Un lugar de alto turmequé

Tejo La Embajada: donde la cerveza artesanal se une con el deporte nacional de Colombia

Por  MARTÍN TORO

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CORTESÍA TEJO LA EMBAJADA

Hace más de 500 años, en el altiplano donde hoy quedan los departamentos de Boyacá y Cundinamarca, los indígenas muiscas que habitaban estos lares practicaban un peculiar juego llamado turmequé. La dinámica se fundamentaba en el lanzamiento de un disco forjado en oro, llamado “zepguagoscua”, con el fin de divertirse y venerar a sus dioses. Tras la llegada de los conquistadores, el juego fue evolucionando, y con el tiempo se convirtió en lo que conocemos hoy: un disco metálico (tejo) es lanzado hacia una cancha con arcilla que en el centro tiene un aro metálico, llamado bocín, al que se le ponen mechas de pólvora que deben ser detonadas con el impacto del tejo. 

Durante muchos años, las élites vieron este juego como una actividad realizada por los sectores más populares y “menos sofisticados” de la sociedad. Poco a poco esta reputación que tenía el turmequé, ahora llamado tejo, fue alejándolo de las generaciones pasadas y creó un bache cultural. No fue sino hasta el año 2000 que esta actividad ancestral se convirtió por ley en el deporte nacional de Colombia y fue declarado como patrimonio cultural e inmaterial para el país. Esto le dio al tejo ese empujón de popularidad que necesitaba para volver a crear interés en la gran mayoría de los colombianos. 

Como parte de ese sueño por rescatar y preservar el patrimonio cultural colombiano, Daniel Lozano y sus socios, Juliana Acero, Andrew Cárdenas, Simón Aguía y Sebastián Otero, crearon un espacio donde conviven sus dos más grandes pasiones: la cerveza artesanal y el tejo. “Si ustedes le cuentan a un extranjero que su deporte nacional involucra lanzar objetos de metal con pólvora, y usualmente se juega con cerveza y buena música, creo que no hay nada que perder”, comenta entre risas Lozano.

Tejo La Embajada, ubicado en el distrito artísitico de Bogotá en el Barrio San Felipe, es un espacio que toma el concepto de taberna colombiana y lo lleva a una estética moderna y versátil. El lugar cuenta con siete líneas de tejo en las que grupos de hasta ocho personas pueden compartir y competir por el “chico”, que gana la persona que llegue primero a los 27 puntos. Estas líneas vienen separadas por rejas que se abren cuando el reloj marca las 11 de la noche durante los viernes y sábados, convirtiendo a Tejo La Embajada en un lugar de fiesta para todos los gustos.

La selección musical del lugar varía desde géneros populares como la salsa y rancheras hasta una curada playlist de géneros electrónicos y urbanos. “Tejo La Embajada son dos momentos, la parte de entretenimiento cultural, donde está el deporte nacional y todo lo demás, y Tejo La Embajada como sitio de fiesta. Tenemos un DJ residente y 300 metros cuadrados para bailar”, comenta Lozano.

A través de pólvora, cervezas y muchas risas, Tejo La Embajada propone una nueva forma de disfrutar del deporte nacional.

La cervecería Non Grata se encarga de suministrar la cerveza artesanal que vende el lugar, además de darle espacio en sus neveras a otras cervecerías independientes del país. Para maridar estas bebidas, Tejo La Embajada ofrece una carta criolla con un giro moderno, donde platos como las croquetas de morcilla, la lechona, los sánduches y las picadas son los protagonistas.

Este tejo no convencional es el sitio ideal para visitar con un grupo de amigos o familia, o incluso llevar a su pareja a la famosa ‘Zona de cortejo’ en el segundo piso, donde las luces de neón y las mesas de bolirrana electrónica harán que sea la cita más explosiva.