10 catástrofes ambientales más devastadores del siglo XXI

En este Día Mundial del Agua recordamos algunos desastres naturales que se vuelven cada vez más brutales a raíz del acelerado cambio climático

Por  VALENTINA VILLAMIL

marzo 22, 2024

Puerto Rico tras el huracán María.

Andrés Kudacki.

El cambio climático siempre ha sido un hecho, incluso antes de que el hombre habitara la Tierra. A menudo se suele confundir este término con el calentamiento global; aunque están relacionados, la intervención y el estilo de vida humano tan solo aceleran desmedidamente un proceso natural. El año 2023 se registró como el más caliente en la historia, con un aumento de más de 1,4 grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

No hay que ser científico para entender cómo este incremento nos deja un paso más cerca al umbral crítico de 1,5 grados centígrados establecido en el acuerdo climático de París. Desde Europa, hasta África, Norteamérica y Latinoamérica, todas las partes del globo ya han experimentado de cerca las consecuencias nefastas que ha ocasionado el calentamiento global durante este último tiempo.

En el Cuerno de África, cinco temporadas consecutivas de sequía han desencadenado inundaciones catastróficas, que no solo alteran el ecosistema, sino que han vulnerado a las comunidades más pobres. En Latinoamérica, las precipitaciones acumuladas para los meses de lluvia se redujeron entre un 20 y 50%, intensificando las sequías que han empeorado la escasez de agua y la pérdida de cultivos.

El promedio global de la temperatura de 2023 fue 15,11ºC a comparación de 1940, que registró 13,79ºC.
Krystina Shveda, CNN.

Los territorios insulares, como Hawái, han sufrido el embate del cambio climático con particular intensidad. El aumento del nivel del mar y la erosión costera amenazan la existencia misma de estas naciones, obligando a sus habitantes a enfrentarse a una realidad cada vez más incierta.  Pero los estragos del calentamiento global no se limitan a los eventos climáticos extremos. El aumento de la temperatura también ha desencadenado una serie de impactos secundarios, como la pérdida de hábitats naturales, la acidificación de los océanos y la disminución de la biodiversidad.

Esto es apenas una generalización de problemas que cada región ha enfrentado en los últimos años, como una muestra tangible de que el calentamiento global es el principal problema a tratar en la agenda de la humanidad en los próximos años. “La era del calentamiento global ha terminado. La era de la ebullición global ha llegado”, dijo el secretario general de la ONU, António Guterres a mediados de 2023 sobre las olas de calor que estaban azotando a diferentes países del mundo que por entonces atravesaban el verano.

En lo que va del siglo XXI, la humanidad se ha enfrentado a catástrofes naturales de gran magnitud, en su gran mayoría impulsadas por el acelerado cambio climático. Esto es apenas el comienzo de una crisis que ni el hombre, ni los ecosistemas, ni cualquier forma de vida en la Tierra está lista para encarar. Más allá de conmemorar el Día del Agua, queremos repasar algunos de los desastres naturales más aterradores de los últimos 20 años, y recordar, una vez más, que esta podría convertirse en nuestra distópica realidad.

1. Huracán Jeanne, 2004

El huracán Jeanne se posiciona como uno de los más mortíferos de la temporada de tormentas en el Atlántico. Originado como una onda tropical cerca de las Antillas Menores en septiembre de 2004, los fuertes vientos rápidamente se fortalecieron en el Caribe, convirtiéndose en un huracán antes de golpear Puerto Rico el 15 de septiembre y a República Dominicana al día siguiente. Aunque Jeanne experimentó fluctuaciones en su intensidad, emergió con mayor fuerza al llegar al norte de las Bahamas el 25 de septiembre y azotar Florida al día siguiente.

Los estragos causados por Jeanne fueron devastadores, pues esta tragedia se dividió en varias etapas, unas más catastróficas que otras. Las intensas lluvias desencadenaron deslizamientos de tierra mortales en Haití, cobrando más de 3000 vidas. Además, las inundaciones resultantes de su paso por Puerto Rico y Florida empeoraron aún más la situación. Jeanne provocó fuertes vientos en áreas ya afectadas por otros huracanes, exacerbando los daños y ascendiendo su cifra de muertos a 3037. La combinación de humedad y aire fresco desencadenó un brote de tornados que se extendió por varios estados de Norteamérica, desde Georgia hasta el Atlántico Medio.

Haití tras el huracán Jeanne.
Naciones Unidas.

2. Huracán Katrina, 2005

Era agosto de 2005, y Estados Unidos estaba a punto de enfrentarse a uno de los mayores desastres naturales de la historia del país. Con un estimado de al menos dos mil víctimas mortales y daños materiales valuados inicialmente en 125 mil millones de dólares, el huracán Katrina causó estragos que tardarían años en atenderse. Su formación sobre las Bahamas el 23 de agosto de aquel año marcó el inicio de una tragedia que afectaría profundamente a varios estados del Golfo, desde Florida hasta Texas. A pesar de haber tocado tierra inicialmente como un huracán moderado de categoría 1 en el sur de Florida, Katrina se intensificó rápidamente en el golfo de México, alcanzando la categoría 5 antes de debilitarse y volver a tocar tierra como un huracán de categoría 3 en el sureste de Luisiana el 29 de agosto.

La ciudad más afectada por Katrina fue Nueva Orleans, donde el sistema de diques falló catastróficamente, inundando el 80% de la ciudad y áreas circundantes durante semanas. La situación se vio agravada por el colapso de numerosos diques horas después de que el huracán se hubiera alejado tierra adentro. Sin embargo, los estragos de Katrina no se limitaron a Nueva Orleans; las áreas costeras de Misisipi sufrieron una inundación masiva que arrasó ciudades enteras en cuestión de horas, y numerosos barcos y casinos flotantes fueron arrastrados a tierra firme.

Las aguas de la inundación atraviesan un dique a lo largo del Inner Harbor Navigational Canal, cerca del centro de Nueva Orleans.
Vincent Laforet/Pool/AP.

El fallo en las protecciones de Nueva Orleans se considera uno de los mayores desastres de ingeniería civil en la historia de Estados Unidos. Esto provocó una demanda contra el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, y desencadenó una investigación sobre la gestión de la crisis por parte de los gobiernos federal, estatal y local. Aunque hubo elogios para agencias como la Guardia Costera de Estados Unidos, el Centro Nacional de Huracanes y el Servicio Meteorológico Nacional por sus precisas predicciones y respuestas, la falta de advertencia sobre la posibilidad de que los diques cedieran planteó serias preguntas sobre la preparación y la gestión de crisis en situaciones de emergencia.

Carlos Barria/Reuters.

3. Ciclón Sidr, 2007

Con vientos que alcanzaban los 250 km/h y ráfagas de hasta 305 km/h, el Ciclón Sidr fue clasificado como un ciclón de Categoría 4 en la escala de huracanes de Saffir-Simpson. Los estragos en todo Bangladesh fueron inmediatos, con un número provisional de víctimas mortales que ascendía a 2388 personas en solo tres días, según el Centro Bengalí de Control de Desastres, aunque miles seguían desaparecidas. Más tarde, ese mismo año, se dieron a conocer las cifras oficiales con un total de 3363 muertes, 880 desaparecidos y casi 35 mil afectados.

El impacto fue especialmente grave en las costas bengalíes, donde el ciclón generó una crecida del Océano Índico de aproximadamente cinco metros, una situación crítica en un país donde una gran cantidad de habitantes vive a menos de 10 metros sobre el nivel del mar.

Las consecuencias del Sidr fueron desastrosas, dejando a muchas áreas del país, especialmente a lo largo de la línea costera, sin suministro eléctrico, agua potable, transporte o comunicaciones telefónicas. El ciclón provocó que cerca de 3,2 millones de personas fueran desplazadas en Bangladesh, sumiendo al país en una crisis humanitaria de grandes proporciones. A pesar de perder intensidad al moverse hacia el noroeste y convertirse en una zona de bajas presiones, Sidr aún causó estragos en las regiones de Assam y Tripura, en el noreste de la India, donde los vientos fuertes destruyeron 800 chozas y dejaron a veinte personas heridas.

U.S Navy.

4. Ciclón Nargis, 2008

A principios de mayo de 2008, Birmania sufrió una de las catástrofes más graves en la historia del país del Sudeste Asiático, cuando el ciclón Nargis azotó a la nación. Al tocar tierra, generó una ola gigante que se adentró hasta 35 kilómetros en el país, provocando estragos a su paso y dejando un saldo trágico de al menos 78 mil muertos y 56 mil desaparecidos. Este evento marcó el primer ciclón tropical que golpeó Birmania desde el ciclón Mala en 2006, afectando a comunidades enteras a lo largo de las costas del país.

El impacto del ciclón Nargis fue inmediato y demoledor, con miles de edificios destruidos y gran parte de la infraestructura colapsada. En la ciudad de Labutta, ubicada en la División Ayeyarwady, se reportó que el 75% de los edificios colapsaron y el 20% perdió sus techos. El país se vio sumido en una crisis humanitaria, con regiones enteras declaradas como zonas catastróficas. La tragedia también afectó gravemente la economía, con la ruina de cosechas de arroz y la interrupción de los sistemas de suministro eléctrico, agua potable y comunicaciones. A pesar de los esfuerzos de ayuda internacional, liderados por la ONU y diversos países, el acceso a las áreas afectadas fue obstaculizado por la Junta Militar birmana, lo que dificultó enormemente las labores de rescate y asistencia a los damnificados.

Myanmar Ngo Group/AP file.

5. Tormenta tropical Washi, 2011

La tormenta tropical Washi, conocida localmente como Tormenta Tropical Sendong, dejó un rastro de devastación y un gran número de muertos en Filipinas a finales de 2011. Washi tocó tierra en Mindanao el 16 de diciembre, desencadenando deslizamientos de tierra e inundaciones repentinas que afectaron gravemente a comunidades a lo largo de los ríos Cagayán de Oro, Iponan y Mandulog. Las lluvias intensas y la marea alta en la bahía de Macajalar agravaron la situación, inundando vastas áreas residenciales y atrapando a miles de personas mientras dormían.

Después de debilitarse ligeramente al pasar Mindanao, Washi recuperó su fuerza en el mar de Sulu antes de volver a tocar tierra en Palawan el 17 de diciembre. Las precipitaciones asociadas con la tormenta fueron intensas, con acumulaciones que superaron los 400 mm en algunas áreas, provocando desbordamientos de ríos y devastadoras inundaciones repentinas. En Cagayán de Oro e Iligan, las aguas subieron a niveles sin precedentes, dejando a comunidades enteras sumergidas bajo el agua y atrapando a residentes en sus hogares mientras la tormenta rugía con vientos de hasta 90 km/h.

Bullit Marquez/AP Photo.

El saldo humano fue desgarrador, con cifras que oscilan entre las 1200 y 1500 muertes. Cerca de 40 mil hogares resultaron en pérdida total, y casi 700 mil personas se vieron afectadas por la tormenta. La magnitud del desastre superó las previsiones, y los esfuerzos de rescate y recuperación se vieron obstaculizados por la infraestructura dañada y las condiciones climáticas adversas.

6. Tifón Haiyan 2013

El tifón Haiyan, conocido como Yolanda en Filipinas, fue uno de los ciclones tropicales más impactantes en la historia reciente del Sureste Asiático. Siendo el tifón más mortífero en la historia del país, cobró la vida de aproximadamente 6,300 personas. Además, Haiyan ostenta el récord como el ciclón más intenso en tocar tierra y el segundo en cuanto a velocidad de vientos sostenidos en un minuto, solo superado por el huracán Patricia en 2015. Este monstruoso fenómeno meteorológico, con un nombre que significa “petrel” en chino, sembró la destrucción a su paso, sumiendo a millones en una crisis humanitaria masiva.

El origen de Haiyan se remonta a un área de baja presión al este-sureste de Pohnpei, Micronesia, el 2 de noviembre, antes de desplazarse hacia el oeste. A medida que avanzaba, las condiciones atmosféricas propiciaron su rápida intensificación, convirtiéndose en una tormenta tropical y, finalmente, en un tifón el 5 de noviembre. Su crecimiento alcanzó la categoría cinco de supertifón en la escala de huracanes de Saffir-Simpson, con vientos que superaron los 315 km/h según estimaciones del Centro Conjunto de Advertencia de Tifones. Este monstruo climático golpeó primero la isla de Kayangel antes de tocar tierra en Guiuan, Sámar Oriental, Filipinas, dejando un rastro de destrucción a su paso.

Erik de Castro/Reuters.

Las islas de Sámar y Leyte fueron las más afectadas por este suceso, donde Haiyan dejó a millones de personas sin hogar. Las cifras oficiales hablan de 11 millones de damnificados, pero la magnitud del desastre trasciende las estadísticas, dejando comunidades enteras arrasadas y sumidas en una lucha desesperada por la supervivencia. La respuesta humanitaria internacional fue crucial, aunque la magnitud de la devastación y la crisis que desencadenó demandaron esfuerzos para la recuperación y reconstrucción de las áreas afectadas.

Erik de Castro/Reuters.

7. Temporadas de sequía en Somalia 2017-2022

El aumento de las temperaturas del mar, asociado al cambio climático, ha exacerbado la frecuencia y gravedad de las sequías en la región del Cuerno de África. Las terribles sequías de 2011, 2017 y 2019 han golpeado repetidamente a Etiopía, Kenia y Somalia, desencadenando una crisis humanitaria que ha afectado a más de 15 millones de personas. A pesar de la magnitud del desastre, el llamamiento humanitario solo ha logrado obtener el 35% de los fondos necesarios, dejando a millones de personas sin acceso a alimentos y siendo obligadas a abandonar sus hogares. La escasez de agua y alimentos ha sumido a la región en una situación desesperada, con comunidades enteras luchando por sobrevivir en condiciones extremadamente precarias.

En Somalia, la sequía ha sido especialmente despiadada, agudizada por la presión impuesta por grupos armados como Al-Shabab, que controla vastas áreas del centro-sur del país. La falta de lluvias durante más de cuatro temporadas consecutivas ha dejado a más de 7 millones de personas, casi la mitad de la población, sufriendo de hambre extrema. Este escenario ha obligado a cientos de miles de somalíes a abandonar sus hogares en busca de alimentos, agua y ayuda humanitaria, enfrentando peligros en el camino.

Nabil Narch/ACNUR.

8. Huracán María, 2017

El huracán María, que azotó el Caribe en septiembre de 2017, es una de las catástrofes naturales más brutales de la región. Su paso por Dominica, las Islas Vírgenes de los Estados Unidos y Puerto Rico, dejó un rastro de desolación sin precedentes. María se posiciona como el huracán más mortífero en el Atlántico desde el desastroso huracán Jeanne en 2004. Este ciclón, clasificado como el décimo más intenso en la historia de los huracanes atlánticos, alcanzó el máximo nivel, categoría 5, justo antes de impactar Dominica el 18 de septiembre. A pesar de su debilitamiento posterior, María provocó grandes estragos en el Caribe oriental, suponiendo un segundo golpe a las áreas afectadas por el huracán Irma, que impactó en áreas cercanas un mes antes.

Se estima que las pérdidas totales ascendieron a más de $92 mil millones de dólares, principalmente en Puerto Rico, siendo uno de los ciclones tropicales con mayor impacto económico de la historia. La isla sufrió un colapso total de las comunicaciones, un apagón eléctrico masivo y una crisis humanitaria sin precedentes. Puerto Rico se vio sumido en inundaciones generalizadas y una escasez severa de recursos básicos, dejando a gran parte de su población en condiciones precarias. La devastación se extendió a Dominica, donde gran parte de la infraestructura quedó inutilizable y gran parte de la vegetación fue prácticamente arrasada. Las islas vecinas, como Guadalupe y Martinica, también sufrieron graves inundaciones y daños estructurales significativos.

Andres Kudacki.

El huracán María no solo dejó un saldo muy doloroso en términos de infraestructura y pérdidas económicas, sino también en vidas humanas. La cifra oficial de muertes en Puerto Rico alcanzó un total estimado de entre 1400 y 5740, atribuibles a la tormenta. Inicialmente se habían reportado tan solo 64 muertes en la isla, sin embargo, en un estudio encargado por el gobernador de Puerto Rico, se desvelaron las impactantes cifras, poniendo de relieve las dificultades humanas para manejar las consecuencias mortales de un desastre natural de tal magnitud.

9. Tormenta Daniel, 2023

Este ciclón tropical es uno de los más letales registrados en la historia y el fenómeno meteorológico más mortífero de 2023. Su impacto fue arrasador en Libia y también afectó partes del sudeste de Europa. La tormenta se formó como un sistema de baja presión alrededor del 4 de septiembre del año pasado y provocó grandes inundaciones en Grecia y Bulgaria antes de avanzar hacia la costa de Libia como una baja mediterránea, ganando características cuasi tropicales (TLC) en su camino. Las inundaciones catastróficas a lo largo de la costa libia fueron uno de los resultados más impactantes de la tormenta, que dejó a su paso una estela de destrucción y muerte.

En Grecia, la tormenta provocó lluvias torrenciales y graves inundaciones en la región de Tesalia, donde las precipitaciones récord dejaron a ciudades enteras bajo el agua. Los daños en infraestructuras, edificios y puentes fueron significativos, y más de 800 personas tuvieron que ser rescatadas de las áreas afectadas. Las pérdidas agrícolas fueron enormes, con cultivos arrasados y suelos anegados que tardarán años en recuperarse, representando un duro golpe para la región que suministra una parte importante de la producción agrícola del país.

Palamas, Tesalia, Grecia.
Vaggelis Kousioras/AP.

En Libia, la tormenta Daniel causó una tragedia de proporciones masivas, con la muerte confirmada de al menos dos mil personas en la ciudad de Derna, donde dos presas colapsaron, desencadenando grandes inundaciones que arrasaron barrios enteros y dejaron un paisaje de destrucción a su paso. El número de víctimas mortales en todo el país se estimó en al menos 5200, con decenas de miles de desaparecidos y heridos. La infraestructura crítica, incluidos hospitales y puentes, sufrió graves daños, y la economía del país se vio paralizada por la emergencia. La respuesta internacional, aunque llegó, no pudo mitigar completamente el impacto aplastante de la tormenta en la nación.

Esam Omran Al-Fetori/Reuters.

10. Sequías e inundaciones en el Corredor Seco de Centroamérica

El área que se extiende desde el estado de Chiapas en México hasta el noroeste de Costa Rica, atravesando El Salvador, Honduras y Nicaragua,  ha enfrentado por años una crisis humanitaria como consecuencia de diferentes factores. Durante al menos dos décadas, la región ha soportado las consecuencias del cambio climático, con largos períodos de sequía y temporadas de lluvias extremas que castigan las cosechas sin tregua. En los últimos años, la situación se ha agudizado a raíz de la pandemia y una intensa temporada ciclónica que trajo consigo los huracanes Iota y Eta a finales de 2020.

Organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación advierten que una gran parte de la población en el Corredor Seco está al borde de la hambruna, con más del 80% de sus habitantes sufriendo una severa crisis de inseguridad alimentaria y enfrentándose al límite de la pobreza extrema. Las sequías cíclicas que azotan la región están estrechamente relacionadas con fenómenos como El Niño y eventos climáticos extremos, agravados por el cambio climático global.

Pimienta, Honduras, 2020.
Jorge Cabrera/Reuters.

Desde 2020, la región ha lidiado con grandes desafíos, ya que se registró un récord de tormentas tropicales y huracanes en una misma temporada ciclónica. Las mediciones indican un preocupante aumento en el número de personas afectadas por la inseguridad alimentaria, pasando de dos millones en 2018 a más de siete millones hasta octubre de 2020. Y el futuro para los habitantes de esta zona no parece ser muy alentador.

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