William Hurt (1950-2022)

El actor de las películas que decían algo

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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AP

William Hurt fue uno de esos actores consumados que consideraban a su profesión como un arte y una vocación, más que un medio para obtener fama y fortuna. En las décadas de los ochenta y noventa disfrutó de una serie ininterrumpida de interpretaciones que fueron elogiadas por la crítica en películas que, todavía hoy en día, siguen siendo consideradas como una parte importante de la historia del cine contemporáneo. 

Hurt se estableció como un actor que sabía conjugar muy bien su carácter sensible y cerebral, en cintas arriesgadas como Estados alterados (1980), en donde interpretó a un científico obsesionado con los desdoblamientos corporales, o en Cuerpos ardientes (1981), película inaugural del Neo-Noir, en donde encarnó a un abogado obsesionado con una mujer fatal, interpretada por Kathleen Turner, otro icono de los ochenta. 

Cuerpos ardientes marcaría su asociación con el director Lawrence Kasdan, quien lo contrataría de nuevo para Reencuentro (1983), la estupenda cinta sobre un grupo de amigos que crecieron en los años sesenta, y donde compartió con actores de la talla de Glenn Close, Kevin Kline, Jeff Goldblum y Tom Berenger.

Sin embargo, una de las mejores y más recordadas interpretaciones de su carrera, fue la del prisionero homosexual que comparte una celda con Raúl Julia en El beso de la mujer araña (1985), la cual le otorgó unos merecidos premios en el Festival de Cannes, en el BAFTA y en los óscares.

Luego llegarían otras dos postulaciones a los premios de la Academia con Te amaré en silencio (1986), coprotagonizada por la actriz Marlee Matlin, y Detrás de las noticias (1987), una de las mejores películas sobre periodismo de todos los tiempos, donde encarnó a un presentador de noticias cínico y manipulador que contrastaba con la periodista de sólidos principios morales interpretada por Holly Hunter.

Hurt volvería a reunirse con Kathleen Turner y con el director Lawrence Kasdan, en la maravillosa comedia romántica El turista accidental (1988), que convertiría en estrella a la actriz Geena Davis. Y luego volvería a trabajar con Kasdan en la estupenda, pero muy olvidada cinta Te amaré hasta matarte (1990), donde interpretaría a un gracioso drogadicto junto a Keanu Reeves.

El actor colaboraría con Woody Allen en la cinta Alice (1990), con Wim Wenders en el épico de ciencia ficción Hasta el fin del mundo (1991) (otra cinta tremendamente infravalorada), y como el doctor que aprende de la manera más difícil a ser más humano con sus pacientes en la cinta de Randa Haines del mismo año. 

No podemos olvidar sus participaciones en Smoke (1995), la cinta de Wayne Wang con guion del gran Paul Auster; en la versión de Franco Zeffirelli del clásico de Charlotte Brontë, Jane Eyre; en ese clásico de culto del cine ciberpunk llamada Dark City (1998), dirigido por Alex Proyas; y en esa potente aparición de casi diez minutos de duración en Una historia de violencia (2005) de David Cronenberg, que le dio su cuarta postulación a los premios Óscar. 

Es curioso que, ante la muerte del actor a sus 71 años de edad, se haga referencia a su papel como Thaddeus Ross en las películas de Marvel basadas en el personaje de Hulk. Si de verdad se quiere apreciar el gran talento de William Hurt, se deben dejar de lado sus participaciones en las cintas de superhéroes de Marvel. Es en el cine independiente, arriesgado, profundo y humano, en donde podemos encontrar el verdadero espíritu de este gran actor que alguna vez estudió teología, preocupado por el estudio del alma humana.