julio 15, 2022

Sin escape

La versión 2.0 de 60 minutos para morir, mezcla de manera efectiva tres subgéneros del terror: Las películas sobre los Escape Rooms, el Torture Porn y las cintas sobre los peligros de la internet

Will Wernick 

/ Keegan Allen, Holland Roden, Denzel Whitaker Tres estrellas

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía Cine Colombia

En el 2007, el japonés Takao Kato creó un juego de estrategia conocido como Escape room o sala de escape, el cual consiste en encerrar a un grupo de jugadores en una habitación, donde se deberán solucionar enigmas y misterios de todo tipo, para ir desentrañando una historia y conseguir escapar antes de que finalice el tiempo asignado (generalmente una hora). Cada juego está ambientado en un escenario diferente: bélico, apocalíptico, fantástico y detectivesco, entre muchos otros.

El juego se hizo muy popular y eso condujo, obviamente, a su adaptación al cine en clave de terror. La variable cinematográfica consiste en que, si los miembros del grupo no logran descifrar los acertijos, perderán la vida.  Hasta la fecha, existen cinco películas basadas en el juego de Kato. La primera y la segunda fueron los terribles 60 minutos para morir y La maldición de la caja calavera (ambas del 2017 y llamadas Escape Room en inglés).  La tercera y la cuarta pertenecen a una franquicia de los estudios Sony conocida en español como Sin salida (en inglés también se le conoce como Escape Room), dos trabajos emocionantes y divertidos, que le hacen justicia al juego.

La quinta película basada en las salas de escape (ya se puede pensar en un subgénero del terror), se conoce en inglés como No Escape y Follow Me. Los conocedores del cine clase B, saben muy bien que no es una buena señal cuando una película tiene dos títulos originales. Pero aquí no hay necesidad de preocuparse, ya que Sin escape (como se le conoce en español), no es un trabajo deplorable como lo fueron 60 minutos para morir y La maldición de la caja calavera. Aunque sí hay que decir que llega a ser un producto inferior a las películas de Sony, las cuales siguen siendo las mejores adaptaciones del juego de estrategia (se está a la espera de una tercera parte).

El atractivo de la película de Will Wernick (el mismo director de 60 minutos para morir), consiste en que fusiona tres subgéneros en uno: El Torture porn (término que se refiere a las películas sobre jóvenes sometidos a terribles torturas, como es el caso de las franquicias de Hostel y Saw), las películas sobre internet (en el que un grupo de jóvenes, a menudo youtubers e influencers, se encuentran con terribles amenazas) y el Escape Room. La mezcla termina siendo efectiva y hace que la actualización de Wernick valga la pena.

Aquí, nuestro protagonista es Cole Turner (Keegan Allen), una supuesta celebridad de la internet en busca de un nuevo tema para celebrar con bombos y platillos el décimo aniversario de su canal llamado “Escape de la vida real”. Al parecer, Dash (George Janko) uno de sus amigos y colaboradores, ha encontrado la solución. Alexei (Ronen Rubinstein) un joven millonario, los ha invitado a Rusia para que participen en la más emocionante sala de escape del mundo. Es así que Cole viaja a Rusia en compañía de su grupo, el cual está conformado por su novia Erin (Holland Roden), Dash, su novia Sam (Siya) y Thomas (Denzel Whitaker).  Sobra decir que este juego termina convirtiéndose en algo serio y cada uno de los cinco va a ver su vida amenazada.

Sin escape llega a emocionar y no recurre a altas dosis de tripas y sangre para mantenernos atentos. Y su final, el cual le debe mucho a El juego, la recordada cinta de David Fincher protagonizada por Michael Douglas y Sean Penn, nos muestra los peligros de las bromas pesadas.