“A medida que uno se pone más jovato, se va poniendo más impaciente, porque el momento de entregar el sachet está cada vez más cerca”. En diciembre de 2007 Carlos Solari estaba por editar su segundo álbum solista, Porco Rex, bajo el nombre Indio y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y confesaba que “este disco está dedicado a un par de amigos que ya entregaron el paquete y uno entra a ver que, bueno… De aquí en más, lo que me espera, de movida no quiero saberlo. Porque si encima se trata de un cortometraje, no es que sea una gran producción, si me van a contar el final, ya estoy cagado. Prefiero que me vaya sorprendiendo el tiempo que hay. Es más, no sé cuánto tiempo más vaya a estar produciendo cosas, independientemente de que siga trabajando por mi cuenta, aquí en mi estudio… Momentáneamente lo que tengo es un disco que todavía no salió y del cual ya estoy hablando”.
El Indio Solari no hablaba mucho públicamente. Prendía el loro, como él decía, apenas cuando necesitaba promocionar algo, un disco o un show generalmente. Pero desde sus primeras entrevistas en la década del 80, dejó en claro que “la promoción” era una excusa y que lo sustancial de sus extensas charlas (podían ser noches y trasnoches de más de cuatro horas) estaba en su visión psiconauta acerca de los temas que más le interesaba reflexionar: la cultura rock, la psicodelia, el amor y la muerte.
Como en la obra de cualquier poeta o artista popular, precisamente la muerte ha sido un tema transitado una y otra vez por Solari, pero en las últimas décadas, especialmente luego de anunciar públicamente su enfermedad, la idea de partir de este plano lo llevó no solo a escribir sobre ello en sus canciones (desde aquel “Todavía no usé mi milagro de hoy. ¡Qué corta es la vida, mi amor!… Algún día, pronto, una de mis vidas va a intentar matarme y lo va a lograr. ¿Cómo será andar solito allá en la muerte?”, de “Y mientras tanto el sol se muere” de 2007, al “empiezo por el final, terminaré en el principio… Solo me falta saber, la fecha y el lugar, y allí iré cantando” de “Encuentro con un ángel amateur”, de 2021), sino a reflexionar filosóficamente acerca del tema en buena parte de las entrevistas que ofreció.
“A medida que uno se pone grande aparece la cosa de sumergirse en la nada. Es lo que incentiva las religiones: el miedo a la muerte, a la disolución completa. La gente prefiere tener un Dios toda la vida y resignar su libertad en nombre de un Cielo futuro. Y a mí me gusta que la vida me sorprenda. La vanidad dice que me gustaría ser recordado, pero hay una parte mía que cree que hay mucha más dignidad en el olvido”, dice casi al final de Recuerdos que mienten un poco, las memorias escritas en conversaciones con Marcelo Figueras (2019). Y cierra el libro: “A la hora de irme, me gustaría hacerlo a la manera de Leonard Cohen: levantándome en mitad de una partida de póquer sin llamar la atención, dejando las cartas sobre la mesa, sin interrumpir el juego y con la confianza de que mis compañeros no draán vuelta los naipes para adivinar qué me traía entre manos. Me gusta por lo austera, esa idea: irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores, que merecen seguir adelante. ¡Con lo que cuesta armar un full…! Hoy más que nunca suscribo eso que decía hace más de treinta años, en uno de los recortes de prensa que encontramos en las cajas: sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo”.
Unos meses después de contarle a su público desde arriba del escenario en Tandil que padecía Parkinson, en abril de 2016, Solari habló con Rolling Stone y, sobre el final de la entrevista, los periodistas le preguntaron:
¿Qué creés que pasa cuando uno se muere?
Creo que cuando uno se muere devuelve el carbón, devuelve el azufre, devuelve esas cosas. Pero la personalidad, esa unidad que sos vos, no va a estar más. Y a mí lo que me importaría de la eternidad sería ser yo. Si no me prometés que la próxima vida se va a parecer un poco a ésta, me retiro. Bastante nos cuesta pensarnos a nosotros mismos, imaginate decir: “Bueno, a ver, cómo será…” ¡Puede ser de cualquier manera! Qué sé yo… Entonces me pasa eso con la vida. La tomo relativamente en serio, relativamente en broma.
Son entretenidos los libros sagrados, son muy bellos, pero tampoco podés creer que Dios se le manifiesta siempre a un viejo en una montaña. Por qué no abre las nubes y apuntando con el dedo, dice: “Existo, pórtense bien porque les voy a prender fuego el ojete en el infierno”. Y a partir de ahí yo también digo: “Señor, lo que usted diga”. Qué sé yo, no sé. Uno es más lo que ignora que lo que sabe.
En el Facebook, y en toda tu etapa solista, han aparecido otros personajes: El Fisgón Ciego, Monsieur Sandoz… ¿Esos seudónimos que usás son otra forma de expresarte?
Claro. El Indio Solari es otra cosa: te escribe por mail, no por ahí. Después se darán cuenta, con el tiempo, o mataré a esos personajes.
Pero, ¿el Indio Solari también muere?
El Indio Solari es como la muerte. El Indio Solari se va a morir cuando muramos todos [risas]. Y como yo creo en este momento, cuando yo muero, mueren todos ustedes, desgraciadamente.


