En el cine y la televisión de espías ha habido nombres como Simon Templar, Derek Flint, Matt Helm, Harry Palmer, Jason King, Maxwell Smart, Jack Reacher, Jack Ryan y Austin Powers. Pero probablemente usted nunca ha oído hablar de casi ninguno de ellos. Sin embargo, existe un nombre que es conocido por todos.
El nombre es Bond… James Bond… y representa un parteaguas en la evolución del género. Con 25 películas (o 27, dependiendo de cómo se cuenten), el superespía al servicio secreto de su majestad ha definido al héroe de aventuras de la posguerra. El autor Ian Fleming, periodista y miembro de la División de Inteligencia Naval Británica durante la guerra, tomó el nombre de un libro que tenía en la estantería de su casa en Jamaica, Birds of the West Indies, escrito por un ornitólogo estadounidense llamado James Bond. Fleming describió el nombre como “breve, poco romántico y, sin embargo, muy masculino… justo lo que necesitaba”.
Luego de 14 novelas y 9 historias cortas, el agente secreto 007 de Fleming, con licencia para matar, era un candidato natural para el cine. Los productores Albert R. (Cubby) Broccoli y Harry Saltzman pusieron en marcha la adaptación de Dr. No (1962) la sexta novela escrita por Fleming protagonizada por el personaje y establecieron gran parte de lo que vendría después: el supervillano (aquí, el magnífico Joseph Wiseman), la chica Bond (Ursula Andress, inolvidable emergiendo del mar), locaciones exóticas, el pegajoso tema de guitarra de Monty Norman, el vodka Martini preferido (agitado, no revuelto) y la secuencia de créditos seductora y extravagante de Maurice Binder. Pero, sobre todo, estableció a Sean Connery como Bond. Connery, que no era exactamente el prototipo del héroe de Fleming, se convirtió en una estrella instantánea en el papel y sigue siendo un Bond intocable.

En Dr. No, el director Terence Young presenta a Bond con una construcción digna de Garbo o del monstruo de Frankenstein: jugando chemin de fer en un club londinense, primero está bloqueado de nuestra vista, luego vemos su espalda, sus manos, oímos su voz y, finalmente, vemos su rostro cuando se presenta a la mujer al otro lado de la mesa: “Bond… James Bond.” Hay que decir que Connery clava el momento; hablando con un cigarrillo en la boca, logra comunicar cansancio, frialdad, interés sexual, desprecio y una absoluta despreocupación. No es de extrañar que se convirtiera en una frase icónica. En Dr. No y From Russia, with Love (basada en la quinta novela) Connery encarna una imagen dura y cruel de competencia, creíble tanto como supermacho como experto en vinos. Las películas, aunque no exactamente creíbles, tenían cierto tono serio de la Guerra Fría, un sentido de vida o muerte que se disipó a medida que las secuelas se volvían más extravagantes.
Goldfinger (basada en la séptima novela) y Thunderball (basada en la novena novela) fueron éxitos absolutos de taquilla, aunque ya comenzaban a mostrar signos de desgaste. La primera es considerada por muchos la mejor de las películas de Bond, y cuenta con dos villanos formidables (Gert Fröbe en el papel titular y Harold Sakata como Oddjob, con su letal sombrero afilado), además de la potente interpretación vocal de Shirley Bassey en la canción principal (con arreglos de Jimmy Page y John Paul Jones, por si no lo sabían). Thunderball era demasiado larga y estaba saturada de artilugios, pero en ese momento las películas de Bond ya eran una institución cultural (cada secuela era documentada meticulosamente en la revista Playboy y en 1965 Umberto Eco escribió un ensayo semiológico para justificar la longevidad del personaje). Para 1966, la cuarta película de Bond fue la más taquillera del año en los Estados Unidos.

Connery ya había expresado su descontento cuando llegó You Only Live Twice (basada en la novela 12 y con otra gran canción principal, esta vez de Nancy Sinatra). La fórmula de Bond ya era objeto de frecuentes parodias e imitaciones en las películas de James Coburn (Our Man Flint), en la serie de Matt Helm protagonizada por Dean Martin y en la serie de televisión Get Smart protagonizada por Don Adams como el Agente 86. El primer libro de Fleming sobre Bond, Casino Royale (que había sido adaptado para televisión en los años 50 como parte de la serie antológica Climax!) fue la única historia que no estaba bajo el control del equipo Broccoli-Saltzman, y terminó convirtiéndose en una parodia, con David Niven y Peter Sellers como Bond y Woody Allen como Jimmy Bond, en un burdo intento de sátira que hoy solo es interesante como una cápsula psicodélica de los años 60.

Con Connery en busca de un cambio de imagen, el australiano George Lazenby dejó su huella en la historia del cine al interpretar a Bond en On Her Majesty’s Secret Service (basada en la novela 11). En la secuencia de apertura, después de recibir una paliza, se burla del público diciendo: “Esto nunca le pasó al otro tipo.” A pesar de la inexpresiva actuación de Lazenby, esta cinta es altamente estimada por los verdaderos fanáticos de Bond (léase no tóxicos) y es la única película verdaderamente épica de la serie. Bond incluso se casa; Tracy, interpretada por Diana Rigg (de la serie británica de espías conocida como The Avengers), es una de las pocas mujeres en la franquicia que realmente tiene importancia en la historia, lo que hace que la película sea inusualmente memorable.
Tras el fracaso de Lazenby, Connery regresó para una última vez en la entretenida Diamonds Are Forever (basada en la cuarta novela y con un villano interpretado brillantemente por Charles Gray), antes de que Roger Moore asumiera el papel durante un largo y monótono reinado como 007.

Roger Moore tenía la apariencia y la experiencia (trabajó en las legendarias series de espías The Saint y The Persuaders!, pero carecía de la fuerza masculina de Connery, y las películas se volvieron cada vez más dependientes de chistes y acrobacias. Live and Let Die (basada en la segunda novela y con una canción principal de Paul McCartney) marcó el inicio de su carrera como Bond, seguida por The Man with the Golden Gun (novela 13), The Spy Who Loved Me (novela 10) y la que para muchos constituye el punto más bajo de la saga oficial (para quien les escribe no), la odisea espacial Moonraker (basada en la tercera novela y las dos últimas con Richard Kiel en el papel del gigantesco Jaws, el villano con dientes de acero).
El editor de la serie, John Glen, asumió la dirección en 1981 con For Your Eyes Only (novela 8), logrando una entrega más dinámica, con emocionantes escenas de acción y un buen reparto de apoyo. Luego llegó Octopussy (basada en una historia corta publicada de manera póstuma, con una trama más seria y un villano encantador en Louis Jourdan, quien suspira con fastidio: “Octopussy, Octopussy,” refiriéndose a la protagonista, interpretada por Maud Adams (la única mujer en haber protagonizado dos películas de Bond interpretando personajes diferentes). Mientras tanto, Connery volvió a interpretar al personaje en Never Say Never Again, una adaptación de Thunderball fuera del control de Broccoli (Saltzman ya se había retirado), en el que, con más de 50 años, demostró que aún tenía lo necesario para el papel (a excepción del cabello).

Las películas seguían generando dinero, pero para 1985, A View to a Kill (basada en otra historia corta) era evidente que algo debía cambiar; Moore ya se veía tan envejecido como la tripulación del Enterprise. Broccoli revitalizó la fórmula al contratar al actor de teatro Timothy Dalton. Dalton tenía la apariencia, el talento actoral y la edad adecuada, y The Living Daylights (1987), basada en la última historia corta escrita por Fleming, fue la mejor película de Bond en años, con una historia más sólida y una interpretación más oscura del personaje. Pero su continuación, Licence to Kill, fue más de lo mismo, y la franquicia quedó en pausa hasta que GoldenEye (1995) trajo un nuevo James Bond (dato curioso, el capo de la droga colombiano interpretado por Robert Davi, ha sido el único en vencer al agente 007).

Esta vez fue Pierce Brosnan, quien había sido considerado para el papel tras la salida de Moore, pero tuvo que rechazarlo debido a compromisos televisivos con la serie de detectives Remington Steele. GoldenEye, con su canción de Tina Turner compuesta por Bono y The Edge, funcionó en taquilla, con una trepidante secuencia inicial y un Brosnan que encajaba físicamente en el papel, aunque parecía más preocupado por imitar el estilo de Moore y no arruinar la franquicia. Brosnan protagonizó otras tres entregas (Tomorrow Never Dies, The World Is Not Enough y Die Another Day), manteniendo el equilibrio entre la elegancia del personaje y un enfoque más moderno. Sin embargo, con el paso del tiempo, sus películas se han visto duramente criticadas (y con razón) por su excesivo uso de tecnología y tramas inverosímiles, lo que llevó a una nueva reinvención de la franquicia.

Con la llegada de Daniel Craig en Casino Royale (2006), en lo que bien podría pensarse como un James Bond Begins, la franquicia tomó un rumbo más serio y realista e interconectado. Craig aportó un Bond físicamente imponente y emocionalmente complejo, alejándose de los excesos del pasado. Casino Royale mostró los orígenes del personaje, dándole una vulnerabilidad que no se había explorado antes. La saga continuó con Quantum of Solace (2008), basada en una historia corta publicada en Cosmopolitan, Skyfall (2012), Spectre (2015) y No Time to Die (2021). Skyfall se convirtió en una de las entregas más exitosas, explorando la relación de Bond con M (Judi Dench) y su pasado. Por su parte, No Time to Die marcó el final de la era Craig con una conclusión inesperada, mostrando un Bond dispuesto a sacrificarlo todo. Con esta película, por primera vez en la historia de la franquicia, el personaje de Bond se enfrentó a un destino definitivo, lo que abre interrogantes sobre el futuro del 007 en el cine.
Desde la muerte de Fleming en 1964, otros autores han continuado la serie. John Gardner escribió catorce novelas y dos novelizaciones, seguido por Raymond Benson y, más recientemente, Anthony Horowitz. La serie Young Bond, de Charlie Higson, exploró la juventud del personaje, lo que lleva a la conclusión de que tendremos historias para rato. Asimismo, desde 1984 hasta 1989, Albert R. Broccoli estuvo acompañado por su hijastro, Michael G. Wilson, como productor de la saga. En 1995, Broccoli se retiró de la dirección de Eon Productions y fue reemplazado por su hija, Barbara Broccoli, quien ha coproducido la franquicia junto a Wilson desde entonces. La empresa familiar Danjaq, fundada por Broccoli y Harry Saltzman (hasta la salida de este en 1975), ha mantenido la propiedad de la serie a través de Eon Productions y ha compartido la copropiedad con United Artists desde mediados de la década de 1970.
El 20 de febrero de 2025, Amazon MGM Studios anunció la formación de una empresa conjunta con Michael G. Wilson y Barbara Broccoli para gestionar los derechos de la franquicia James Bond. Este acuerdo otorga a Amazon MGM Studios el control creativo total sobre el futuro de 007, marcando el fin de una era en la que la familia Broccoli supervisaba la producción de las películas de Bond desde 1962. Wilson y Broccoli permanecerán como copropietarios de la franquicia, pero han decidido dar un paso atrás en la producción activa para enfocarse en otros proyectos y actividades benéficas.
Esta transición sigue a la adquisición de MGM por parte de Amazon en 2022 por 8.450 millones de dólares, lo que permitió a Amazon acceder a una vasta biblioteca de contenido, incluyendo los derechos de distribución de las películas de James Bond. Con la salida de Daniel Craig tras No Time to Die (2021), la franquicia se encuentra en un punto de inflexión, y la búsqueda de un nuevo actor para interpretar al espía está en curso. Jeff Bezos, fundador de Amazon, ha involucrado al público en esta decisión, solicitando sugerencias sobre quién debería ser el próximo Bond.
La comunidad de fanáticos y críticos ha reaccionado de diversas maneras ante este cambio. Algunos ven la oportunidad de revitalizar la franquicia con nuevas perspectivas y formatos, incluyendo posibles series de televisión (001, 002, 003, etc.) con otros agentes más inclusivos y de diferentes procedencias, así como una gran cantidad de atractivo contenido exclusivo para streaming en Amazon Prime Video. Otros expresan preocupación por la posible dilución de la esencia clásica de Bond en favor de un enfoque más comercial como sucedió con Star Wars desde la venta de Lucasfilm a Disney. La dirección que tomará James Bond bajo la supervisión de Amazon MGM Studios aún está por definirse, pero es evidente que este movimiento representa una transformación significativa en la historia del agente 007. Lo cierto es que mientras las películas futuras y las posibles series estén a la altura no habría un mayor problema (quien les escribe adora la trilogía de Star Wars de Disney y encuentra predilección por las películas de James Bond que la mayoría odia, así que ya pueden rasgarse las vestiduras). Ante las noticias, un pequeño consejo: Trate de apreciar lo nuevo y, si no es bueno, pues no es bueno. La saga de James Bond ha estado llena de altibajos y de detractores de Daniel Craig, quien se convirtió en el mejor 007 de todos.
Las películas de Bond han mantenido muchas tradiciones: el círculo de colaboradores de Bond (su jefe M, la secretaria Miss Moneypenny, y Q, el encargado de los gadgets), la música de John Barry, los guiones de Richard Maibaum y las secuencias de apertura con grandes estrellas de la música. Los créditos finales siempre prometen: “James Bond regresará.”Al igual que el Inspector Clouseau (otra propiedad de Amazon MGM), no cabe duda de que lo hará. Nunca digas nunca jamás.


