Este 4 de febrero de 2026, la redacción del periódico estadounidense The Washington Post recibió el correo que confirmaba meses de rumores: alrededor de un tercio de su personal, cerca de 300 empleados, sería despedido.
La decisión partió del propietario del diario, Jeff Bezos, quien ordenó un ajuste para “frenar la caída de suscriptores y las pérdidas acumuladas” que el medio había presuntamente acumulado. Según cifras reportadas en los últimos meses, el Post habría perdido decenas de millones de dólares anuales, en un contexto de desaceleración del crecimiento digital tras el auge informativo de los años de la primera presidencia de Donald Trump.
El ajuste profundiza una reducción iniciada durante la pandemia. La redacción que alguna vez superó el millar de periodistas se acerca ahora a casi la mitad de lo que era antes de 2020.
Los despidos impactarán todas las áreas. La cobertura local del área metropolitana de Washington D. C., que ya había sido reducida progresivamente, quedará aún más limitada; el histórico suplemento de reseñas literarias desaparecerá y el equipo deportivo será reestructurado.

Asimismo, la red de corresponsales internacionales se reducirá de más de veinte oficinas a poco más de una docena. Entre los afectados está la jefa de la oficina en Ucrania, Siobhán O’Grady, quien anunció en redes sociales su salida tras cubrir desde Kiev la invasión rusa para el Post.
Matt Murray, editor ejecutivo del Washington Post, comunicó en una llamada con la redacción que la empresa arrastraba pérdidas desde hacía tiempo y no estaba cumpliendo con las expectativas de sus lectores. Describió la medida como un “reinicio estratégico” y señaló que el medio concentrará recursos en política, asuntos nacionales, seguridad, negocios y salud, reduciendo su presencia en cultura, deportes y cobertura internacional amplia.
Así, la crisis financiera se mezcla con tensiones editoriales. Durante la última campaña presidencial, Bezos bloqueó un editorial de apoyo a Kamala Harris, decisión que provocó la cancelación de más de 250.000 suscripciones y la salida de periodistas veteranos. El gesto fue interpretado por parte de la redacción como una intervención directa del propietario en la línea editorial.

Fundado en 1877 y convertido en referente global tras destapar el escándalo Watergate (que llevó a la dimisión de Richard Nixon), el Post enfrenta ahora protestas frente a su sede y cuestionamientos sobre su rumbo.
El contraste es muy notorio. Cuando Bezos compró el diario en 2013 prometió “pista financiera” para evitar que el medio se encogiera hasta la irrelevancia. Más de una década después, la pregunta que recorre la redacción es si estos recortes responden a una crisis estructural del negocio de las noticias o si representan un giro que compromete la identidad de una de las instituciones periodísticas más influyentes de Estados Unidos.


