemos también los ya tradicionales tres grupos de huéspedes. Goggins es Rick Hatchett, que no tiene interés en los tratamientos de spa del hotel ni en pasarla bien con su novia mucho menor, Chelsea (Aimee Lou Wood de Sex Education), y sólo está ahí para saldar una vieja cuenta. Las amigas de toda la vida Jaclyn (Michelle Monaghan), Laurie (Coon) y Kate (Leslie Bibb), en un viaje de chicas para ponerse al día, todo pagado por la estrella de tele Jaclyn. Y el exitoso ejecutivo financiero Tim (Jason Isaacs), con su esposa Victoria (Posey) y sus hijos Saxon (Patrick Schwarzenegger), Piper (Sarah Catherine Hook) y Lochlan (Sam Nivola) desde Carolina del Norte, porque Piper quiere visitar un monasterio cercano para su tesis de fin de carrera. También conocemos a varios empleados del hotel, incluyendo al guardia de seguridad Gaitok (Tayme Thapthimthong), enamorado de su compañera de trabajo Mook (Lalisa Manobal, también conocida como Lisa de Blackpink), al exigente gerente del resort Fabian (Christian Friedel) y a la actriz convertida en hotelera Sritala (Lek Patravadi).

Algunos personajes parecen descendientes directos de los de temporadas pasadas. Saxon, por ejemplo, ocupa el mismo espacio mimado y arrogante que Shane de Jake Lacy en la primera. Dicho esto, nadie está dando una actuación tan maravillosamente extraña como la de Coolidge. Pero, si bien no hay ningún personaje tan excéntrico como Tanya, tampoco hay ningún fracaso absoluto. Podés ver hacia dónde se dirigen ciertas historias, pero los huéspedes son un grupo colorido e interesante. La subtrama de las tres amigas es la más novedosa, y Monaghan, Bibb y Coon ofrecen actuaciones electrizantes.

Como en las dos primeras temporadas, esta comienza con un flash-forward donde se descubre un cadáver. La acción retrocede una semana para que podamos averiguar qué ocurrió. Aunque los dos anteriores, con Armond y Tanya, fueron divertidos, esta es la primera vez que el misterio en sí mismo resulta atractivo, en parte porque White ha sembrado muchas más posibilidades sobre quién podría ser la víctima y por qué.

Así, la mayor diferencia con las locaciones anteriores es el hecho de que en Tailandia se realizan más negocios turbios. Cuando Belinda lo alerta de que un huésped frecuente del hotel podría ser un criminal, Fabian desestima su preocupación diciéndole: “Algunas personas acá tienen pasados coloridos. Realmente no es prudente agitar nada”.

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