Scream

El “meta-slasher” creado por Wes Craven regresa con una quinta entrega que logra divertir y asustar a borbotones

Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett

Melissa Barrera, Neve Campbell, Courtney Cox, David Arquette, Jack Quaid, Dylan Minnette

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de UIP

En 1996, Wes Craven, el fallecido genio del cine de terror y autor de cintas memorables como La última casa a la izquierda y Las colinas tienen ojos, decidió resucitar el género slasher, del cual hizo parte en los años ochenta con Pesadilla sin fin. Su colaboración con el guionista Kevin Williamson (creador de la serie Dawson’s Creek), mezclaba asesinatos y humor por partes iguales. Su título original era Scary Movie, pero terminó convirtiéndose en Scream. 

Scream obedece a la estructura narrativa de los slasher: un hombre enmascarado (Ghostface) mata con sevicia a un grupo de adolescentes odiosos y una chica (la “final girl) sobrevive al final para enfrentarse al asesino. Lo original de la cinta de Wes Craven tiene que ver con que sus adolescentes son jóvenes que han visto muchos slashers y son conscientes de los lugares comunes de este tipo de películas (no te vayas solo al desván, no tengas sexo de manera irresponsable, no consumas sustancias psicoactivas, no te bañes, no digas que ya regresas y no te separes del grupo, porque de lo contrario, Ghostface te asesinará).

Scream es una cinta cargada de intertexto (bien puede pensarse como una hija bastarda del cine de Tarantino), que hace referencias explícitas a los clásicos del género como Halloween, Friday The 13th o Pesadilla sin fin, y que hace guiños implícitos como el de matar rápidamente al personaje interpretado por Drew Barrymore, del mismo modo como Hitchcock asesinó al personaje encarnado por Janet Leigh en su Psicosis.   

El éxito de Scream llevó a la realización de tres secuelas (todas dirigidas por Craven) y tres temporadas de una serie antológica muy irregular. En las películas para cine, se habla de una cinta ficticia llamada Stab, la cual es, supuestamente, la adaptación de los hechos ocurridos al interior de Scream (en la secuela, Heather Graham interpretó a la actriz encargada de interpretar en Stab a Sidney, la final girl de Scream).  

El metacine de Scream fue mucho más allá de la pantalla, ya que, en 1998, Mario Padilla de 16 años de edad y su primo Samuel Ramírez de 14, asesinaron a la madre de Mario, apuñalándola 45 veces, supuestamente inspirados en Scream

Ahora llega a las salas de cine, 25 años después del estreno de la cinta original, una quinta entrega de Scream, la cual puede pensarse como una “recuela”. Este neologismo, usado por uno de los personajes de la cinta, plantea que la tendencia del cine actual consiste en evitar los reboots (los fanáticos están cansados que sus franquicias favoritas se reinicien una y otra vez),  para realizar una “secuela” que contenga algunas conexiones con las películas anteriores de una saga, pero que incluya a nuevos personajes, para actualizarla y darle así un nuevo respiro (en Scream se citan como ejemplos de “recuelas” a Los cazafantasmas, La guerra de las galaxias y, por supuesto, a Halloween).      

Esta “recuela”, dirigida por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (los artífices de Noche de bodas, una divertida pero irregular película de terror intertextual),  presenta a un nuevo grupo de adolescentes, que sigue la tradición iniciada por Neve Campbell (Party of Five) y Courtney Cox (Friends), ya que son extraídos de series de televisión, como es el caso de Melissa Barrera (Club de cuervos), Dylan Minnette (13 Reasons Why), Jenna Ortega (Stuck in the Middle), Jack Quaid (The Boys), Jasmin Savoy Brown (Yellowjackets), Mikey Madison (Better Things), Kyle Gallner (Interrogation) y Mason Gooding (Love, Victor). Estos jóvenes van a interactuar con los sobrevivientes del elenco original (que incluyen, junto a Campbell y a Cox, a David Arquette, Marley Shelton y a Heather Matarazzo), con la intención de apelar a la nostalgia y, al mismo tiempo, actualizar la saga.  

Como las “recuelas” casi son un remake de las cintas originales, esta Scream (que evita el número 5 en su título), inicia con una misteriosa llamada telefónica que recibe Tara (Ortega), en la que Ghostface amenaza a su víctima, a la vez que le hace preguntas sobre cine de terror (del mismo modo en que fue acosada Casey, el personaje de Drew Barrymore en la primera parte). Curiosamente, Tara confiesa odiar a los slashers, ya que prefiere un terror más elevado como el de Babadook, It Follows, The Witch y Hereditary (es imposible no sentir empatía por la precoz Tara). 

Vamos a conocer a Sam (Barrera), la hermana de Tara e hija de uno de los personajes originales de Scream; a Wes (Minnette), el hijo de la oficial de policía Judy (Shelton); a los hermanos gemelos Mindy (Savoy Brown) y Chad (Gooding), quienes nos hacen recordar que las personas que se esconden tras la máscara de Ghostface siempre son dos; a la protectora Amber (Madison) y a Richie (Quaid), el simpático novio de Sam. Algunos serán las víctimas, otros serán los asesinos. Pero ellos no son los únicos que ven su vida en peligro, ya que Ghostface también busca asesinar a Sidney (Campbell), a la reportera Gale (Cox) y al expolicía Dewey (Arquette). 

La “recuela” de Scream es tan absurda o más que sus predecesoras (está llena de situaciones disparatadas y truculentas) y por momentos nos recuerda a Scooby-Doo. Pero lo que se logra aquí es llegar a asustar (aceptémoslo, las cintas de Scream no son realmente muy aterradoras que digamos), con la ayuda de un buen trabajo de fotografía y aumentando los niveles de brutalidad y violencia (esta es, definitivamente, la película más sangrienta de la saga).      

La “nueva” Scream no es una gran película y mucho menos puede considerarse como un clásico del cine de terror. Pero el esfuerzo de sus directores por adentrarse a la retorcida mente de Wes Craven (el director falleció en el 2015) es admirable, y nos hace olvidar el desastre que terminaron siendo las “recuelas” de Halloween.