Sam Raimi habla de su regreso al Universo Marvel: “Fue todo muy caótico, maravilloso y creativo”

El director que llevó las películas de superhéroes a la primera plana de la cultura pop volvió con ‘Doctor Strange en el multiverso de la locura’

Por  BRIAN HIATT

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Sam Raimi habla de su vuelta al Universo Marvel

Ilustración de PH Loughran

Sam Raimi está en un desquiciante y frenético modo multitasking. Así son las últimas semanas en la realización de su primera película de superhéroes desde la década de 2000 (la era moderna del género, en cuya creación tomó parte con su trilogía de Spider-Man). Desde su casa en Los Ángeles, el director de Doctor Strange en el multiverso de la locura debe estar en tres lugares a la vez: mientras en una pestaña de su computadora vigila al compositor Danny Elfman (que pule la partitura con la orquesta en los estudios Abbey Road de Londres), en otra escucha a los actores grabando los diálogos y también supervisa la mezcla de sonido de la película. Todo encaja en un simultaneísmo general en la producción: el guionista Michael Waldron (que le dio un inteligente toque cómico a Loki, la serie de Disney+) estaba terminando el guion cuando Raimi ya estaba rodando la película.

Raimi se hizo cargo del proyecto después de que Scott Derrickson, que dirigió la primera Doctor Strange en 2016, abandonara la secuela alegando “diferencias creativas”. Con un guion que necesitaba edición y un plazo de rodaje muy apretado, Raimi ya estaba atrasado antes incluso de su primer día como director. Pero parece disfrutar de esta forma caótica de la creación cinematográfica. Después de todo, Raimi filmó el clásico gonzo del terror indie The Evil Dead a los 20 años y con apenas 350.000 dólares, inventando técnicas de cámara e innovaciones radicales en el maquillaje casero. 

El multiverso de la locura es esencialmente una secuela directa de tres dominios del universo Marvel: la Doctor Strange original, la película del año pasado Spider-Man: Sin camino a casa y la serie de televisión de Disney+ WandaVision, con Elizabeth Olsen como Wanda Maximoff. “Es una película realmente compleja”, dice Raimi, que debió hacer retomas a principios de este año para aclarar la historia. “Es probablemente la película más compleja en la que he participado. No solo se trata de lidiar con un personaje, o con cinco, sino también con las versiones multiversales de esos personajes. Y cada uno tiene su historia”.

En una época en la que decirle “visionario” a un director de cine se ha convertido en un cliché de marketing, Raimi es auténtico hasta la médula. Su cámara es una presencia viva en sus films. Los puntos álgidos de su carrera van desde una obra maestra del terror absurdo, Evil Dead 2 (1987), y la versión fílmica del cómic Darkman (1990) hasta el magistral drama noir Un plan simple (1998). Y, por supuesto, las mencionadas películas de Spider-Man, que le allanaron el camino a la predominancia que Marvel tiene actualmente en las salas de cine. Raimi no filmaba desde 2013, pero a los 62 años está listo para un capítulo completamente nuevo en su vida cinematográfica (y como revela, tal vez incluso para otra Spider-Man). “Espero encontrar mi próximo proyecto rápido”, dice. “Siento que esta película me ha revigorizado”.

¿Cómo te sentís en este punto del proceso?

Muy bien. Cuando empezamos, teníamos un plazo para filmar con un guion con el que yo no tenía nada que ver. Entonces, con [el guionista] Michael Waldron, [el productor] Richie Palmer y el equipo de Marvel tuvimos que meter mano y empezar todo de nuevo. Había mucho apuro, incluso pánico… mucha inquietud. Pero seguimos trabajando. Y para nosotros, los retrasos que trajo el Covid fueron una bendición porque nos dieron más tiempo para trabajar en el guion. Finalmente llegamos al punto en el que teníamos que empezar a filmar, a pesar de que todavía estábamos trabajando en el guion, y salió todo bien. Ahora me siento más aliviado.

Se suponía que WandaVision iba a venir después de esta película, que cambia la continuidad. ¿Cómo funcionan esos cambios?

No estoy muy seguro de cuál era el calendario, dónde queda WandaVision ni cómo cambió todo. Solo sé que a mitad de camino de nuestro proceso de escritura escuché por primera vez de esa serie que estaban haciendo y que tendríamos que seguir. Por lo tanto, tuvimos que ponernos a estudiar lo que WandaVision estaba haciendo con la continuidad, para tener una dinámica adecuada en el desarrollo de los personajes. Ni siquiera miré todos los episodios de WandaVision, solo algunos momentos clave de los episodios que me dijeron que tenían un impacto directo en nuestra historia.

Raimi (derecha) en el set de Spider-Man 2 con el ex director general de Marvel Studios, Avi Arad (izquierda), y Tobey Maguire en 2004. Foto: Columbia Pictures/Courtesy Everett Collection

Siempre hay un plan más grande en el Universo Marvel. ¿Qué grado de libertad creativa tuviste en esta ocasión?

Bueno, permitime aclararlo aunque suene un poco contradictorio: Marvel me garantizó la mayor libertad creativa. Pero a la vez tenía que seguir el orden de tantas cosas que, aunque tenía total libertad, las películas anteriores y la cuestión de hacia dónde quiere ir Marvel en el futuro me marcaban el camino de una manera increíblemente específica. Dentro de esos parámetros tengo libertad, pero tengo que contar la historia de los personajes de una manera que se vincule con el resto de los productos Marvel que aparecen más o menos al mismo tiempo. Tuvimos que asegurarnos, por ejemplo, de que Doctor Strange no supiera más del multiverso que lo que había aprendido en Sin camino a casa. Pero también teníamos que asegurarnos de que no supiera menos, que no ignorara cosas que había averiguado ahí. Así que todo se hacía en base a lo que había pasado antes.

Spider-Man: Sin camino a casa originalmente venía después de esta película, ¿verdad?

Sí, todo fue sobre la marcha. “Ahora viene esto, después aquello”. Fue como hacer malabares. Fue divertido. Supongo que debe ser así para los directores y guionistas de estas grandes franquicias, que ya tienen una larga historia. Fue todo muy caótico, maravilloso y creativo. No quiero decir que fue un “despelote” porque sería injusto, pero digamos que fue una cascada de ideas. Teníamos que tejer la trama del multiverso con lo mejor que teníamos a mano. Fue muy emocionante, la verdad.

¿No te parece que el público perdió sensibilidad hacia este tipo de narración fantástica, y que por eso siempre hay que seguir subiendo la apuesta?

Creo que fue así desde el principio, para cada director en cada década de la historia del cine. Cuando salió King Kong [en 1933], un montón de cineastas deben haber tenido ataques cardíacos. O sea, yo veía una película como E.T. cuando se estrenó y pensaba: “Dios mío, ¿qué estoy haciendo en este negocio? Nunca voy a hacer una película tan brillante”. Pero los directores de cine vivimos de la inspiración. Por aterrador que sea ver algo que nunca se hizo, también te hace pensar que fue posible hacerlo, justamente. Y creo que siempre tenemos nuevas tecnologías, nuevas ideas. Siempre hay formas de que la cosa avance.

Y a la vez, desde la primera toma de Evil Dead, se reconoce algo único en tu mirada. Nadie maneja la cámara de esa forma. ¿De dónde vendrá eso?

Viene de las limitaciones y de intentar resolverlas. Lo que pasó con Evil Dead es que no podíamos construir el monstruo, así que tuvimos que usar su punto de vista. Y tratamos de ponerle tanta extrañeza a ese punto de vista como fuera posible, porque el espectador iba a usar lo que pusiéramos a su disposición para construir al monstruo en su propia cabeza. Así que usamos una lente grande y ancha para que se distorsionara en los bordes del encuadre. La pusimos en un palo que podíamos subir y bajar por encima de los objetos, como si estuviera volando. Otras veces la agarraba con la mano y la movía hacia arriba y abajo corriendo, tratando de hacer un movimiento lo más fluido y espeluznante posible. Supongo que aprendimos la lección más importante del cine, que es que el público siempre puede crear algo en su mente mucho mejor que lo que podamos mostrarle. Solo tenemos que darle las herramientas adecuadas.

Dijiste por ahí que estabas preocupado al encarar la realización de esta película por tu experiencia en Spider-Man 3 y algunas reacciones negativas

Sí, porque estos personajes son tan queridos por el público, y hay que avanzar en puntitas de pie. Yo tengo un sentido del absurdo que tal vez la gente no quiere ver aplicado a sus superhéroes favoritos. Hay que tener extremada cautela cuando se trabaja con personajes icónicos. Así que por un tiempo pensé que tal vez mejor no meterme con estos personajes tan queridos. No quiero serle infiel a nadie, ni a ellos ni a mí. Pero entonces recibí una llamada de mi agente, que me dijo: “Necesitan director en Doctor Strange 2, ¿te interesa?”. Y ahí le dije: “A la mierda. Sí. De una”. Es que me encanta Doctor Strange. La primera película había sido genial, muy original. Estaba intrigado con Benedict Cumberbatch, y pensé: “Esperá, ¿Kevin Feige no es el nuevo presidente de Marvel?”. Así que era trabajar para un jefe que respetaba. Todas esas cosas estuvieron en la balanza.

Kevin Feige había trabajado en tus Spider-Man. ¿Qué recordás de él en aquel entonces?

Era un joven muy trabajador, trabajaba estrechamente con Avi [Arad], el CEO de Marvel. Kevin siempre estaba trabajando detrás de escena y en el set. Gracias a Dios fui amable con el chico durante todo ese tiempo.

¿Esta Doctor Strange la ves como una especie de redención después de Spider-Man 3? (Que además es una película con un lado muy lindo, aunque dijiste cosas terribles sobre ella)

Lo sé. Fue una experiencia muy dolorosa. Quise hacer otra Spider-Man para redimir esa película. Iba a ser [la abortada] Spider-Man 4. Quería irme con una nota alta. No con una película que estaba “más o menos bien”. Pero no me pareció que con ese guion y esos tiempos pudiera hacer gran cosa.

Entonces, ¿qué significa esta película para vos?

Esta se trata de haber disfrutado bastante de las películas de Marvel a lo largo de mi vida, y pensar ahora: “¿Estoy en forma todavía como para mandarme con esto?” Y es como que digo: “¿Sabés que sí?. Porque lo llevo adentro. Déjenme que les muestre cómo hacer una película de superhéroes”. [Risas] Lo digo en chiste, aunque no tanto. No sabés lo difícil que fue. 

Sam Raimi dirigiendo a Benedict Cumberbatch en Doctor Strange en el multiverso de la locura en 2021. Foto: Matt Kennedy/Marvel Studios 2022

¿Qué es lo que más lamentás de esa Spider-Man que nunca hiciste?

El gran cameo que teníamos diseñado para Bruce Campbell.

Se rumoreaba que iba a interpretar a Mysterio.

Era una posibilidad. Yo tenía otras cosas en mente, también, pero Mysterio estaba sobre la mesa, claro. Y Kraven el Cazador. Íbamos a trabajar con ese personaje. Siempre quise ver a Kraven luchando contra Spider-Man en una peli. Me imaginaba que sería algo único. Él es el cazador definitivo y Spider-Man un mago del engaño. Quería ver cómo Peter seguía adelante su camino como persona.

En toda la escala desde lo más querido a lo que más odiaste, ¿qué lecciones habías sacado de la trilogía de Spider-Man al momento de meterte en El multiverso de la locura?

Buena pregunta. Supongo que la lección sería: hacé solamente aquello en lo que creés de verdad. Si hubiera hecho eso un poco más al final, entonces [Spider-Man 3] habría sido un poco mejor.

¿Se puede hacer eso en el contexto de Hollywood? ¿Es posible?

Sí, pero a veces es muy difícil. Cuando Spider-Man 3 estaba en preproducción, creo que en Sony pensaron: momento, este es nuestro activo ahora. Esta es nuestra máquina de hacer plata. No puede ir sin supervisión. Tenemos que controlar cómo queda.

El Spider-Man de Tobey Maguire está de regreso en el multiverso gracias a Sin camino a casa. ¿Dejás abierta la posibilidad de hacer otra de Spider-Man?

Si hubiera una gran historia, podría ser. O sea, mi amor por los personajes sigue intacto. Pero los obstáculos serían los mismos que entonces: ¿querrá Tobey? ¿Hay algo emocional en juego para él? ¿Hay un gran conflicto para este personaje? ¿Y hay un villano digno?

Parte de lo que hace que tus películas de Spider-Man funcionen es que realmente eran la historia de Peter Parker, y también la simplicidad y dulzura de la historia de amor, que no era necesariamente lo que la gente esperaba

Es algo que siempre me resultó muy atractivo de los cómics de Spider-Man de Stan Lee: que Peter Parker tuviera una gran historia de amor. De hecho, había dos mujeres en las que estuvo interesado a lo largo de la serie. Recuerdo que cuando era chico pensaba: me tengo que comprar el próximo número de Spider-Man porque me gusta mucho el romance. No se lo decía a los otros chicos en la escuela porque me daba vergüenza.

No todos saben que vos y Stan Lee trataron de hacer una película de Thor a principios de los 90. ¿Cómo fue todo eso?

Fue genial. Trabajamos en una propuesta basada en sus historias de Thor y la presentamos en diferentes estudios… No podía creer que no tuvieran en cuenta [a Lee] entonces. Esto fue probablemente en 1991 o por ahí. Lo trataban como a un guionista del montón. Le decían: “Ah, vos, el que escribe historietas, ¿no? Mirá vos”. Recuerdo haber ido a ocho estudios, de los que recibí ocho rechazos. Y pensaba: ¿cómo pueden decir que no?

Alrededor de esa época dijiste que te preocupaba que te asociaran demasiado con el cine de género, y después hiciste varias películas, como Un plan simple, mucho menos de género. ¿Pensaste que estabas dejando atrás para siempre el tipo de películas del principio de tu carrera?

A ver, si dije que pensaba que un cierto tipo de cine de género me estaba atrapando, no quise decir eso. Siempre me pareció que el cine de género era un lugar al que podría volver a trabajar si las cosas salían mal. Pero recuerdo que después del estreno de El ejército de las tinieblas, un periodista me dijo: “Es tu última película, ¿no? Porque ya te estás repitiendo mucho”. Y pensé: “Guau, maldición”. No quiero repetirme. Quiero intentar cosas nuevas. Traté de diversificarme, hacer cosas que no había hecho antes, como un western [Rápida y mortal, de 1995] o un thriller.

Parecía que estabas probando una serie de técnicas diferentes.

Fue exactamente así. Pensé: “No voy a depender siempre de la cámara para que parezca alucinante. Lo que quiero lograr es que el público invierta sus emociones en estos personajes, aprender cómo contar una historia no solo a través de la lente, sino también a través de las personas. Y aprendí mucho de eso trabajando con grandes actores: Billy Bob Thornton, Bill Paxton, Bridget Fonda, Cate Blanchett, Kevin Costner, Gene Hackman. Para cuando me presenté al puesto de director para la primera Spider-Man, ya tenía 10 años de experiencia trabajando así. Y gracias a Dios, porque estas películas, y hablo de Spider-Man y de Doctor Strange en el multiverso de la locura, destruyeron todo lo que sabía sobre cine, desde la dirección de actores hasta los efectos visuales.

¿Cuál fue la parte más difícil de hacer de esta nueva película?

Los plazos de entrega, no tener la historia o el guion. No saber cuál era el final cuando estábamos a mitad de camino. Michael trataba de estar al menos un par de días adelante, pero literalmente mandaba a imprimir las páginas en su computadora y nosotros íbamos y las filmábamos. 

Antes de hacer una película basada en cómics, ¿hasta qué punto los cómics eran importantes en tu forma de filmar?

Siempre fueron una tremenda influencia para mí, especialmente los grandes artistas de Marvel o DC. De chico leía cómics constantemente. Y cuando llegó el momento de diseñar tomas para cine, naturalmente fui al único sistema de storyboard que conocía, que eran los cómics.

Sufriste una pérdida terrible en tu familia cuando eras joven. ¿Cómo te afectó la muerte de tu hermano mayor?

Era mi hermano Sander, y fue una gran inspiración para mí. Fue el que primero me mostró los cómics de Spider-Man. Y era mago, trabajaba en fiestas infantiles. Aprendí mucho de él, en términos de querer crear. Así que tuvo una tremenda influencia. Falleció cuando apenas tenía 16 años. Yo tenía 10. Así que no llegué a conocerlo tan en profundidad como me hubiera gustado. Siento que en su ausencia me fui más para el lado de la magia como una manera de darles a mis padres lo que habían perdido con su muerte. Y ese amor por la magia terminó siendo muy similar al amor por el cine. Pasé de la magia directamente al cine, que es otra forma de manipular el tiempo y el espacio y entretener a los espectadores y engañarlos y desconcertarlos y volarles la cabeza.

También eras muy hábil como ilusionista en escena, ¿verdad?

Actuaba en las ferias del condado, ni siquiera digo en ferias estatales, solo ferias del condado. Y en cumpleaños y fiestas infantiles, una situación en la que tu público son 20 o 25 monstruos… Hacía un típico repertorio de mago, inflaba globos con forma de animales, quería hacerlo rápido porque cuando llegabas al último globo siempre a alguno se le pinchaba y le tenías que inflar otro… Así que corrés el riesgo de terminar inflando globos de animales durante dos horas si no lo hacés rápido y de forma eficiente antes de guardar tus cosas e irte.

¿Hay alguna metáfora en esto último de casualidad?

[Risas] No sé. Tendrás que encontrarla.