septiembre 14, 2022

Warner Music podría verse obligada a publicar casos de abuso sexual

Se presentó una solicitud a través de un estatuto poco conocido en las leyes corporativas de Delaware para exigir que la empresa comparta documentos clave

Por  ETHAN MILLMAN

Aaronp/Bauer-Griffin/Getty Images

Una activista de los accionistas de la industria musical ha invocado un estatuto poco conocido dentro de las leyes corporativas de Delaware, con la esperanza de exigir a Warner Music Group que comparta cualquier registro que tenga relacionado con las acusaciones de mala conducta sexual dentro de la empresa.

Dorothy Carvello, ex ejecutiva de A&R en Atlantic Records, propiedad de WMG (Warner Music Group), y autora del libro de memorias Anything for a Hit: An A&R Woman’s Story of Surviving the Music Industry (Cualquier cosa por un éxito: la historia de una mujer de A&R que sobrevive en la industria musical), presentó su solicitud la semana pasada, exigiendo que uno de los mayores conglomerados de sellos discográficos proporcione copias de todas las denuncias de abuso o acoso sexual presentadas dentro de la empresa. Carvello también solicita los acuerdos de conciliación y de no divulgación que Warner suscribió junto con los documentos relacionados con cualquier posible investigación que la productora  haya llevado a cabo sobre presuntas conductas sexuales inapropiadas.

“Quiero ver cuáles fueron las investigaciones reales, si es que las hubo, contra estas denuncias”, dice Carvello a Rolling Stone. “Necesitamos más transparencia por parte de Warner Music Group. No quiero una junta directiva que apruebe este comportamiento”.

Durante los últimos años, la ex ejecutiva ha estado presionando para que la industria musical asuma la responsabilidad de los abusos sexuales hacia sus empleados y artistas. En abril, lanzó Face the Music Now (Enfrenta a la música ahora), una fundación que pretende dar recursos a los supervivientes de abusos sexuales en la industria musical. La carta de Carvello se centra principalmente en las acusaciones de conducta sexual inapropiada, pero también hace referencia a las demandas de los artistas heredados de Warner que alegan que la empresa se quedó injustamente con sus derechos de autor a través de “cargos intraempresariales” internacionales.

La carta se refiere extensamente a un informe de Rolling Stone de marzo, que detalla una demanda de acoso sexual que la ex A&R de Warner Records, Samantha Maloney, presentó contra el CEO de WMG, Stephen Cooper, y el posterior NDA (acuerdos de confidencialidad) de 240.000 dólares que firmó y que le impide hablar de las reclamaciones. Sin embargo, y a través de un representante de WMG, Cooper negó la acusación. En la misma denuncia, Maloney presentó las reclamaciones que había escuchado contra el ex ejecutivo de A&R Jeff Fenster, quien además fue despedido después de la denuncia de Maloney, y el actual ejecutivo de promoción Dave Dyer. Dyer y Fenster declinaron hacer comentarios en su momento).

La carta también hace referencia a las acusaciones de la cantante y compositora firmada por WMG, Lily Allen, quien había alegado previamente en su libro My Thoughts Exactly que un ejecutivo discográfico la agredió sexualmente en 2016. Como señala la carta, Allen supuestamente “discutió sus experiencias con Max Lousada, el CEO de Recorded Music para WMG”. La Sra. Allen presuntamente le preguntó a Lousada si investigaría sus denuncias. Según la Sra. Allen, Lousada dijo ‘No’”.

Además de pedir todos los documentos relacionados con cualquier posible acusación, Carvello también pidió todos los archivos que toquen específicamente con esos dos casos.

La ex ejecutiva también mencionó las acusaciones que hizo en su propio libro, incluyendo las afirmaciones de que Ahmet Ertegun, el cofundador de Atlantic Records que murió en 2006, la agredió sexualmente en múltiples ocasiones y en un momento dado le fracturó el brazo. En la carta de 220, Carvello pidió documentos relacionados con sus propias acusaciones personales.

“Nos tomamos muy en serio las acusaciones de mala conducta y aplicamos políticas que respetan y protegen a las personas que plantean sus preocupaciones”, dice un portavoz de WMG en un comunicado. “WMG tiene un código de conducta para los empleados diseñado para reforzar un entorno seguro e inclusivo, y seguimos escuchando y aprendiendo para encontrar formas de erradicar la discriminación y el acoso de nuestra industria. Las acusaciones detalladas en esta carta ya han sido tratadas públicamente, muchas de ellas se plantearon hace años o décadas”.

Carvello presentó su solicitud a través de un estatuto de la sección 220 de las leyes corporativas de Delaware, que exige que una empresa constituida en Delaware abra sus libros a un accionista solicitante si éste tiene un “propósito adecuado”, como indica el código. Un propósito adecuado, ambiguamente vago, se define en la ley de Delaware sólo como “razonablemente relacionado con el interés de dicha persona como accionista”. Según la carta, el propósito adecuado de Carvello para recibir los documentos es “averiguar si la dirección de la empresa está tomando todas las medidas necesarias para investigar las denuncias de conducta sexual inapropiada y garantizar un entorno de trabajo seguro para los empleados, los artistas y el público”.

Este tipo de solicitud no es habitual, pero Carvello no es la primera que la utiliza: En mayo, como informó Axios, el Sistema de Jubilación de la Ciudad de Nueva York, que posee acciones del gigante de los videojuegos Activision Blizzard, demandó a Activision para que le diera acceso a ciertos documentos después de presentar una queja de 220 en octubre pasado tras las acusaciones de acoso sexual y mala conducta en el lugar de trabajo que se presentaron el año pasado.

Carvello dijo que está preparada para presentar una demanda en Delaware si WMG no entrega sus registros, y aunque Sony Music y UMG (Universal Music Group) no están constituidas en el estado, ella tiene acciones en las otras dos grandes compañías musicales también y afirma que está explorando otras opciones legales para presentar solicitudes similares.

“Como accionista, me pregunto: ‘¿Cómo atraemos a los artistas, sobre todo a las mujeres, a una discográfica si no se sienten seguros?’”, señala . “Como sociedad, antes del #MeToo y de Harvey Weinstein, todo el mundo pensaba que esto era algo normal. Los hombres eran recompensados por este comportamiento, ¿por qué iban a pensar que esto era algo malo? No hemos tenido #MeToo en el negocio de la música. Si estamos haciendo las cosas bien, ¿por qué necesitas un acuerdo de confidencialidad?”.

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