“Las tradiciones de mi cultura yo las abrazo mucho, porque además de crecer con ellas, están en mi esencia”, me dijo hace un año Elena Rose, en entrevista, al hablar de su EP En las nubes – Con mis panas. Y es que, aunque el amor propio sea posiblemente uno de los ejes fundamentales en la propuesta artística y escénica de la venezolana, hay un punto aparte dentro del EP que conecta con otro eje esencial de su discurso: “Lo que hago es para enaltecer el nombre de mi país”.
Hace más de 20 años, una canción resonó en los llanos venezolanos, no solo por la voz que la interpretaba, sino por su mensaje de empoderamiento femenino, algo poco frecuente dentro de la cultura llanera. ‘En carne viva’, interpretada por Scarlett Linares, se convirtió en un himno que, a grito herido, cantan las mujeres de la región con la fortaleza que las caracteriza. Un mensaje que trascendió y que, dentro del EP de Elena Rose, va un poco más allá: “Honrar la cultura, el folclor, las mujeres que admiro y abrazar esos momentos que me inspiraron tanto y me llenaron de fortaleza cuando yo inclusive era una niña. Y ahora que probablemente muchas niñas venezolanas están lejos de su país, y tal vez no tienen tanta cercanía con sus raíces, con esta canción se pueden crear vínculos con su mamá, tía, abuela, prima y su patria”.
Y es ahí donde radica una de las grandes cualidades del folclor: nos identifica. Más allá de los números en plataformas de streaming y de los grandes exponentes de la música urbana llenando estadios, es el folclor el que tiene el poder de unir comunidades enteras, sin importar la edad o el nivel socioeconómico. Muy pocos abuelos quisieran ir a un concierto de Maluma, pero seguramente desde los niños hasta las personas de la tercera edad pueden cantar ‘Caballo viejo’, una de las canciones más reconocidas del folclor venezolano.
Sin ir muy lejos en el tiempo, en la entrega del Premio Nobel de Paz, Danny Ocean interpretó ‘Alma llanera’ y ‘Venezuela’, la primera canción intrínseca del folclor venezolano y considerada el segundo himno del país. Es justamente esa unión —ese abrazo que da el folclor— la principal razón por la cual el nacido en Caracas decidió incorporarla a su repertorio. Porque, más allá del sentido político —para bien o para mal— del premio, era el momento justo para enviar un mensaje de unión. Ocean eligió una canción que seguramente el 99 % de los presentes reconocía y que, pese a la distancia de muchos venezolanos con su patria, los hiciera sentir, al menos por unos minutos, un poco más cerca de casa.
Esa cercanía nostálgica con Venezuela viene gestándose desde hace algunos años. Nacho —uno de los grandes artistas urbanos del país, en el dueto Chino & Nacho— desde 2022 ha compartido una serie de álbumes y canciones en homenaje al folclor venezolano. Folklórico, Folklore y Esencia son tres discos que no solo rinden tributo a una de las músicas autóctonas que más representan a su país, sino que también demuestran talento y versatilidad, evidenciando que algunos —muy pocos— artistas urbanos sí cuentan con la capacidad de reinventarse y cantar desde distintos lenguajes musicales.
Décadas atrás, Simón Díaz no solo impulsó y dio a conocer los cantos del llano venezolano al mundo, sino que también salvó algunos del olvido, como la tonada, un canto cargado de esencia, utilizado por los campesinos durante el ordeño, el arreo, la pesca y las labores agrícolas. ‘Tonada de luna llena’ fue una de las más reconocidas dentro del repertorio del Tío Simón, interpretada por artistas como Natalia Lafourcade y Caetano Veloso. Hoy, ese canto que representa de manera sublime al folclor venezolano llega a la voz de Beto, cantante de una de las agrupaciones más prestigiosas del país: Rawayana.
¿Dónde es el after? es un disco que, dentro de la diversión y el concepto de la fiesta después de la fiesta, alcanza uno de sus puntos más creativos e innovadores en su penúltima canción. Mirar al pasado para traer sonidos e innovar en el presente es lo que propone ‘Tonada por ella’, una pieza lograda desde el minimalismo sonoro propio de las tonadas, con una voz suave pero diciente, que viaja desde el mítico Salto Ángel —símbolo de exuberante belleza natural en Venezuela y famoso por ser el destino del señor Fredricksen en Up: una aventura de altura— hasta el lago de Maracaibo, pasando por Mérida y otros territorios del país, rindiendo tributo y mencionando al Tío Simón.
Que una agrupación con gran proyección internacional y llegada a “las grandes ligas” de la industria musical se tome cuatro minutos para interpretar una canción raizal de su territorio demuestra que el folclor no entiende de números, industrias ni disqueras. El folclor es un canto autóctono que representa a un territorio y abraza, de manera nostálgica, el paso del tiempo y la distancia.
Otros artistas, como Nella, incorporan elementos de la raíz venezolana que, al fusionarse con sonidos contemporáneos y de otros países, construyen una identidad única. Lo mismo ocurre con la agrupación C4 Trío, que junto al intérprete Luis Enrique fue merecedora del primer Latin Grammy en la categoría de Mejor Canción de Raíces con ‘Aguacero’.
El tiempo pasa, las modas cambian, los sonidos se mezclan y surgen nuevas tendencias, pero el folclor sigue ahí. Sigue dispuesto a ser herramienta de innovación, sigue siendo una caricia al alma cuando se está lejos de casa, sigue levantando la voz para cobijar a un pueblo, sigue evocando con nostalgia el pasado y, sobre todo, sigue recordándonos eso tan esencial llamado identidad.


